De muy niño me crucé con un libro pequeño, austero, “Julio” se leía en letras grandes en la portada, me parecía gracioso encontrarme con un tocayo. Desde entonces hasta ahora, en mis casi 30 años, el amor por cada libro y escrito de Julio Ramón Ribeyro se ha intensificado exponencialmente.

Y lo recuerdo ahora porque “Rosa Chumbe” me transportó (las tres veces que fuí a verla) a ese sentimiento al terminar de leer “Alienación”. Así que mi mejor conclusión es que nos encontramos ante una película ribeyriana.

Me explico: Julio Ramón se consideraba a sí mismo un gran cuentista mas no un gran escritor, precisamente porque centraba sus esfuerzos en contar una historia antes que utilizar un lenguaje superior a la media. No brindaba grandes diálogos, sino que comprometía al lector con lo que le sucedía a sus personajes. Creaba una complicidad basada en lo que les pasaba, no en lo que decían.

De igual manera, Relayze nos brinda una pelicula con poquísimos diálogos, dejándole todo el soporte a las actuaciones y a la trama. Y Liliana Trujillo tiene una capacidad tal de gestualidad que soporta el peso del protagonismo a “ritmo de entrenamiento”. Ella convierte su rostro en el narrador de la historia, expresa más en sus silencios de lo que muchos actores suelen hacerlo en sus diálogos, acompañada de locaciones y cumbia tan armónicamente elegidas que acaban por crear una película enternecedora, distinta.

En ese tránsito, al estilo de Ribeyro, el director te saca y regresa al drama utilizando alternadamente el humor y la ternura. Te muestra, casi con obviedad, el hecho desencadenante de la historia para luego darte un final descuadrante digno de los “Cuentos fantásticos” del escritor. Porque la complicidad es un arma que, bien utilizada, puede maximizar los sentimientos de un desenlace.

Gran parte de esta complicidad surge porque “Rosa Chumbe” es un filme urbano. Te da un recorrido de calles limeñas en las que uno fácilmente puede sentirse retratado. Y esto es justamente en lo que las películas comerciales peruanas fallan: El sentimiento de apropiación. El sentir que todo transcurre en calles que ves, que pisas, que los protagonistas pudieron haber pasado por tu lado, que pudiste haber compartido la combi con ellos. Que comen el mismo arroz chaufa de la esquina para soportar “la bajada”.

Finalmente, no cabe más que repetir lo que muchos críticos ya han dicho: Esta es una película hermosa, llevada muy bien por su protagonista, Liliana Trujillo, que bien podría haber sido muda y la emoción habría sido la misma.

Así que si deseas enorgullecerte del cine peruano y sentir la felicidad que genera ver algo tan bueno, anda a ver “Rosa Chumbe” ahora, porque esta no es el tipo de películas a la que las productoras peruanas nos tengan acostumbrados, y además el ingreso de los estrenos comerciales de rigor amenazan con quitarle las tres únicas salas en las que ha logrado sobrevivir.

Escribe Julio Daneri