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Seduction knows no age, dice el poster, y la imagen escogida para representar el filme lo confirma. A ver si alguna distribuidora se anima a traer Chéri, el nuevo trabajo conjunto de Stephen Frears y la eterna Michelle Pfeiffer, más de veinte años después de Relaciones peligrosas. Ya se estrenó en varios países de Europa y Norteamérica, y según IMDB, las primeras plazas iberoamericanas que la tendrían en sus salas son España y Brasil, en noviembre y diciembre, respectivamente. Se trata de otra reconstrucción de época, adaptada de la novela de la francesa Colette, en la que Michelle, en el París de los años 20, interpreta a una madura meretriz que se involucra con el joven del título, un rico heredero que preocupa a su madre. Un par de críticos hispanos no se entusiasman por la cinta, pero cómo aman a la actriz.

E. Rodríguez Marchante escribió en ABC:

Hay guión, hay diálogos que chisporrotean, hay una fascinante descripción de época, de clase, de movimientos de piezas…, hay una desgastada historia de amor eterno entre esa mujer sabia y ese muchacho echado a perder entre las licencias de la época y los pliegues del amor maduro. Hay sentido del humor y de la ironía en el modo de mirar un mundo a punto de irse por el desagüe y unos personajes camino de su mausoleo. Ahora, la película se llama «Chéri», como la obra, y no tiene la brillantez maliciosa de «Las amistades peligrosas», aunque su protagonista, Michelle Pfeiffer, sí pueda competir en hermosura y atractivo con aquella de veinte años antes.

Y Carlos Boyero, en El País, se peleará con Almodóvar, pero no con Michelle:

Me ocurre que casi toda la tipología que presentan me caen fatal, que el narcisismo, las dudas, las huidas, la desesperación y la añoranza del niñato hipermimado me dan una ligera grima, que la forma en que retratan la banalidad de ese mundo me crean tanto rechazo como fatiga. Algo que desaparece en todos los momentos en los que está presente Michelle Pfeiffer, esa maravilla de hembra y de actriz. En sus secuencias me lo creo todo, la comprendo y la compadezco, me resulta transparente lo que aparenta y lo que siente. Michelle Pfeiffer será sexy y fascinante hasta el final de sus días, cantando tumbada en un piano o vestida de monja de clausura. Ver cómo miran, sonríen, se mueven, sufren, besan, hablan y escuchan señoras como Michelle Pfeiffer y Robin Wright Penn es uno de los mayores placeres que me sigue regalando el cine.