Debo admitir que Bienvenidos al ayer (Project Almanac) me sorprendió. Al ser una producción de Michael Bay (sólo producción, felizmente no la ha dirigido) y al ser una película estilo found footage (un recurso que cada vez se está volviendo más choteado), no le tenía demasiada fe a la cinta, pero con sus personajes bien caracterizados, guión inteligente y tono ligero pero jamás tonto, me entretuvo bastante. La manera en que trató el viaje en el tiempo, y su estilo visual bien logrado hizo que me metiese más en la historia, en vez de marearme o frustrarme como otras películas de similar corte.

Project Almanac

Bienvenidos al ayer es algo así como un “Chronicle” con viaje en el tiempo en vez de superhéroes. Nuestros protagonistas son David Raskin (Jonny Weston), el brillante estudiante de secundaria que encuentra la investigación de su padre y logra completarla para crear una máquina del tiempo; su sexy hermana Christina (Ginny Gardner), la camarógrafa de la película; los amigos de David, Quinn (Sam Lerner) y Adam (Allen Evangelista); y Jessie (Sofia Black-D’Elia), de quien David está enamorado.

Una vez que David hace el descubrimiento anteriormente mencionado en el sótano de su casa y, experimentando poco a poco con sus amigos, finalmente logra crear la máquina del tiempo, decide tomarse las cosas suavemente, mandando objetos al futuro, por ejemplo. Pero sus amigos (y Jessie, especialmente) no son pacientes, por lo que pronto logran viajar en grupo 24 horas en el pasado. Dándose cuenta del potencial que este poder les puede dar, David impone una sola regla: jamás viajar solo. Por lo que inmediatamente nuestro grupo de protagonistas comienza a aprovechar la máquina, haciendo que uno gane la lotería, o que otro pueda aprobar un examen previamente jalado. Pero cuando uno de los amigos rompe la regla, vendrán los problemas, y comenzará la desesperación.

Me gustó mucho la manera en que Bienvenidos al ayer trató el tema del viaje en el tiempo. El guión expone sus reglas casi inmediatamente y de manera clara, y jamás las rompe para que la película no se torne incoherente. Por otro lado, al ser nuestros protagonistas un grupo de adolescentes, es lógico que, al usar la máquina, prioricen cosas que muchos de nosotros consideraríamos inconsecuentes. Viven en una burbuja de juventud y desenfreno, por lo que usan su nuevo poder para realizar cosas que, a corto plazo, parecen importantes o divertidas pero que, teniendo en cuenta el potencial de la máquina, podrían parecer ridículas de hacer. El acto de este tipo más significativo es su viaje a Lollapalooza; se trata de una secuencia innegablemente divertida, y la mayoría de los personajes (la hermana de David, Jessie, sus amigos) deciden ir simplemente para pasarla bien y no tener que ir a clases, pero David lo ve de otro modo: una manera de acercarse a Jessie y quizás lograr algo con ella.

Disfruté también de la manera poco complicada en que el concepto general de la cinta fue explicada. Todo lo que dicen es que la investigación del padre de David se estaba acercando a la creación de una máquina del tiempo y, usando algunos términos técnicos y gracias a la caracterización (tanto a través de guión como de actuación) que se le da a David, nos creemos el que sea capaz, junto con sus amigos, de terminar el aparato. De hecho escenas como la primera -en donde los vemos probando uno de sus más recientes inventos- ayudan a desarrollar al personaje de manera creíble, haciéndolo ver como un genio pero no demasiado (o al menos para su edad).

Las sólidas actuaciones también ayudan. Como David, Jonny Weston es una mezcla interesante: es alto y bien parecido, pero a la vez es tímido y nerdy, por lo que es creíble el que eventualmente una chica como Jessie se fije en él. De hecho, es bastante tierna la manera en que su relación se va desarrollando poco a poco; la forma en que David se acercaba -tímidamente- a las chicas me recordó bastante a mi propia adolescencia, lo cual ayudó a que me identificara con el protagonista a pesar de que no soy un genio de la ciencia. Como Jessie, Sofia Black-D’Elia es suficientemente sexy, la Christina de Ginny Gardner es algo sonsa pero tiene sus momentos, y como los amigos de David, Allen Evangelista y (especialmente) Sam Lerner son muy divertidos. Lo que han hecho el director Dean Israelite y sus guionistas es agarrar personajes arquetípicos de películas juveniles y desarrollarlos un poco más, hacerlos más humanos y menos caricaturescos… y debo decir que funciona.

Por ejemplo, me parece que los diálogos en el guión de Andrew Stark y Jason Pagan es muy bueno. Las interacciones entre los adolescentes se sienten realistas y nunca forzadas, graciosas cuando tienen que serlo (y haciéndome recordar a mis “años mozos”), pero serias en los momentos adecuados. Son textos muy naturales, incluso sintiéndose muchas veces improvisados. Por otra parte, la película asume que uno está atento todo el tiempo, jamás recurriendo a diálogos demasiado expositivos, más bien prefiriendo enseñar en vez de explicar, dejando varios aspectos de la trama en el subtexto. No se trata necesariamente de un gran guión, pero está muy bien construido, y el desenlace, aunque un poco confuso en un principio, resulta ser bastante satisfactorio cuando uno comienza a analizarlo.

Project-Almanac

Ahora bien, lo único que podría asustar a algunos potenciales espectadores sería el estilo visual de la cinta. Como se mencionó antes, Bienvenidos al ayer es una película estilo found footage, es decir, el filme es presentado como si estuviera siendo grabado por uno de los protagonistas, en este caso Christina. Hay películas que han muerto debido al mal uso de este técnica, pero en este caso, pienso que está perfectamente utilizado. Los planos no se mueven demasiado, por lo que nunca me mareé ni terminé confundido, la mayor parte de escenas están justificadas (es decir, tiene sentido el que estén siendo filmadas), y en general sentí que el formato de la cinta hizo que me metiese más en la historia, que desarrolle una empatía mucho más cercana a los personajes y que la trama se sienta mucho más realista y verosímil. Es muy posible que el filme hubiese resultado algo ridículo si lo hubiesen presentado en formato tradicional.

Pero lo que yo creo que eleva a Bienvenidos al ayer por sobre otras producciones de similar corte, muy aparte de las interesantes caracterizaciones, o las honestas interpretaciones por parte de los chicos, es el tercer acto. No quiero malograrles nada, por lo que sólo diré que es aquí cuando uno de los personajes comete el error de romper la única regla de viaje en el tiempo, lo cual trae consigo serias repercusiones en la vida de sus amigos y amigas, de su familia, e incluso de personas desconocidas. Me fascinó la manera en que este efecto “de onda” fue manejado, logrando crear escenas de innegable tensión y frustración, en la cual uno, quien ya se identifica con los personajes, verdaderamente siente peligro por ellos. Fue durante esta última sección que “Bienvenidos al ayer” me mantuvo al borde de mi asiento.

Como película de ciencia ficción, “Bienvenidos al ayer” no es nada del otro mundo. Estoy seguro que muchos puristas le encontrarían huecos a la trama, o quizás considerarían que trata su tema principal de manera muy superficial e inconsecuente. Pero como historia, como experiencia, considero que la cinta es de las más subvaloradas de los últimos años. Fui a verla con pocas expectativas, pero debo admitir que, al encontrarme con una película muy entretenida, graciosa, tensa y hasta inteligente, salí muy feliz de la sala de cine. Debe tratarse de la mejor película que haya salido hasta ahora de Platinum Dunes, la productora de Michael Bay.