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[Crítica] «¡Shazam!», la película más sólida del Universo DC

Luego del desastre de “La Liga de la Justicia”, no resulta sorprendente que DC esté haciendo un “borrón y cuenta nueva” con “¡Shazam!”. A diferencia de aquel decepcionante blocksbuster dirigido por Zack Snyder y corregido (o arruinado, dependiendo de a quién le preguntes) por Joss Whedon, “¡Shazam!” es un filme que fue concebido como una experiencia más ligera y graciosa desde un inicio. La cinta no podría ser más opuesta a los esfuerzos oscuros, complejos, enredados y hasta deprimentes de Snyder — “¡Shazam!” se siente más como una comedia familiar, una película en la que los niños pueden convertirse en superhéroes y, a pesar de todo, pasarla bastante bien. Súmenle a esto un mensaje sobre la importancia de la familia y la amistad, y la película, aunque jamás infantil, definitivamente es más apropiada para los más pequeños de la casa que cualquiera de las otras películas recientes de DC. Hasta se podría decir que, en tono, se parece más a lo que Marvel ha estado haciendo durante los últimos diez años.

Lo cual, felizmente, no quiere decir que “¡Shazam!” sea una copia barata de cualquiera de las películas del Universo Marvel. El filme hace lo suyo, desarrollando una premisa más parecida al clásico ochentero “Quisiera ser grande”, con Tom Hanks, que a cualquiera otra película de superhéroes que hayamos visto recientemente. No, “¡Shazam!” no carece de efectos especiales o batallas espectaculares, pero se mueve a menor escala, haciendo mayor énfasis en la caracterización de sus protagonistas, y en el arco por el que tienen que atravesar. Por ende, el filme termina sintiéndose más humano, más interesado en permitirle al espectador empatizar con los personajes, que en emocionarse con efectos digitales por montones, y peleas largas y monótonas. Sí, un “borrón y cuenta nueva”, efectivamente.

El protagonista de “¡Shazam!” es Billy Batson (Asher Angel), un huérfano de 14 años que se ha pasado la vida escapándose de diferentes hogares para buscar a la madre que lo perdió cuando era mucho más pequeño. No obstante, luego de burlarse de un par de policías y cometer un crimen menor, es enviado a un hogar manejado por una adorable pareja, en la que se hace amigo —a regañadientes— de Freddy Freeman (Jack Dylan Grazer), un fanático de los superhéroes que tiene que andar en muletas todo el tiempo.

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Por más que todavía tenga ganas de escaparse, parece que Billy no puede deshacerse de Freddy, lo cual está muy bien, pues será su compinche quien lo ayude cuando Billy es llamado por el mago Shazam (Djimon Hounsou, quien también apareció en “Capitana Marvel” hace unas semanas) y convertido en su Campeón. Esto significa que, ahora cada vez que grite la palabra “¡Shazam!”, Billy se convierte en un superhéroe fornido y con cara de Zachary Levi. Sin embargo, siendo un adolescente rebelde acompañado siempre por un chico con incluso menos criterio, Billy no se comienza a comportar como un héroe. Más bien, parece estar más interesado en hacer bromas, firmar autógrafos, y cargar los celulares de la persona. Felizmente, todo esto cambia cuando el villano de turno entra a tallar —el Dr. Thaddeus Sivana de Mark Strong quiere el poder de Shazam, y hará de todo por cumplir su cometido.

El tono de “¡Shazam!” es ligero e hilarante —es decir, el total opuesto a lo que vimos en las dos primeras películas de DC de Zack Snyder. El filme nunca se toma demasiado en serio a sí mismo, burlándose ligeramente de los clichés del cine de superhéroes, incluso admitiendo que tanto el traje como el nombre del mago (y por ende, del héroe) son un poco absurdos. “¡Shazam!” no llega a ser tan satírica como “Deadpool” (ni tan irreverente), pero tampoco parece contentarse con seguir la estructura clásica de un filme de superhéroes. El simple hecho de que se enfoque en un par de adolescentes, por ejemplo, hace que se sienta bastante refrescante, más similar en tono a, por ejemplo, “Spider-man de vuelta a casa”, que a un “Iron Man”, o por supuesto, un “Batman v Superman”.

La película incluso decide diferenciarse a nivel temático. La mayor parte de filmes de superhéroes siguen el clásico Viaje del Héroe de Joseph Campbell, en donde todo lo relacionado al protagonista es lo más importante —sus demonios interiores, sus tragedias personales, sus poderes, sus responsabilidades, sus preocupaciones. “¡Shazam!”, sin embargo, argumenta que un héroe no debería estar tan ensimismado, y que no está del todo mal que piense en los demás y, más importante, que reciba ayuda para cumplir sus cometidos. Es más, “¡Shazam!” menciona tanto la importancia de la familia que por momentos parece una película de “Rápidos y furiosos”, pero felizmente todo es en servicio de una historia que le tiene mucho cariño a sus protagonistas, y que los considera como seres empáticos, imperfectos y muy humanos. Lo mejor de Billy y Freddy es que no son dioses invencibles ni alienígenas superpoderosos o ninjas multimillonarios —son un par de chicos algo irresponsables, cuyas responsabilidades asustarían a los adultos más valientes que uno pueda encontrar.

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Zachary Levi está muy bien como el héroe del título. Su considerable carisma ayuda a que se sienta más como una versión endiosada o agrandada de Billy, y no tanto como una caricatura difícil de creer. Es hilarante, es simpático, y es creíble como un adolescente atrapado en el cuerpo de un adulto musculoso. Asher Angel no está mal como Billy, pero el hecho de que tenga menos minutos en pantalla que Levi no ayuda, especialmente durante sus momentos más dramáticos. Por otro lado, el Freddy de Jack Dylan Grazer termina siendo el personaje más memorable de “¡Shazam!” —me hizo recordar, tanto en aspecto como en actitud, a Fred Savage (pero incluso más geek, si acaso eso es posible). Y Mark Strong destaca como el villano de turno —es intimidante, es asombroso, es poderoso, y es el opuesto total de Billy; un hombre con orígenes y ambiciones similares a las de nuestro protagonista, pero que se dejó consumir por la envidia, la ambición y la venganza.

“¡Shazam!” es la película más sólida del Universo DC junto a “Mujer maravilla” y “Hombre de acero”. Es la prueba máxima de que la famosa compañía de cómics es capaz de desarrollar películas divertidas y frescas, que no dependan demasiado de referencias a otros héroes ni de un tono lúgubre y deprimente. Se trata, pues, de una cinta muy entretenida y ligera, que maneja un tono similar al de los proyectos de Marvel sin sentirse como una copia, y que representa, al menos para este crítico, un muy buen reseteo para la franquicia. Y lo mejor de “¡Shazam!” es lo que deja a uno con ganas de volver a ver a estos personajes. Se me ocurren muchos temas y situaciones que podrían explotar en una secuela; espero que no se apuren y se animen a continuar las aventuras de Freddy, Billy y su poderoso alterego de manera pausada y con paciencia. Valdría la pena.

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