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[Crítica] «Judy»: Renée Zellwegger regresa en gran forma

El objetivo más importante de un biopic no es el de relatar la mayor cantidad de eventos importantes en el menor tiempo posible, o el de tratar de incluir la vida entera de una persona en tan solo dos horas de metraje. De hecho, la mayor parte de filmes de este estilo sufren de un mismo problema: tratar de contar demasiado en muy poco tiempo, lo cual convierte, en muchos casos, a sus protagonistas en meras siluetas de un ser humano de carne y hueso, en vez de personajes creíbles y bien desarrollados. No; lo que un biopic debe hacer, en todo caso, es retratar a su protagonista de la manera más verosímil y humana posible, haciendo que el espectador comprenda quién fue y por qué hizo lo que hizo. No importa si se trata de una cantante, de un actor, de un político o de una chef; el foco del guion y la dirección deben siempre estar en la caracterización de dicha persona.

“Judy” ciertamente trata de hacer esto. Después de todo, maneja dos líneas narrativas en paralelo, precisamente para tratar de explicar algunos de los problemas con los que tiene que lidiar su protagonista durante sus últimos años de vida. En una, la actriz Judy Garland es interpretada por una impecable Renée Zellweger, y la vemos durante sus años más complicados, aceptando una serie de shows en un night club de Londres manejado por Bernard Delfont (Michael Gambon). Y en la otra, la vemos de niña en el set de “El mago de Oz” (interpretada por Darci Shaw), siendo abusada por Louis B. Mayer (Richard Cordery), obligada a seguir una estricta (y poco saludable) dieta para que no vaya a engordar ni un kilo, trabajando más de quince horas seguidas para mantener su status como estrella de Hollywood.

Desgraciadamente, “Judy” no logra mantener un buen balance entre ambas líneas narrativas. El foco, comprensiblemente, está en la versión adulta de Judy Garland, quien resulta ser una maraña de ansiedades y actitudes fuera de control, pero los flashbacks a la época de “El mago de Oz” resultan ser tan intrigantes, que uno se queda con ganas de ver más. De hecho, hasta sería interesante ver una película entera dedicada a aquella época —hasta donde yo sé, no se ha producido ningún largometraje sobre Louis B. Mayer y el desarrollo de sus más famosas producciones. Considerando la manera en que es caracterizado en “Judy” —y que existen muchas otras historias relacionadas a sus abusos y a su supuesto “perfeccionismo”—, no me cabe la menor duda de que terminaría siendo un fascinante sujeto de estudio para una película de gran ambición.

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Pero me estoy desviando. Lo bueno, en todo caso, es que incluso si uno considera el desequilibrio anteriormente mencionado entre ambas líneas narrativas, “Judy” igual sigue siendo un biopic bastante eficiente. Se trata de una cinta que nos muestra a una Judy Garland muy alejada de sus épocas de oro, adicta a los cigarrillos, peleando siempre por la custodia de sus hijos. Puede que sea una muy buena madre —los niños ciertamente piensan eso—, pero debido a su estilo de vida, le cuesta mucho el poder mantenerlos y llevarlos al colegio. Es ahí donde entra a tallar su ex marido, Sidney Luft (el siempre infravalorado Rufus Sewell) quien, felizmente, no es retratado como un villano de telenovela. ¿Qué le conviene más a los niños? ¿Un padre poco cariñoso y de moralidad cuestionable pero dedicado y con tiempo y recursos, o una madre amorosa, pero sin dinero y con un estilo de vida complicado? El filme no nos da respuestas fáciles.

“Judy” también se ocupa en mostrarnos que, a pesar de haber sido operada de la garganta, Garland todavía tenía ese je ne seis quoi en 1969 como para poder llenar diversos shows y deslumbrar al público con su potentísima voz. Es ahí donde uno ve los rastros de la Judy Garland de antaño: una mujer que sabía manejar a su público, y que los dejaba anonadados gracias a sus considerables talentos musicales. Son estos breves momentos de genialidad los que contrastan, más bien, con sus borracheras y su estrés postraumático, donde comienza a dudar de sí misma, recordando los abusos que sufría de niña, dándose cuenta que a muy poca gente le importa ella como persona. Como suele pasar en estos casos, el público no termina siendo muy comprensivo (se sienten con el derecho de abuchear y arrojar cosas, ¡porque pagaron mucha plata para ver un buen show, maldición!). Es una verdadera pena.

Mucho se ha escrito ya sobre la interpretación de Renée Zellwegger, a quien no veía hace tiempo en una película. Su trabajo como Judy Garland es simplemente espectacular. Utilizando una peluca, cambiando la manera en que habla y se mueve, y en general, convirtiéndose en Garland, realmente logra darle vida a una película por momentos genérica, permitiéndole al espectador entenderla y relacionarse con ella. Se trata de una figura por momentos trágica, pero que es interpretada con gracia y elegancia por Zellwegger, quien brilla incluso más en las escenas donde debe cantar. Se trata de una actuación que estoy seguro será nominada a los Premios Oscar y, espero, a otros más. Definitivamente lo merecería.

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Agradezco que “Judy” se enfoque en dos períodos de tiempo específicos en la vida de Garland, lo cual le permite concentrarse en la caracterización de dicha actriz legendaria, y en la manera en que sus inicios afectaron algunas de sus decisiones y actitudes durante los últimos días. Sin embargo, no puedo evitar sentir que, en ciertos aspectos, se trata de una cinta algo genérica, especialmente durante el segundo acto, donde el ritmo baja un poco, y la historia comienza a caer un poco en el tedio y la redundancia. Mucho de esto se ve compensado, sin embargo, por el trabajo de Renée Zellwegger, quien está excelente en el papel principal. Puede que “Judy” no sea el biopic que Garland merezca (insisto, sería genial ver una cinta enfocada principalmente en sus “años de gloria”), pero la notable actuación central de Zellwegger y la temática intrigante y llena de potencial son suficientes como para que valga la pena ver el filme en la pantalla grande.

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