[Crítica] «Juliana» (1989), un reestreno a celebrar

La recordada película peruana «Juliana» ha sido reestrenada esta semana luego de haber sido remasterizada, gracias a una iniciativa de Guarango Cine y Video. Tres décadas después del éxito que alcanzó en su momento, «Juliana» esta vez busca demostrar su vigencia. 

La película nos presenta la historia de una niña de 13 años (interpretada por Rosa Isabel Morffino), en la Lima tugurizada de los años 80, encontrando su propio camino, enfrentándose a  su padrastro y a Don Pedro, su empleador. Figuras que representan el abuso y la dominación imperante en nuestra sociedad desigual y machista. El film exhibe esa violencia normalizada a través de los siglos en nuestra realidad. Violencia que ahora es un tema en discusión y que ha adquirido visibilidad debido al incremento de sus cifras en los últimos años. Convirtiendo tristemente al Perú uno de los países más peligrosos para las mujeres dentro de América Latina. Esto se refleja en un reporte del último año, donde el 87% de los casos de violencia son contra las mujeres, frente a un 13% hacia los hombres.

El Grupo Chaski decidió representar esta realidad en el año 1989, la marginalidad y pobreza -con todo lo que esto conlleva- con el trabajo infantil y la falta de oportunidad para los estudios. El grupo encabezado por Fernando Espinoza y Alejandro Legaspi se atrevió a mostrarnos, con una estética realista, el drama que atraviesan los niños de la calle, convertidos en cantantes de microbuses, vendedores ambulantes o mendigos, bajo la explotación de terceros. En el caso de Juliana, además luchando en un mundo donde parece no haber espacio para ella. Es así que ella se atreve a cuestionar a su madre por soportar los maltratos de su esposo, decidiendo huir de casa para luego ir generando cambios importantes en los personajes que encuentra en su camino. 

La determinación que apreciamos en el transcurso de la historia convertirán a la protagonista en una suerte de heroína para quienes la rodean. Pero esta no es una historia de emprendimiento, es una historia de rebeldía con esperanza, con solidaridad y compañerismo. Este es un panorama que podemos apreciar de esta forma pues en esta película se ha virado la cámara en una dirección donde normalmente no se habían puesto los ojos, convirtiendo a los niños de la calle en los protagonistas. Los monólogos documentales de los pequeños protagonistas, que se presentan en un momento de la película, nos insisten en que observemos de cerca cada historia individualmente.

«Juliana» expone una belleza nada superficial, con referentes muy presentes y en discusión, como son la desigualdad social, la pobreza, la violencia de género y la explotación. La película está nuevamente en las salas de cine con la ilusión de transformar esas miradas que muchas veces son de indiferencia.

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