No he leído ninguna novela de la saga de The Maze Runner de James Dashner, y a pesar de que la película no me pareció especialmente bien lograda, igual hizo que me dieran ganas de leer la obra en la que está basada. De repente es porque tengo la esperanza de que el libro sea más original, tenga más sentido o nos presente con un desenlace más fuerte o mejor explicado.

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Me gustaron varias cosas en The Maze Runner (dicho sea de paso, se llama “Correr o morir” en Latinoamérica, el título de película más genérico que he visto en mucho tiempo), incluyendo las actuaciones, los personajes y su calidad técnica, pero a la vez no pude evitar sentir que pudo ser mejor. Todo es culpa del final; sí, decir que ese soso final es solo “decepcionante” es demasiado amable.

La película nos cuenta la historia de Thomas (Dylan O’Brien), un adolescente que despierta en un oscuro y oxidado ascensor, para eventualmente ascender al interior de un campo abierto rodeado de paredes imposiblemente gigantes. Confundido y sin recordar su nombre o cualquier otro detalle sobre sí mismo, se encuentra con un grupo de chicos que le explican dónde se encuentra: está en el “Claro”, y al igual que él, ninguno de sus compañeros sabe por qué fueron mandados ahí.

Todo lo que saben es que detrás de las paredes se encuentra el Laberinto, y que cada treinta días alguien nuevo es entregado por el elevador. Los chicos han logrado armar una pequeña sociedad pacífica, liderada por Alby (Aml Almeen), quien es el que ha estado ahí más tiempo: tres años. Sus segundos al mando son Newt (Thomas Brodie-Sangster, a quien hemos visto en la serie de “Juego de Tronos”), y el violento Gally (Will Pouter, a quien recordarán de la tercera película de “Las Crónicas de Narnia”). Pero como podrán adivinar, Thomas es “diferente”; inmediatamente siente la necesidad de salir del Claro y convertirse en un Corredor, uno de los chicos que se dedica a explorar el Laberinto y tratar de encontrar una salida. Todo cambia no sólo con la llegada de Thomas, sino también cuando el elevador trae a Teresa (Kayla Scodelario), la primera chica en llegar al Claro.

La primera mitad de la cinta es curiosa; se dedica casi exclusivamente a exponer todas las reglas y los detalles del mundo de The Maze Runner, introduciendo personajes y conflictos por doquier. Es una sección curiosamente densa y llena de diálogos, especialmente considerando que la mayoría de estas adaptaciones de novelas para jóvenes se concentra en la acción y fantasía. No fue algo que me molestó demasiado; por el contrario, es refrescante encontrar un filme de este subgénero que se toma la molestia y el tiempo de explicar bien el mundo que nos presenta, y de desarrollar tensión y una buena atmósfera sin la necesidad de introducir explosiones o elementos exageradamente fantásticos. A diferencia de otras películas del mismo estilo, The Maze Runner (al menos durante su primera mitad) es sorprendentemente sutil, conteniendo pocos efectos especiales y más bien presentándonos con una situación relativamente verosímil y oscura.

Por otra parte, a diferencia de otras adaptaciones recientes como “Los juegos del hambre” o “Divergente”, me resultó interesante el que The Maze Runner esté protagonizada casi únicamente por chicos. No estoy diciendo que esto sea mejor o peor que tener una protagonista mujer; simplemente lo menciono porque eso la diferencia de las películas anteriormente mencionadas, e introduce una dinámica interesante y puramente masculina entre los personajes. De hecho, el único personaje femenino es el más débil; Teresa no está muy bien desarrollada, y aunque la actuación de Kayla Scoledario es adecuada, su acento estadounidense no termina de convencer (la chica es británica).

El resto de actuaciones son bastante destacables. Como Thomas, Dylan O’Brien comienza un poco tieso, pero poco a poco se va soltando más, convirtiendo a su personaje en un protagonista interesante, a pesar de caer en el cliché de ser “diferente” o “único”. Sólo faltaba que lo llamasen “El Elegido”. El Newt de Thomas Brodie-Sangster es uno de los personajes más simpáticos y con el cual es más fácil relacionarse; no es demasiado oscuro y demuestra inteligencia y buen juicio. (A diferencia de Scodelario, a Brodie-Sangster lo dejaron quedarse con su acento británico). Como Gally, Will Pouter es suficientemente odioso (cabe mencionar que su acento americano es impecable— vaya, ¡otro actor británico!), y el cameo de Patricia Clarkson (en un rol que no mencionaré para no malograrles la mayor sorpresa del filme) le da algo de clase a la producción (a pesar de aparecer durante sus escenas más débiles).

Visualmente la cinta es bastante impresionante, lo cual no debería sorprender teniendo en cuenta que el director, Wes Ball, es principalmente un director de efectos especiales. El laberinto se ve suficientemente realista e impresionante, y los efectos digitales usados para crear a las criaturas que nuestros protagonistas encuentran en el interior del mismo son efectivos. The Maze Runner no se concentra mucho en escenas de acción o de grandes efectos visuales durante la mayor parte de su duración, pero cuando éstos comienzan a aparecer con más frecuencia durante el último tercio del filme, no decepcionan. Por otra parte, el diseño de sonido es muy bueno, especialmente cuando Ball trata de mantenernos en suspenso dentro del ascensor al principio de la película o en el interior del Laberinto.

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Lamentablemente, mucho de lo bueno que la cinta nos ofrece se desmorona durante el final, el cual resulta ser increíblemente genérico y decepcionante. Evidentemente no voy a revelar detalles para no malograrles la sorpresa; sólo les pediré que se imaginen la “verdad” sobre el mundo de la película más predecible y cliché que se les ocurra; probablemente acierten. Y lo peor es que dicha revelación se presenta de manera bastante torpe y repentina, concluyendo la cinta con un final que se siente incompleto. Felizmente se ha anunciado la secuela; con suerte algunas de las preguntas con las que nos deja The Maze Runner serán respondidas en la segunda parte. (De todas formas, como mencioné antes, pienso leer las novelas, si es posible antes de que se estrene la nueva película).

The Maze Runner es una mezcla de lo bueno y lo malo, lo original y lo estereotipado, lo sorprendente y lo predecible. Me gustaron las actuaciones y la atmósfera del filme; los efectos visuales y los personajes principales. Lamentablemente, el guión se torna por momentos demasiado expositivo, y el final no me terminó de convencer. A menos que sean fanáticos de los libros, recomendaría ver esta adaptación en DVD o Blu-ray. Ojalá que la secuela corrija la mayoría de errores presentes en esta relativamente entretenida pero fallida cinta.