Amnesia | Memento (2000)Dir. Christopher Nolan | 113 min. | EEUU

Intérpretes:
Guy Pearce (Leonard), Carrie-Anne Moss (Natalie), Joe Pantoliano (Teddy Gammell), Mark Boone Junior (Burt), Russ Fega (mesero), Jorja Fox (Esposa de Leonard), Stephen Tobolowsky (Sammy), Harriet Sansom Harris (Sra. Jankis), Thomas Lennon (Doctor), Callum Keith Rennie (Dodd), Kimberly Campbell (Rubia), Marianne Muellerleile (Tatuador), Larry Holden (Jimmy).

Estreno en Perú: 28 de junio de 2001

Este es un exitoso y logrado filme experimental, abundantemente comentado. El principal punto de la película es que esta forma de narrar la historia consigue reproducir en el espectador la sensación de frustración constante del protagonista frente a su “condición”, una enfermedad que le produce amnesia de corto plazo. Desde el punto de vista dramático, pese a la confusión que en mayor o menor medida pueda causar la acción “invertida”, logra finalmente imponerse al público debido a que tiene un clímax hacia el final de la cinta, lo que da pie a un desenlace creíble, que logra que el público se quede en sus asientos; por más incómodos, intrigados o exasperados que puedan sentirse.

Amnesia | Memento (2000)

Este es un exitoso y logrado filme experimental, abundantemente comentado. La misma Wikipedia tiene un buen resumen de su estructura narrativa: “Una de las mayores peculiaridades de la película reside en su línea temporal, la cual en vez de ser lineal va hacia atrás ‘a saltos’, mostrando según avanza la película las causas de lo ya visto, en vez de las consecuencias. Entre éstas, hay escenas en blanco y negro que progresan en orden normal, pero intercaladas en mitad de la historia. Al llegar al final de la película las escenas en blanco y negro y en color se juntan en un evento final”. E incluso tiene un análisis bastante detallado de la acción, para aquellos que puedan confundirse, sobre todo si llegaron tarde a la función o la vieron por partes en el cable.

Obviamente, el principal punto de la película es que esta forma de narrar la historia consigue reproducir en el espectador la sensación de frustración constante del protagonista frente a su “condición”, una enfermedad que le produce amnesia de corto plazo. Y, más aún, este problema constituye –junto a su sed de venganza– una especie de circulo vicioso que lo tiene atado a una especie de maldición inconsciente. Al igual que el holandés errante, un marinero condenado a navegar en su buque fantasma sin poder tocar tierra nunca, Leonard estará condenado a un ciclo intermitente de olvidos que lo conectarán permanentemente con el crimen como una forma de vida.

Desde el punto de vista dramático, pese a la confusión que en mayor o menor medida pueda causar la acción “invertida”, logra finalmente imponerse al público debido a que tiene un clímax hacia el final de la cinta, lo que da pie a un desenlace creíble. Si bien, en teoría, el clímax ocurre al principio mismo de la película, queda pendiente (y oculta) la causa del hecho y del comportamiento de Leonard. A partir de entonces retrocedemos a trompicones hacia esta doble explicación y lo que encontramos es la gran causa de todo, es decir, la explicación del desenlace arriba indicado. Ello ocurre en la secuencia en que descubrimos –con un esfuerzo de paciente atención– que Natalie está manipulando a Leonard. Entonces la secreta maldición que pese sobre el protagonista se evidencia en medio de las confusas alusiones que el director ha puesto en nuestro camino.

Amnesia | Memento (2000)

Desde un punto de vista audiovisual, la principal característica del filme es la preeminencia de los planos cerrados, sobre todo planos del rostro de los protagonistas y planos de detalles (en particular, los tatuajes y diversos mensajes que se deja a sí mismo el protagonista). El uso de estos encuadres genera una sensación de encierro del héroe, tanto subjetivo (léase mental) como objetivo (gran parte de la película transcurre en interiores, normalmente habitaciones de mala muerte). Las sensaciones de acoso e inestabilidad se intensifican con el recurso a un montaje muy fragmentado, que se compagina con la “condición” de Leonard y coadyuva a que el público se quede casi compulsivamente en sus asientos; por más incómodos, intrigados o exasperados (según sea el caso) que puedan sentirse. Finalmente, y como buena película independiente, el filme está realizado con bajo presupuesto; lo que explica tanto el trabajo en exteriores como el relato justifica las limitaciones de escenografía y ambientación.

Gabriel Quispe me recomienda que concluya esta reseña de la única forma posible: es decir… ¡ya no recuerdo más!