En un mundo mejor | In a Better World (2010)

Gran angular

No hay nada como adherirse a un movimiento para darse cuenta que lo tuyo en realidad va por otro camino. La cineasta danesa Susanne Bier debió pensar, cuando formaba parte del Dogma 95, que había que experimentar hasta encontrar las formas propias. Ahí está Te quiero para siempre (2002), como intento. Pero luego, de manera bien distinta a Lars Von Trier, Thomas Vinterberg o Kristian Levring, su cine se inscribió en la ficción que conmueve y provoca ese ojo brillante a punto de soltar la lágrima, el cine de secuencias construidas con intención. Por supuesto más impactante que el Dogma, porque encierra toda la magia que el cine contiene en su caja de Pandora.

Ya hablamos un poco en 2008 de Cosas que perdimos en el fuego (2007), la incursión norteamericana de la Bier. Hace pocos meses que visioné Después de la boda (2006), que guarda, en cierta forma, muchas similitudes con la que vamos a proponeros, la ganadora del Oscar y Globo de Oro 2011 a la mejor película de habla no inglesa, En un mundo mejor (Hævnen, Civilización). En ambas se miran frente a frente dos puntos del planeta que son dos mundos muy contrapuestos; en ambas el amor es un sentimiento que va más allá del mero affair de tres años; en ambas hay un hombre que lucha con sus demonios y expía sus culpas dándose a los necesitados. En ambas hay mucha alma femenina, la de Bier.

Al drama se ha agarrado Bier para asentar y definir su cine. Un drama sentimental que se aleja, no obstante, del cada vez más catastrofista, comítico y vacuo cine norteamericano, repetitivo hasta el aburrimiento. Un cine que está presentando más fiascos que triunfos y que va camino de la crisis total. Quizá por ello resulte un alivio visionar cintas de factura nórdica, o europea, sin olvidar, por supuesto, otras cinematografías. Lo demuestran las ganadoras de la Academia, aunque ésta no sea ya un referente importante para quienes amamos el cine.

El cine noruego o danés goza de una salud envidiable y sus actores son vehículos humanos para expresar emociones cercanas dentro de una historia. Llegan al espectador que quiere o necesita alguna identificación. Como Anton (carismático y grande Mikael Persbrandt) uno de los protagonistas de En un mundo mejor, un doctor idealista, solidario en sus empatía con el dolor ajeno. Un hombre sensible que quiere aportar su pequeño grano de arena en un paisaje grande (África por ejemplo), y en uno pequeño (su hogar) para diluir un poco la violencia que engangrena el mundo.

Y esta es la cuestión principal de la película: la violencia del ser humano, su control, su germen. La necesidad de conectar al hombre con la tierra, con el paisaje, como hace Bier con su cámara, depurando y estilizando, de una manera comercial pero efectista sin dejar, por ello, de contener muchas ambigüedades y aristas. Porque comercial no significa simpleza a quemarropa.

Como ya hiciera Haneke con su maravillosa La cinta blanca, Bier propone observar cómo la semilla de la violencia se instala fácilmente en niños y adolescentes. El debate está servido. El acoso escolar, del que también habló Tomas Alfredson en su vampírica Déjame entrar, es un instrumento germinador de rabia, que puede tener muchas causas, como la incomprensión de una mente tan joven frente a la perdida del ser querido. Así le ocurre a Christian, el hijo de Claus, un hombre de negocios que acaba de perder a su esposa y madre del chico. Christian se alía con el sensible Elias, (hijo de Anton), acosado por el matón del colegio. La mirada de la realizadora a este paso tan difícil de la niñez a la edad adulta es intensa, sin juicios preestablecidos, sin castigos. Dos familias, dos mundos, dos desconciertos. Padres desorientados que no tienen respuestas rotundas.

Es más, Anton se niega a responder a la violencia con violencia. Pero acaso ¿es eso siempre posible? No, y entonces el desequilibrio se instala. Maravillosa opción a la que nos inscribimos, donde la lectura del poema “Oda al ruiseñor” de Christian Andersen es el remate de oro.

Hævnen

Dir.: Susanne Bier | 119 min. | Dinamarca – Suecia

Intérpretes: Mikael Persbrandt (Anton), Wil Johnson (Najeeb), Eddy Kimani (paciente), Emily Mulaya (enfermera), Gabriel Muli (Læge).

Estreno en España: 1 de abril de 2011


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