[Crítica] Berlinale 2020: «El prófugo», la argentina en competencia

El prófugo, segundo largometraje de la realizadora argentina Natalia Meta, es protagonizado por Érica Rivas quien le da vida Inés. Ella es una mujer de mediana edad que disfruta de una buena vida, la cual gira en torno a su voz. Por un lado trabaja haciendo doblajes de peliculas de terror-erótico y por otro, es sopranista en un coro de renombre.

Los sueños son asunto privado

El misterio inicia cuando Inés se va de vacaciones con el irritante y patético Leopoldo (Daniel Hendler), un hombre que no solo quiere el amor, sino tambien absoluto control sobre la vida de su pareja. El quiebre surge cuando Inés despierta de un sueño en el que se le escapa el «Te amo» que Leopoldo tanto ansiaba. Este, incrédulo, exige saber los detalles del sueño. Inés se niega y tiene que encerrarse en el baño para liberarse de las preguntas de Leopoldo. Pocos minutos después, este aparece muerto en la piscina del hotel. Aparentemente, Leopoldo se ha quitado la vida de un salto.

En la siguiente secuencia, Inés parece haber retomado su ritmo de vida, con ayuda de psicotrópicos y terapia. Sin embargo, poco a poco su situación se vuelve insostenible. ¿Qué ha pasado realmente y quién es el culpable de la muerte de Leopoldo? La última pregunta se torna irrelevante a medida de que los sucesos inexplicables y paranormales aumentan en el día a día de Inés.

El sonidista con el que ella trabaja desde siempre, percibe ruidos extraños que se filtran en sus grabaciones. Tras varios intentos de encontrar la falla técnica, una actriz amiga les menciona el tema de los prófugos: Los ruidos que se escuchan serían señales de que alguien que normalmente solo existe en los sueños de Inés, se ha filtrado al mundo real. Inés es escéptica al principio, pero recuerda que poco antes de la muerte de Leopoldo, ella soñó en el avión que una azafata le ofrecía asesinarlo juntas.

Los sucesos inexplicables aumentan y van mucho más allá de las cabinas de grabación en las cuales ella trabaja.  Por las noches, un ser indescriptible se camufla bajo las sábanas de Inés. Su expareja aparece y desaparece repentinamente, a pesar de estar muerto. Todo tratamiento médico es inútil cuando se trata de liberar a Inés de los ruidos filtrados en su voz. Su oficio está en peligro y es así que decide tomar medidas menos convencionales, a recomendación de su colega, la actriz.

Entre dos mundos

En algún punto de la película, es casí imposible saber diferenciar entre la realidad, la imaginación y los sueños de Inés. ¿Quién es real y quién no? Y sobre todo, ¿quién es el prófugo? Inés comienza a desconfiar de sus seres más cercanos. Pero ella no es la única a quien le surgen dudas. La directora Natalia Meta logra hacer dudar al espectador respecto a sus propias percepciones. La ficción le sirve de herramienta para crear un escenario bastante plausible, en el cual lo onírico se mezcla necesariamente con lo establecido.

La particularidad de «El prófugo» consiste en la gracia con la que este psico-thriller incluye elementos de otros géneros, pasando incluso por la comedia. Es precisamente esto lo que algunos críticos resaltan al decir que el film «no es un verdadero thriller». Ese juicio es, a mi parecer, inadecuado. El cine no es necesariamente tierra fértil para puristas, por el contrario, este brinda -de manera semejante a la literatura- materia prima para experimentar. Si bien «El prófugo» se basa en la novela de terror Un mal menor del escritor argentino Carlos Eduardo Feiling, Natalia Meta dejó bien en claro en la conferencia de prensa en la Berlinale, que su idea no era hacer una adaptación. 

«El prófugo» juega con el anhelo colectivo de saber qué pasa cuando (por lo menos una parte de) los sueños se vuelven realidad. El trabajo de cámara permite respirar la atmosfera que rodea a Inés, sus miedos y dudas, logrando desorientar al espectador. El uso de las sombras genera una clima de tensión constante. Y definitivamente el diseño de sonido es impresionante, tal es así que logra hacer del ruido un personaje principal y escarapelante.  

Si hay críticas estas podrían ser, en mi opinion, por lo poco que llegamos a conocer al personaje de Inés. Si bien el espectador vive en tiempo real todo lo que ella siente, Inés permanece hasta el final, una desconocida. Alguien de quien no se sabe nada, más alla de su profesión y sus traumas. Por otro lado queda claro en la descripcion del filme, que la idea no es un estudio de carácter, sino una película que nos ponga los pelos de punta y nos entretenga al mismo tiempo. Eso se logra definitivamente. 

Sin embargo, es poco probable que «El prófugo» tenga chances reales de llevarse uno de los tan preciados Osos. La Berlinale tiene, por lo menos desde la era Dieter Kosslick, películas con elencos de peso en la competición principal. Desde un principio es bastante claro que el rol de estos filmes no es principalmente la competición, si no más bien mantener y/o elevar el prestigio internacional de la Berlinale, por ser un peso conocido. A mi parecer, es este precisamente el caso de «El prófugo». 

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