Festival de Lima 2018: Se estrena “Todos somos marineros” de Miguel Angel Moulet

El joven realizador Miguel Angel Moulet es uno de los cineastas peruanos de su generación cuya carrera debemos seguir de cerca. El talento demostrado en su trabajo en el cortometraje así lo respalda: el 2012 gana con “Los anfitriones” uno de los premios más importantes obtenido por un peruano en el Festival de Cannes. Ese año fue premiado en el Cinéfondation, una sección que presenta cortometrajes enviados por escuelas de cine de todo el mundo. Este reconocimiento lo recibió nada menos que de manos de Jean-Pierre Dardenne, presidente del jurado.

Es así que la expectativa por ver “Todos somos marineros”, su primer largometraje, no es poca, considerando además que llega a la Competencia de ficción del 22 Festival de Lima en calidad de estreno mundial. Conversamos entonces con su director, Miguel Angel Moulet, a horas de llegar al final de la larga travesía que ha sido la producción de su ópera prima, una película cuyos personajes principales son marineros rusos varados en un puerto de Chimbote, un filme hablado en ruso. Una rareza que hay que ver:

Sinopsis: Tolya, su hermano y el capitán viven en un buque pesquero varado frente al puerto de Chimbote. La empresa quebró, el barco no pesca desde hace ocho semanas y los demás tripulantes han regresado a sus países. Sin dinero y con una mínima perspectiva de cambio, Tolya intenta adecuarse a una nueva forma de vida en tierra firme.

¿Cómo se origina este proyecto? La premisa parece bastante peculiar: una historia de rusos, en un puerto peruano…
La idea se me ocurre el año 2009, cuando estudiaba en la Escuela de Cine de Cuba (EICTV), durante mi segundo año en la Cátedra de Guion. Teníamos un ejercicio de escritura que consistía en adaptar una obra de teatro a cine, “El Mercader de Venecia” en este caso, y para eso tuvimos a Manfred Pfister como profesor, un hombre apasionado como él solo, muy querido y generoso que podía pasarse 6 horas analizando la primera línea con que inicia la obra. Mi inglés es espantoso, por no decir nulo, pero si mal no recuerdo, traducido al español, el personaje de Antonio dice algo así como: “La verdad, no sé porqué me siento tan triste”. Ese taller me hizo recordar un reportaje que vi años atrás en un programa dominical, en él pedían ayuda para 3 marineros varados en un barco inmenso cerca del puerto del Callao; lo curioso de esto, al menos para mí, es que les preguntaban qué hacían para no aburrirse o si querían volver a sus países y los marineros no decían mucho, parecían acostumbrados a la situación, parecían acostumbrados a esperar. ¿A esperar qué? Quién sabe. Bajaban al puerto cada tanto para que les regalaran verduras y detergente en un mercado de la zona y así sobrevivían ya varios meses en Perú: el otro lado del mundo para ellos. Sin electricidad, sin familia, incluso sin hablar porque decían que ya se conocían demasiado.

Fue una suma de ideas: Antonio; los marineros del reportaje; una temporada en Montréal durante el 2011, a menos 20 grados, por una beca de estudios; y por supuesto un millón de cosas más ayudaron a que me fuera decantando por esta nueva historia y escribiera el guion, allá por el año 2013, cuando trataba por todos los medios de conseguir el financiamiento para mi primer proyecto de largo, “El día del pez”, y no lo conseguía.

¿Encuentras puntos de conexión entre tu cortometraje “Los anfitriones” y este tu primer largometraje?
Supongo que sí. Los hice yo, ¿no? (risas). Es inevitable que haya algo que una ese corto con este primer largo.

En una película como la tuya, uno encuentra como un acierto el trabajo de los “no actores” en los papeles principales. ¿Esta fue una elección desde un inicio del proyecto?
Fue una elección desde el principio, como con el corto, y como será también con el próximo largometraje. Estuvimos buscando gente de Europa del Este por todo Lima y Chimbote y así fue como llegamos por el lado de los extranjeros a Andrey Sladkov (Tolya), Ravil Sadreev (Vitya), a Igor Kondyakov (el capitán del barco), y a Svetlana Kozitskaya (cantante y traductora en el set). Por el lado de los peruanos nos recomendaron mucho a Alejandro Vargas Vilela, de Trujillo. Omar Forero tuvo la gentileza de invitarnos a ver un corte de su película “Casos complejos” donde participa Alejandro, así fue que lo vimos y lo invitamos a trabajar con nosotros. Julia Thays y Beto Benites, si bien son actores con trayectoria, trabajaron mucho también con los actores no profesionales y, por ejemplo, en el caso de Julia, me aguantó más de un fin de semana porque íbamos temprano a varios mercados para encontrar el perfil de su personaje y desarrollarlo según sus propias cualidades. Ensayamos bastante con todos una vez que decidimos que trabajaríamos juntos. Hablo en plural porque trabajamos el casting con Luz Tamayo y los ensayos con Olivia Manrufo, Abel Hernando y Elías Candia, colegas amigos del equipo de dirección.

Alguien que no sepa previamente sobre tu película, al verla puede pensar que se trata de una producción europea, por su ritmo, idiomas y tratamiento audiovisual. ¿Te preocuparía que no sepa distinguir de dónde proviene la película?
No creo que esa debiera ser una preocupación. Y sí, es algo que buscaba intencionalmente por la historia de desarraigo que viven los personajes.

Nos parece atractiva la metáfora del “puerto como lugar de tránsito”, y que en tu filme los personajes más bien se encuentran estancados, lucen desesperanzados. Ahí surge la interrogante central de tu historia: ¿Cómo adaptarse a una nueva vida, en lugares ajenos? ¿Puedes comentarnos algo a partir de esta lectura de tu película?
Pues sí, es una lectura muy válida y concienzuda a partir del contexto dramático de los personajes. En todo caso, aunque eso ya no depende de mí, porque cada quien interactúa con la película que se lleva consigo, obviamente a partir de lo que se proyecta, debo decir que no hubo ni hay intención expresa de hacer uso de metáforas. Me parece que las metáforas se pueden disparar por cualquier parte, empalagar, faltarle el respeto a los espectadores, a veces, por ser atajos fáciles si no se trabajan bien. Pueden ser pedagógicas también, limitar las lecturas. Ahora bien, si algo puedo decir y no quedar en posición adelantada, es que si bien es palpable el problema de la adaptación en la película, por el idioma por ejemplo, me atrae más la idea de explorar qué hacen los personajes toda vez que deciden o reaccionan al entorno en el que se encuentran. Y por dónde los lleva su moral.

Sobre el proceso de producción, ¿cómo realizaste la película?, ¿cómo se dio la coproducción con “Monte y Culebra”?
La película se financió con el Premio del Concurso de Producción 2015 del Ministerio de Cultura de Perú (DAFO) y con el Premio del Programa Ibermedia-Coproducción 2016. Monte y Culebra es una productora joven -al igual que El Navegante Films de Perú- de colegas y amigos de República Dominicana que conocí en la EICTV.

El debutante Alejandro Vargas Vilela protagoniza dos filmes en el Festival de Lima: aquí aparece en “Todos somos marineros”, y también lo veremos en la trujillana “Casos complejos”.

“Todos somos marineros” también toca un tema sensible: los problemas de comunicación y migración y abandono en un mundo global. Vemos que tu próximo proyecto “El día del pez” también aborda de alguna manera esa problemática. ¿Son coincidencias o buscas que sea un tema recurrente en tu cine?
Son coincidencias. Producto de una situación natural, entiendo, porque como te contaba antes intenté conseguir durante varios años la financiación para “El día del pez”, un proyecto más ambicioso que transcurre entre Japón y Perú, y al no poder conseguirla opté por hacer algo más aterrizado, en cuanto al tema económico, aunque seguramente con la misma carga emotiva que tenía para “El día del pez”. De ahí que haya un coqueteo temático entre ambos proyectos, ambos proyectos asumidos como un posible díptico a estas alturas, pero cada cual con un universo propio.

¿Qué más puedes adelantarnos de tus próximos proyectos?
Hemos ganado el Concurso de Producción 2017 del Ministerio de Cultura de Perú (DAFO), con “El día del pez”, ¡finalmente!, luego de trabajar en él desde el 2010. Y ahora mismo estoy reescribiendo el guion solo, luego de trabajar dos semanas con Eliseo Altunaga (consultor de guión de “Una mujer fantástica”, “No”, “Post Mortem”) como hicimos antes con “Todos somos marineros”. A la par, como para romper con esa línea temática que mencionabas antes entre “Todos somos marineros” y “El día del pez”, y también para oxigenar la cabeza un poco, estoy trabajando en un argumento para un tercer largometraje que transcurriría íntegramente en la sierra. Pero así como van las cosas ya eso será para cuando volvamos del Mundial de Qatar (risas). Total, paciencia no me falta.

Por último, ¿cómo ves el estado del que podríamos llamar “cine independiente peruano”, el “cine no comercial”?
Hablaba hace unos días con un colega sobre lo mismo y me dijo algo que me dejó pensando: “¿Pero en Perú acaso no todo el cine es independiente? Me gustaría decirles algo profundo, algo sesudo al respecto. Algo que no suene a revancha ni queja, sobre todo a queja, porque la verdad es que no tendría cara para hacerlo. ¿Por qué? Porque trabajo mucho en mis proyectos, mucho, insisto, no sabes cómo… Pero puedes trabajar muchas horas-hombre y aún así no acceder a un apoyo financiero, como me pasa la mayoría de veces. Y te frustras. Y piensas que el año siguiente te irá mejor. Y durante esos meses te das cuenta de que nadie te obliga a hacer una película. Absolutamente nadie. Y te desanimas. Pero pasan los días y Olivia mi esposa, un cuento de Ribeyro o una película que consideras terrible te vuelve a animar. Y al año siguiente llegas al pitch de la DAFO, a los finalistas, y por esas cosas de la vida: ¡ganas! Y pasas un nuevo año pensando en cada plano, en cada foley fuera de cuadro, en el famoso corte en movimiento que te empieza a aburrir. Y te mudas a provincia con amigos y con mucha gente talentosa y vives en un barco prestado durante 11 días, valorizado en 6 millones de dólares, y haces la película. Y cuando la haces, por fin, luego de años de tenerla taladrándote el cerebro, te explican que el exhibidor de cines comerciales tiene más de 54 películas al año, por contrato, con quien paga el colegio de sus hijos, y que las semanas del año no alcanzan para que pase todas esas películas, y ya pues, hermanito, encima la tuya, que no es lo que se conoce como estrictamente comercial. Entonces secretamente esperas que hagan algo con la ley de cine, quien sea, alguien, por favor, piensas en el posible apoyo de las municipalidades, en lo que pasa en Argentina o Colombia. Sí, voluntad política, repites como un autómata. Todo se trata de voluntad política. Pero enciendes la tele y escuchas un audio infame. Y te indignas. Y quieres salir a protestarle en la cara a todos esos tipos. Pero no te da el día porque tienes que ir a trabajar. Subes al bus, tarde ya, viendo por la ventana con tu cara triste de videoclip, voluntad política, te calmas pensando en esa nueva historia que te gustaría escribir y ver algún día en pantalla grande, ¿no?

Entrevista: César Venero Torres
Edición: Laslo Rojas

Horarios de proyección:

5 agosto – 9:45 p.m. – Sala Roja (CCPUCP)
9 agosto – 7:15 p.m. – Cineplanet Alcazar 6
10 agosto – 2:45 p.m. – Cineplanet Alcazar 6

Todos somos marineros

2018 – 105 min
Dirección y guion: Miguel Angel Moulet
Fotografía: Camilo Soratti
Edición: Nino Martínez Sosa
Sonido: Nicolás Tsabertidis, José Homer Mora
Dirección de arte: Aarón Rojas
Producción: El Navegante Films en coproducción con Monte & Culebra
Idioma original: ruso, español

Intérpretes:
Andrey Sladkov, Ravil Sadreev, Julia Thays, Gonzalo Alejandro Vargas Vilela, Igor Kondyakov, Beto Benites

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1 comentario

  1. […] que es una ex alumna de la universidad, ella trabaja con varios chicos. Macarena antes trabajó en “Todos somos marineros” de Miguel Angel Moulet, como productora de campo. Y en la edición está Sandra Rodríguez. La idea […]

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