En Paris Calligrammes (2020), la directora y artista polifacética Ulrike Ottinger rememora sus vivencias en la capital francesa durante la década de los 60, temporada clave no solo para la nación, sino también para la movida intelectual del continente.

La alemana contempla con encanto todo lo que aprendió y percibió durante esa época. Es básicamente un historial de su codeo con el circuito cultural, el francés y el proveniente de muchas partes del mundo. Fue además ámbito que le sirvió de fuente de inspiración para su ejercicio como pintora o directora a posteridad. Paris Calligrammes se estructura como si se tratase de una visión ensayística. Ottinger secciona su documental en capítulos, según tópicos, escenarios, rutinas o perspectivas socioculturales.

El común entre estas es que en todas se manifiesta el goce de una joven descubriendo un contexto multifacético, lo que a su vez la alentó a descubrir su propia identidad artística. Todo un regimiento de nombres conocidos desfila en los recuerdos de la anfitriona de este documental. Filósofos, poetas, el mimo francés, jazzistas neoyorquinos, cinéfilos.

Un apartado está dedicado a la Cinemateca Francesa. Inevitable que Ulrike Ottinger no deje de mencionar a Henri Langlois, por entonces, director del espacio fílmico, mirador voraz de películas, difusor efusivo del cine, forjador de generaciones que amaron y se dedicaron al séptimo arte. Hay datos puntuales, aunque excitantes para cualquier amante del cine. Es lo mejor del documental, a mi perspectiva.