[Crítica] “Avengers, Infinity War”

El 30 de abril, la fecha del estreno mundial de Iron Man en 2008, Marvel celebró oficialmente su décimo aniversario con dos marcas históricas: «Avengers, Infinity War» (en adelante A:IW), su decimonovena película, es el mejor estreno de la historia (541 millones de dólares en solo tres días), y la taquilla del conjunto de ellas, sin sumar todavía la recaudación de la última, ya la ha convertido en la franquicia más rentable, récord que seguramente mantendrá por varios años, dado que hasta 2022 está programado el estreno de trece nuevas películas.

El universo Marvel

Si bien desde la década del cuarenta otros estudios habían adaptado al cine algunos cómics de Marvel (como Capitán América, 1944) y desde fines de los noventa la recientemente creada Marvel Studios había licenciado otros importantes como «Blade» (1998), «X-Men» (2000) y «Spider-man» (2002), recién en 2008 este estudio produjo su primera película. Esto fue facilitado por el hecho que desde 2005 Marvel recuperó los derechos de comercialización de importantes personajes (Iron Man, Hulk y Black Widow), y adquirió de Sony los derechos de Thor, a partir de los cuales se concibió el «Universo Marvel», un conjunto de películas con personajes individuales que coincidirían en varias otras.

«Iron-man» de Robert Downey Jr. Inició esta nueva era dividida, a su vez, en cuatro partes. La primera, que narró la formación de Los Vengadores, continuó con «El increíble Hulk», «Iron-man 2», «Thor», «Capitán América, el primer vengador» y culminó con la reunión de todos ellos en «Los vengadores». La segunda incluyó «Iron-man 3», «Thor, el mundo oscuro», «Capitán América, el soldado del invierno», «Guardianes de la Galaxia», «Los vengadores: la era de Ultrón» y culminó con «Ant-man». La tercera inició con «Los vengadores: guerra civil», y siguió con «Doctor Strange», «Guardianes de la galaxia. Volumen dos», «El Hombre Araña: Regreso a casa», «Thor Ragnarok», «Pantera Negra» y «Los Vengadores: Guerra infinita, parte uno». «El Hombre Hormiga y la Mujer Avispa», «Capitana Marvel» y «Los Vengadores: Guerra infinita, parte dos», cerrarán esta parte de la saga en 2019. Sobre la cuarta fase poco se sabe, y solo están confirmadas oficialmente la segunda película de «Spiderman», con Tom Holland, y la tercera de «Guardianes de la Galaxia», además de la casi segura secuela de «Pantera negra».

No sería exagerado afirmar que de este modo Marvel Studios ha cambiado sustancialmente la forma de hacer cine comercial en el mundo. Lo ha hecho con una dosis de planificación y otra de suerte, pues lo cierto es que la fórmula de encadenar personajes y películas en un serial de hasta ahora diecinueve capítulos lo han intentado otros, pero solo les ha funcionado de modo contundente a ellos.

Es un formato muy apropiado para estos nuevos tiempos de Netflix, en los que el público está cambiando, o ampliando, su costumbre de ver películas únicas en el cine por la de ver series con varias temporadas, algunas de ellas interminables como «The walking dead», que ya va por la novena. Ello tiene la ventaja de mantener a un público cautivo, dispuesto a seguir cada nueva película para sorprenderse con los nuevos giros de la historia e incluso especular y discutir sobre cómo será la siguiente. Diez años después, además, significa que hay niños y niñas que se han hecho hombres y mujeres mientras asistían religiosamente a cada nuevo estreno y que, para bien o para mal, han formado una parte o la totalidad de su gusto cinematográfico a través de estas historias.

Por otro lado, aun cuando se trate de una forma de hacer cine que para atraer público privilegia los recursos de la mercadotecnia antes que la propuesta artística, no debe dejar de reconocerse que en el fondo la franquicia sigue en líneas generales la misma estrategia narrativa de los cómics originales creados por Stan Lee. En efecto, los consumidores de historietas del siglo pasado siguieron en tres décadas (de los sesenta a los ochenta, principalmente) un proceso que ahora el cine ha reducido vertiginosamente a una: aparición de personajes individuales, historias en que se juntan, y luego grandes eventos épicos en que todas las tramas, héroes y antihéroes confluyen. Para ello no ha sido necesario que el espectador lea o siquiera conozca las historietas, por su propia naturaleza mucho más complejas y profundas que las que la pantalla grande permite desarrollar.

Es más, para entender y disfrutar la decimonovena ni siquiera se requiere haber visto las dieciocho previas, aunque el manual del friqui recomiende haberlo hecho para aprovechar mejor la riqueza de la historia. Dicho sea de paso, el Universo Marvel ha servido también para sacar de la oscuridad la parte extravagante de un grueso sector del público adulto, un apego a las historias de superhéroes que bien visto en la niñez, resultaba difícil sacar a la luz pública en la juventud y la adultez. Pues bien, en las funciones de A:IW se puede ver personas de todas las edades, incluso muchos adultos encima de los cuarenta con una sonrisa en la cara, que no están allí acompañando a sus hijos o sobrinos. Ser friqui se ha puesto de moda gracias, en buena parte a Marvel Studios, y es bueno que ello pase; bueno en términos de libertad individual y para romper prejuicios y estigmas sociales.

Infinity War

Planificado o no, todo el Universo Marvel nos ha llevado hasta A:IW, que resulta siendo cúspide y desenlace, término y síntesis de un mundo para el que su público ha sido preparado durante una década. Mercadotecnia de por medio, los hermano Russo han logrado un producto final de narrativa solvente, giros sorpresivos, personajes mejor delineados y un villano eficiente. Lo han logrado, a pesar del reto que parecía imposible de superar dada la gran cantidad de personajes principales que confluían y las tramas y subtramas que debían armonizar.

La fuerza narrativa de A:IW se ve favorecida porque los directores pueden echar a andar la historia sin necesidad de detenerse a presentar los personajes, que ya han sido perfilados en las películas previas, y porque la multitud de héroes y escenarios discurren en una trama sencilla: Thanos de Titán busca las seis Gemas del Infinito para, una vez puestas en su guante, tener el poder de destruir a la mitad de los habitantes del universo.

Según su versión malthusiana simplificada es la única forma de que la mitad sobreviviente pueda vivir dignamente, dado que los recursos del universo son cada vez más escasos. Como se sabe, el famoso e influyente demógrafo británico Thomas Malthus (1766) planteó en su «Ensayo sobre el principio de la población» (1798) la advertencia de que la población mundial crecería en progresión geométrica haciendo imposible la subsistencia, ya que los recursos del planeta serían completamente insuficientes para sostenerla. Por supuesto esa teoría demostró no tener sustento, pues lo que Malthus no previó es que la revolución industrial y los avances científicos cada vez más complejos servirían, mal que bien y con grandes brechas de desigualdad de por medio, para sustentar la vida de esa población, abrumadoramente mayor hoy que a fines del siglo XVIII. Pero de esas honduras teóricas no tiene por qué dar cuenta alguien como Thanos, el verdadero protagonista de A:IW, y menos en una historia como las de Marvel.

A cambio, los hermanos Russo nos entregan un villano que por lo menos se sale del molde, que no es completamente malo o cuya maldad no nace solo del odio. Thanos ama, a su modo, a su hija y también al universo. Y quiere hacer el bien, pero cree que hacerlo solo es posible a través de un mal, de un sacrificio que debe pagar la mitad de la población, pero en buena cuenta, también él. Además de un villano con un toque de humanidad, A:IW hace fluir la narración agrupando a sus héroes: los guardianes con Thor y luego con Iron-man, Spiderman y el Doctor Strange, al Capitán América con Pantera Negra y los demás. Allí están también las escenas de acción perfectamente coreografiadas, los contrapuntos esperados (entre el Doctor Strange y Tony Stark, entre Star-Lord y Thor, entre Rocket Racoon y Bucky Barnes), las peleas emotivas (Black Widow, la Bruja Escarlata y la generala Okoye peleando juntas). Y un giro final abrumador, que rechaza, por ahora, el happy ending, y que deja a todos con ganas de ver ya la segunda parte.

Abrir más los ojos

Y pese a todo ello algo se pierde después de diecinueve películas. El riesgo de que el espectador, especialmente el más joven, se termine acostumbrando a un cine de fórmula y poco riesgo artístico, es real. Marvel Studios ha abierto una puerta por la que millones de nuevos cinéfilos han entrado a este mundo maravilloso que nos regala el cine, pero haría mal en contribuir a que ese público se quede encerrado entre las paredes de ese tipo de cine comercial. Corresponde motivarnos y motivar a otros a abrir bien los ojos, disfrutar del universo que Thanos quiere destruir sin perder de vista que el cine es mucho más que la búsqueda de seis gemas y un montón de superhéroes.

(Publicado originalmente en el suplemento dominical “Semana” del diario El Tiempo de Piura, el 6 de mayo de 2018).

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