Irreversible (2002)

irreversibleDir. Gaspar Noé | 97 min. | Francia

Intérpretes: Monica Bellucci (Alex), Vincent Cassel (Marcus), Albert Dupontel (Pierre), Jo Prestia (El Tenia), Philippe Nahon (Philippe), Stéphane Drouot (Stéphane)

Estreno en Perú: 05 de junio del 2003

Irreversible es (¿fue?) una película polémica. Algunos opinan que es una obra genial. Otros que es un bluff total. Se le ha llegado a llamar, a diferencia de una película de escándalo, un escándalo sin película. Sin embargo, esta cinta tiene aspectos relevantes y otros no tan buenos o, francamente, poco relevantes. El gran problema de esta cinta es que no logra trascender mucho más allá de su anécdota central. Y es que las cortapisas que el director se ha autoimpuesto le impiden justamente ir más allá; o, en otro sentido, Noé no comprende que el juego es justamente in hacia afuera de tales límites y no hacia “adentro”.

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Irreversible es (¿fue?) una película polémica. Algunos opinan que es una obra genial. Otros que es un bluff total. Se le ha llegado a llamar, a diferencia de una película de escándalo, un escándalo sin película. Sin embargo, esta cinta tiene aspectos relevantes y otros no tan buenos o, francamente, poco relevantes. Lo que más llama la atención es una comentada secuencia con cámara fija que muestra la violación de una mujer (Alex, interpretada por Mónica Bellucci) y el hecho de que todos los procedimiento audiovisuales utilizados por el director estén, más o menos, en función de tal llamativo episodio.

Pero empecemos por otra controversial característica: que el filme tenga el orden de las secuencias invertido; es decir, se comienza por el final, y luego se va retrocediendo secuencia por secuencia hasta el “comienzo” del relato. Además, cada una de estas secuencias casi son planos secuencias que ocurren, la mayoría de casos, en tiempo real.

En ese sentido, Irreversible ha sido comparada con Memento (Amnesia), la película de Christopher Nolan, que también tiene una estructura de este tipo. Sin embargo, me parece injusta esa comparación, porque Memento es estructuralmente mucho más compleja que ésta; allí no es solamente que la historia transcurra al revés sino que hay otros elementos estructurales que crean paralelos y situaciones que exigen mucho más al espectador, para seguir y entender la compleja trama. Sin embargo, lo que Irreversible sí comparte con la cinta de Nolan es el hecho de que la narración está muy sujeta a esta estructura poco convencional del relato.

Aún así, Irreversible es mucho más sencilla que Memento, porque la historia se entiende perfectamente; es decir, que si, hipotéticamente, se colocaran las escenas en el orden correcto no pasaría nada, lo que no es el caso con el filme de Nolan. En cambio, en el caso del director argentino Noé, el efecto de tal modificación sobre el espectador no es sustancial, pienso, ni para fines del desarrollo de la trama ni para ningún otro fin.

Algunos han querido encontrar algún tipo de interpretación que relacione este peculiar ordenamiento invertido con el contenido de la obra. Por ejemplo, que la venganza –que es un tema de la película–, es una acción de la cual luego uno ya no puede arrepentirse, si es que no conoce los antecedentes. Pero para ello no es necesario cambiar el orden cronológico del relato, ya que hay varias formas de enunciar y/o enfatizar esta idea en un guión convencional.

El gran problema de esta cinta es que no logra trascender mucho más allá de su anécdota central. Y es que las cortapisas que el director se ha autoimpuesto le impiden justamente ir más allá; o, en otro sentido, Noé no comprende que el juego es justamente in hacia afuera de tales límites y no hacia “adentro”.

irreversible-2Ettore Scola, por ejemplo, también se auto limita en varias de sus películas a ciertas condiciones o situaciones que él busca trascender casi de inmediato. En El baile, por ejemplo, todo transcurre en un mismo ambiente, no se dice una sola palabra y la historia de Italia en la segunda mitad del siglo pasado se expresa mediante la danza o del baile. Y sus películas funcionan porque tienen la capacidad de crear una serie de sentidos que aluden o apelan a un contexto social e histórico, aparte de dramático, que –apoyándose en esas limitaciones formales– proyectan una visión que excede tales parámetros. Es decir, que estas condiciones no se vuelven una traba sino un reto, que es superado, vencido o remontado por el realizador.

En el caso de Irreversible, y en menor medida también en el caso de Memento, el corsé que se imponen los directores es demasiado estrecho o ellos no buscan ir más allá de tales limitaciones, sino que se concentran en un hecho en sí y tratan de “sacarle el jugo”. De esta forma, en el caso del filme que comentamos, no logramos sacar nada más que la enunciación espectacular –e invertida, en el tiempo– de la violación y la venganza, y punto. Fuera de la mostración brutal de ambos hechos, no hay nada más importante, ya sea como contexto –inmediato ni mediato– ni como reflexión general original sobre ambos temas.

Además, la misma provocación no lo es tanto, ya que realmente lo que se ve –en el caso de la violación– no es tan explícito, comparado otros desnudos que ocurren dentro de la misma película. Asimismo, el presentar este episodio y el otro, de extrema violencia, correctamente filmados, no basta para profundizar en los personajes; es decir, pese a las varias escenas dialogadas, no hay una real construcción de personajes que vayan mucho más allá de las citadas escenas.

Hasta aquí los puntos débiles de Irreversible. Su punto fuerte es la realización; es decir, el correcto y, hasta cierto punto, eficaz uso de algunos procedimientos del lenguaje audiovisual. Así, las transiciones entre secuencias utilizando paneos circulares y el recurso a este procedimiento –sobre todo en el primera parte de la película– es apropiado para mostrar el vértigo y frenesí que caracterizan la acción casi en la primera mitad del filme. A ello debe sumarse la iluminación en penumbra en el cabaret gay sado masoquista y la fiesta previa, que inducen a justificar el comportamiento de Marcus y Pierre; y la tendencia a los planos cerrados, que intensifican la tensión creada a partir de las dos violentas secuencias arriba anotadas.

En la banda sonora, tenemos algunas características que algunos consideran pretenciosas, como es el casi permanente sonido como de sirena que acompaña a las tomas circulares en buena parte del comienzo de la película. Esto logra crear una sensación como de mareo, vorágine y frenesí, que acompaña la persecución inicial; la cual dura casi hasta la mitad de la película y constituyen una característica importante en esta cinta. En segundo lugar, hay unos toques que sí son pretenciosos: al comienzo, un fragmento de la Novena Sinfonía de Mahler, y al final, otro del Allegretto de la Séptima Sinfonía de Beethoven, que en realidad no tienen nada que hacer –significativamente– en la película; o proveen un soporte insuficiente para sostener un mensaje “moralista” y “generalista” a partir de lo mostrado en la cinta; si tal fuera la intención.

Si vemos la estructura, podríamos llamarla “periodística”; ya que pareciera reproducir el esquema de la pirámide invertida, en donde lo más importante ocurre al principio, y luego comienzan a desglosarse los hechos en orden de interés noticioso. Aunque, en este caso, se sigue un orden cronológico invertido (de adelante para atrás), como muchas veces ocurre en las noticias de televisión. Adicionalmente, pasamos de una situación de extrema violencia inicial a una situación idílica de paz y tranquilidad; que se corresponde con el “comienzo” del relato (en una sucesión cronológica normal). En esta segunda parte de la película, donde se presentan los presupuestos iniciales del relato, la historia sufre –no obstante– un cierto vuelco, ya que aparece un dato nuevo importante, que ayuda a mantener el interés –aunque no mucho– en esta segunda parte, en que la narrativa más bien decae.

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En resumen, esta película tiene aspectos positivos, centrados en la realización, la fotografía y la banda sonara; que la convierten, en general, en una película lograda, bien hecha, pero muy limitada en cuanto a sus efectos cinematográficos. Esas limitaciones, autoimpuestas, no son aprovechadas ni remontadas por el director para ofrecer un enfoque más específico (al menos social o políticamente) sobre los temas que la obra plantea; pero que no intenta resolver. En cambio, y estos son sus puntos negativos, Noé se limita a buscar el escándalo mediante la creación de situaciones de frenesí y violencia sexual, pero sin mayor aporte a un enfoque que vaya más allá de la mera mostración explícita y eficaz de ese par de hechos.

Esto lo coloca al borde –sólo al borde– de la apología de la violencia contra la mujer; sin que el componente crítico sea suficientemente claro como para definir una posición crítica frente al esta problemática. Más bien, la balanza podría inclinarse hacia el extremo opuesto, dado los elementos de homofobia y marchismo expuestos por algunos personajes (vg. Marcus) en la cinta.

Lo que sí debemos reconocerle a Gaspar Noé es su capacidad de convencer e impresionar a productores y conseguir el aporte y talento de actores relevantes que prestan su colaboración a esta película; como son Bellucci, Cassel y Dupontel, quienes elevan sus respectivos papeles más allá de lo esperado en esta cinta; lo que añade variedad e interés a un filme que no propicia un desarrollo mayor de tales valiosos esfuerzos profesionales.

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3 comentarios

  1. 26 de mayo de 2009 at 23:11 — Responder

    Hola una duda, dice que el estreno es el 05 de junio del 2003. Esta mal la fecha?

  2. Jorge Esponda
    28 de mayo de 2009 at 9:57 — Responder

    La fecha es la correcta.

    Slds

  3. […] y artículos en el programa oficial. Y para probarlo, baste decir que Gaspar Noé ganó con Irreversible, esa película que quizás tú no pudiste terminar, la competencia en […]

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