[Crítica] “Loving Vincent” es uno de los mejores estrenos del año

Una obra de arte. No creo que haya otra manera de describir a “Loving Vincent”. Se trata del primer largometraje animado pintado a mano. El proceso de desarrollo de la cinta tomó cuatro años; durante ese tiempo, se grabó la película con actores de carne y hueso, para que luego, más de cien artistas pintaran al óleo cada cuadro a mano, imitando el estilo de Vincent Van Gogh. ¿El resultado? Uno de los filmes más hermosos que jamás haya visto, el tipo de película que simplemente se experimenta.

Ahora bien, dichas cualidades visuales no servirían de mucho si es que la historia no justificase tremendo emprendimiento, y si bien pienso que el guion de “Loving Vincent” tiene algunos problemas, no creo que sean lo suficientemente graves como para malograr la experiencia en general. Los diálogos tienden a exponer mucho, con personajes diciendo justo lo que el protagonista necesita escuchar de la manera menos sutil posible. Y sí, a veces dicho diálogo suena muy moderno, como algo que dirían personajes contemporáneos. Pero a la vez, me gustó la estructura narrativa, y principalmente, me gustó la manera en que la cinta logra desarrollar a Van Gogh a través de lo que otros dicen de él.

“Loving Vincent” nos cuenta la historia de Armand Roulin (Douglas Booth), un peleador empedernido. Su padre, el cartero Joseph (Chris O’Dowd) le encarga llevar la última carta del fallecido Vincent Van Gogh donde su hermano, misión que Armand decide cumplir a regañadientes. Desgraciadamente, una vez que llega a su supuesto objetivo, se entera que el hermano está muerto, lo cual lo lleva a visitar el último pueblo donde Vincent vivió.

Una vez ahí, se verá involucrado tanto con la familia que acogió al famoso pintor —el doctor Gachet (Jerome Flynn) y su hija Marguerite (Saoirse Ronan)— como con la dueña del bar que frecuentaba, Adeline Ravoux (Eleanor Tomlinson). De esta manera, en vez de solo dedicarse a entregar la última carta del pintor, se pondrá a investigar la razón de su muerte, y a averiguar un poco sobre su tumultuosa vida, la cual se irá mostrando a través de flashbacks en blanco y negro.

Primero lo primero: “Loving Vincent” es un logro artístico espectacular, un trabajo en conjunto como pocas veces se ha hecho. Cada cuadro de la película es una obra de arte, una pintura al óleo que logra reproducir el estilo de Van Gogh de manera impresionante. Obras como “La noche estrellada” o “Terraza de café por la noche” son utilizadas no solo para homenajear al artista, si no también como parte integral de la historia; la mayoría de personajes son basados en retratos pintados por Van Gogh, y son interpretados por actores que tratan de recrear a dichas personas tanto a través de expresiones faciales y actitudes, como con su vestuario.

De hecho, resulta verdaderamente impresionante que la cinta sea capaz de mostrarnos las expresiones y movimientos de sus actores a través de la pintura de manera tan precisa. Puede que “Loving Vincent” sea considera como animación, y que funcione tan bien como funciona gracias al trabajo de 120 expertos en pintura al óleo, pero la verdadera alma del filme está en sus actuaciones, y en la manera en que el trabajo de sus protagonistas fue trasladado al mundo del óleo. Además, lo bello está también en las imperfecciones —trazos que se mueven o aparecen y desaparecen, cambios de color—, las cuales hacen de “Loving Vincent” un mundo vivo, orgánico.

El simple hecho de que la cinta cuente con movimientos de cámara, con cambios de foco (¡hasta ahora no entiendo cómo hicieron eso!), y hasta con planos con reflejos en las ventanas, o con ondulaciones en el agua, la convierten en algo que me dejó maravillado. El filme incluso tiene una cualidad cercana al 3D, gracias a los trazos de pintura que parecen salirse de la pantalla; es algo que ni la mejor película de Pixar podría reproducir.

“Loving Vincent” es una obra artística melancólica, un filme que tiene mucho qué decir sobre las ambiciones de los artistas, sobre lo complicada que puede ser la vida para alguien que es diferente, para alguien que se siente solo y que usa la pintura para darle propósito a su vida. Vincent recién cogió el pincel a los 28 años; antes de ello, trató de hacer muchas cosas y tuvo muchos trabajos de los cuales terminó siendo despedido. E incluso al convertirse en un pintor, muy pocos creían en su talento; como suele pasar con varios genios, recién fue reconocido al fallecer. Durante su vida, solo logró vender una pintura.

La estructura del guión de esta película no es complicada. Cada vez que Armand habla con alguien en el pueblo, ya sea un comisario de policía, una amiga de Vincent, o hasta un pescador (interpretado por Aidan Turner), se entera de algo nuevo sobre el pintor, lo cual es presentado a través de flashbacks en blanco y negro. Dichos flashbacks, al mostrar partes de la vida de Van Gogh que nunca fueron pintadas, no tratan de imitar el estilo del artista. Más bien, son presentados con un estilo más realista, más oscuro, más sombrío. Contrastan perfectamente con el resto del filme, y le otorgan una cualidad de ensueño a estas escenas.

“Loving Vincent” es una película que depende mucho del diálogo y de las interacciones entre personajes para desarrollar su trama. Algunas de estas escenas de conversación se sienten exageradamente expositivas, pero esto se compensa gracias al espectacular estilo visual de la película. Las actuaciones son todas de primera, y logran trascender la pintura que tienen encima para desarrollar personajes que se sienten tan humanos como los de cualquier otra película tradicional. Douglas Booth es curioso e incisivo como Armand; Chris O’Dowd tiene la mejor barba de la historia como su padre; Eleanor Tomlinson es divertida y coqueta como Adeline; la Marguerite de Saoirse Ronan le otorga algo de misterio a la historia, y Jerome Flynn (más conocido por “Juego de Tronos”) es creíble como el doctor Gachet).

“Loving Vincent” es una película animada revolucionaria, la cual fue hecha de una manera muy particular no solo para homenajear a Vincent Van Gogh, si no porque necesitaba ser contada de esta manera. El uso de las pinturas al óleo no se siente gratuito; es parte esencial de la cinta, permitiéndole a uno meterse y vivir en este mundo. “Loving Vincent” es la película perfecta para aquellos que tengan alma de artista, una obra de arte que dudo vaya a ser imitada —o igualada— en el futuro cercano.

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2 comentarios

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  2. […] Loving Vincent. Directores: Dorota Kobiela y Hugh Welchman. País: Polonia y Reino Unido. Sinopsis: Narra los […]

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