Solo el mar nos separa (Only the Ocean Between Us, 2021) es el primer largometraje documental realizado en conjunto por dos directoras sirias refugiadas en Jordania, y dos nativas shipibas radicadas en Lima. El film nos presenta cuatro íntimas historias de resiliencia, de conexiones entre desplazados, relatos de enorme fuerza y poder, dirigido y protagonizado por Khaldiya Amer Ali (Siria, 1997), Marah Mohammad Alkhateeb (Siria, 1999), Karoli Bautista Pizarro (Ucayali, 2001) y Christy Cauper Silvano (Loreto, 2001).

En este documental filmado en primera persona, cada joven realizadora captura su propio medio ambiente, invitando a sus otras colegas a experimentarlo junto a ella. Lo que surge de este intercambio cinematográfico retrata una inesperada historia de sororidad, forjada a través de luchas y alegrías compartidas, en el proceso de construir un hogar y una familia, en medio de una realidad agreste e incierta, a ambos lados del océano.

Karoli y Christy crecieron en la comunidad shipiba de Cantagallo, ubicada en el Cercado de Lima, la cual desde el año 2000 albergaba a cerca de 300 familias de migrantes provenientes de la región amazónica. Cantagallo, como es tristemente recordado, fue arrasado por un incendio a fines del 2016. Por su parte, Khaldiya y Marah, originarias de Dara’a, ciudad localizada al suroeste de Siria, viven desde el 2013 en el campo de refugiados de Za’atari, el segundo más grande del mundo, ubicado en Jordania.

A lo largo de dos años de grabaciones, las realizadoras profundizaron su amistad mediante el intercambio de video correspondencias, así como a través de llamadas de Skype, y mensajes de WhatsApp (adornados con muchos emojis, según nos cuentan más adelante, para ayudar a salvar las barreras de sus distintos idiomas). El documental transita entre escenas de su intimidad doméstica, los exteriores de su vida diaria en sus barrios y comunidades, y algunos intermedios de reflexiones donde dan voz a sus anhelos más personales. A medida que esta correspondencia progresa, las jóvenes directoras descubren muchos paralelos en sus luchas por reconocimiento y permanencia, y comienzan a obtener fuerzas de sus cada vez más estrechos lazos de amistad.

Solo el mar nos separa“, una realización entre EE UU, Perú y Jordania, que cuenta con el respaldo y apoyo del colectivo Another Kind of Girl, fue coproducida también por cuatro mujeres, las estadounidenses Laura Doggett y Elizabeth (EB) Landesberg, la peruana Lali Madueño Medina, y la estadounidense-jordana Tasneem Toghoj. Con motivo de su reciente estreno mundial en el Hot Docs Fim Festival, en Canadá, conversamos a continuación -en extenso, como amerita la ocasión- con las directoras y productoras de este valioso y singular documental:

Primeramente, quisiéramos conocer sobre el proyecto Another Kind of Girl y su interés por producir obras audiovisuales de carácter social. ¿Cómo surge? ¿Cómo se sostiene?
Another Kind of Girl Collective (AKGC) es un colectivo de artes visuales para y por mujeres jóvenes que viven en comunidades desplazadas, migrantes o transitorias de todo el mundo para conectarse y cocrear. En cada comunidad, trabajamos con líderes de base y organizaciones locales para seleccionar participantes y diseñar una serie de talleres de vídeo documental, audio, fotografía y escritura, específicos para las necesidades, los valores y la cultura de sus comunidades. Nuestro trabajo se basa en relaciones íntimas y a largo plazo con estas niñas y mujeres jóvenes, y juntos creamos un espacio seguro y desafiante para la autoexpresión y la creación artística. Nuestro proceso de colaboración se guía por las sensibilidades artísticas de las propias jóvenes y por los medios y opciones estilísticas que encuentran más expansivos para contar sus propias historias.

Estos talleres inician un proceso de profunda tutoría, formación y colaboración, entre ellas, con las comunidades locales y con las miembros del colectivo en todo el mundo.

Al trabajar más allá de las fronteras, AKGC contribuye a la solidaridad, el entendimiento y el poder colectivo entre las mujeres jóvenes de las comunidades que luchan por el reconocimiento político, la tierra o el territorio, y los derechos humanos básicos. La visión más amplia es que las integrantes del colectivo viajen con exposiciones y a través de programas que ellas mismas curen, conectando con niñas y mujeres jóvenes de comunidades similares a las suyas, enseñándoles y aprendiendo de ellas. Nuestro enfoque a largo plazo implica invertir en el desarrollo profesional de las artistas de AKGC, proporcionándoles más formación, equipamiento y acceso a oportunidades remuneradas y redes profesionales. A su vez, estas jóvenes aplican sus habilidades y experiencia a la transformación de su comunidad.

Las raíces del Colectivo Another Kind of Girl surgieron de nuestro primer taller con mujeres jóvenes de Siria, en un espacio del Campo de Refugiados Za’atari, en Jordania. Continuamos nuestros talleres con adolescentes sirias en campos de refugiados, en comunidades urbanas de refugiados y en asentamientos informales de tiendas de campaña. AKGC amplió nuestro colectivo más allá de Jordania mediante nuestra primera colaboración cinematográfica transfronteriza con jóvenes artistas de otra comunidad desplazada: adolescentes indígenas shipibo-konibo de Cantagallo, Lima, Perú. 

Nuestro colectivo se sostiene con cada proyecto que surge. Comenzó con becas y fondos de investigación que las productoras obtuvieron. Así se hicieron los primeros cortometrajes, que fueron la base sobre la que se construyó nuestro primer proyecto de largometraje documental. Cuando tuvimos la idea de hacer esta película, solicitamos subvenciones y buscamos otros tipos de financiación cinematográfica relacionados específicamente con las comunidades indígenas.

“Solo el mar nos separa” se financió con una combinación de subvenciones -incluidas las del Programa Indígena del Fondo de Documentales de Sundance, las de Creative Capital,  y  crowdfunding.

Karoli Bautista, realizadora nacida en el centro poblado de Roya, en Ucayali.

¿Cómo seleccionaron a los protagonistas/directoras del documental? ¿Cómo se conocieron ellas cuatro? ¿El documental surge a raíz de esa relación? ¿O el documental es el que da origen a la relación entre ellas? 
Productoras: Laura y Tasneem conocieron a Khalidya y Marah en 2014 a través de los talleres de documentales que impartieron en el campo de refugiados de Za’atari, y la productora EB conoció a Karoli y Christy en 2014 a través de los talleres de documentales que dirigió en Cantagallo, en colaboración con el Instituto de Formación de Adolescentes y Niños Trabajadores (INFANT), y poco después las presentó a la productora Lali (¡después de que se conocieran en Iquitos en 2015!).

Casi de manera simultánea, se estaban trabajando proyectos en el campo de refugiados de Za’atari y en Cantagallo. Los primeros talleres se estaban dando; con mucha naturalidad empezamos a relacionarnos y conocernos a nivel personal y profesional en cada uno de estos lugares.

El proceso desde el inicio visibilizó las capacidades artísticas de las cuatro directoras, la sensibilidad con la que miraban el mundo y su entorno. Todo esto fue lo que nos hizo pensar que el conocerse sería algo especial. Intuíamos que podía empezar algo nuevo, más allá de solo intercambiar experiencias y ver los proyectos que cada una había realizado.

El primer encuentro fue increíble para las ocho (4 directoras y 4 productoras). Creo que la energía de compartir, de querer conocernos, y crear juntas, estuvo desde las primeras videollamadas. Realmente parecíamos espejos en diferentes lados del mundo. Nos podíamos ver una en la otra. No solo las directoras, también el equipo de producción.

Este es un proyecto que ha priorizado las conexiones humanas, femeninas, hemos confiado en nuestra intuición, hemos confiado una a la otra aunque la distancia, el idioma y las culturas eran muy diferentes.

Cuando nos preguntan qué dio inicio a qué, si la amistad dio inicio al documental o viceversa, creemos que es un poco de ambos. Tuvimos un proceso largo porque establecimos hacerlo de manera orgánica. La posibilidad que tuvimos de comprar equipos para cada una de ellas no solo les dio libertad creativa, sino también el espacio necesario para conocerse, teniendo el lenguaje audiovisual como herramienta de conexión.

Las realizadoras Khaldiya Amer (izq.) y Marah Mohammad (der.) – (Foto: Laura Doggett)

¿Cuáles fueron los tiempos de producción? ¿Cuánto les tomó todo el registro y el montaje? – Cerca del final de la película vemos algunas secuencias en Lima con personas con mascarillas. ¿Hubo registro ya durante la pandemia en 2020?
Productoras: Todos discutimos por primera vez la idea de un intercambio entre Karoli, Christy, Khaldiya y Marah a finales de 2017. Tuvimos nuestra primera llamada por Skype entre Perú y Jordania en julio de 2018, y luego las directoras comenzaron las grabaciones, era una especie de correspondencia audiovisual, además de notas de voz con preguntas, y por supuesto simplemente para hablar y conocerse como amigas.

Todo lo que grababan lo subíamos a un Dropbox compartido, y cuando eso no era posible por falta de internet o fluido eléctrico; las directoras grababan con sus teléfonos la pantalla que reproducía las filmaciones del día y la enviaban a través de WhatsApp. Así nos asegurábamos de que el intercambio sea fluido.

Como mencionamos líneas arriba, la prioridad fue siempre las relaciones entre ellas, como productoras fue un reto poder construir la mejor manera para lograr esos intercambios. Nos enfrentamos a problemas de idiomas, de horarios, problemas de conexión pero los asumimos dentro de un diseño que creo ha dado resultado satisfactorio. 

En un inicio no teníamos una fecha para concluir el rodaje, creo que eso también fue producto del tiempo y la madurez de lo que nacía en esos años. Esto mismo se dio en la edición. 

En febrero de 2019, después de registrar los casi 3000 vídeos, audios y notas de WhatsApp que las directoras habían grabado y escrito a lo largo de los años que llevaban rodando juntas, empezamos a editar conjuntamente en Perú y Jordania de forma intensiva. Durante un mes, hicimos un mapeo de los temas clave, las conexiones visuales y las historias. A lo largo del año siguiente, montamos la película reproduciendo el mismo método de colaboración del rodaje: experimentando y enviando secuencias de un lado al otro.

El proceso nunca fue lineal. Las cuatro directoras siguieron filmando durante todo el proceso de edición. Filmar se había convertido en una parte importante y natural de sus vidas. Así que la historia siguió evolucionando, incluso mientras la construíamos. Eventos importantes sucedieron en este tiempo (incluyendo el bloqueo militar en Cantagallo durante la primera ola de la pandemia), y ellas continuaron filmando hasta mayo de 2020.

Terminamos un corte casi final de la película, antes de ver el material que Karoli y Christy habían filmado durante la pandemia (en ese momento, la COVID-19 no había llegado al campamento de Za’atari). Debatimos si incluir o no las escenas de la pandemia porque no queríamos que eclipsaran las demás luchas de la película. Pero en última instancia, este fue un momento realmente importante en su intercambio, uno de los muchos momentos en los que hallaron consuelo e inspiración al compartirlo. Nunca faltarán las dificultades, pero su amistad perdura. 

Karoli y Christy, durante el proceso de edición de su película.

¿Buscaban destacar algunos temas o puntos de conexión específicos entre las mujeres de Perú y Siria? ¿La maternidad joven, la identificación cultural, la sororidad?
Christy: Lo que yo quería era mostrar nuestro lazo de amistad, una relación tan valiosa, con muchas similitudes a pesar de tener culturas e idiomas diferentes. La nuestra es una historia de lucha, unimos fuerzas a través de nuestras cartas/videos, queríamos que se vea nuestra vida diaria, porque es desde ese cotidiano que tratamos de cambiar nuestras sociedades.

Productoras: Hemos conocido a las directoras desde que eran muy jóvenes, primero como alumnas en nuestros talleres, luego como amigas. A través de estas estrechas relaciones personales, conocíamos las circunstancias de sus vidas y lo que tenían en común. Sabíamos que sus experiencias compartidas de maternidad y desplazamiento podían ser puntos de partida para algún tipo de intercambio o colaboración, pero fueron realmente las formas en que las conocimos como cineastas las que nos hicieron querer conectarlas. La manera de mirar, con mucha sensibilidad y voces artísticas, el orgullo cultural y el sentido de comunidad que vimos expresado en sus primeros cortos (por ejemplo, “Another Kind of Girl”, de Khaldiya, y “Escúchame cantar”, de Karoli), su claridad sobre cómo querían ser vistas frente a cómo las veían los demás. 

Teníamos la sensación de que algo especial sucedería si conectaban entre sí, pero nunca podríamos haber imaginado la profundidad de la amistad, el amor y la comprensión que se desarrollaría. Lo que surgió no fue solo una profunda compenetración a través de la experiencia compartida, sino también una forma idiosincrática de comunicar y sostener las luchas y alegrías de cada una, a través de sus decisiones cinematográficas. El intercambio se desarrolló a medida que crecía su curiosidad y entusiasmo por la vida de la otra. Las preguntas que se hacían mutuamente -sobre sus esperanzas, sus sueños, sus miedos, sus hijos y su vida cotidiana- empezaron a afectar a la forma en que cada una veía y entendía su propia vida. Empezaron a responder e incluso a dirigir las tomas de la otra desde la distancia, desarrollando un lenguaje visual compartido mientras cada una desarrollaba su propio estilo y narrativa como parte del conjunto.

A lo largo del proceso, como ellas mismas dicen, acabaron eligiendo los temas que más querían explorar, basándose en la relación que crecía y en los vídeos que compartían.

Durante el montaje, trabajamos para entrelazar estos temas de forma intuitiva, con frecuentes comentarios y consultas de ellas, tratando de reproducir las sensaciones de descubrimiento que todas tuvimos durante el proceso, y de resaltar los momentos en los que su comprensión y cuidado mutuo encontraron nuevas profundidades.

¿La idea de enviarse “correspondencias en video” entre las documentalistas, fue una propuesta del equipo de producción o una decisión de las mismas realizadoras? 
Marah: Fue una idea de las productoras y resultó ser una idea maravillosa que nos permitió (a las cuatro directoras) conocernos mejor entre nosotras. Llegamos a conocer la cultura y las tradiciones de cada uno. Fue algo hermoso y emocionante.

Christy: Creo que la idea vino de ambos lados, la palabra correspondencia/carta ayudó a clarificar lo que creo teníamos en mente. Pero era una correspondencia moderna.
Desde el principio fue muy difícil hablar con nuestras compañeras de Siria, así que el traductor fue nuestra principal herramienta. A veces no teníamos internet y decidimos comunicarnos con emojis, fue algo divertido. Tratábamos de adivinar todos los emojis que nos mandaban. Así nuestras cartas no solo eran videos, fue más expresivo. Stickers, mensajes de voz, fotos, canciones. Todo eso nos ayudó a conocernos mejor.

Karoli: La idea fue de ambas partes. Todas queríamos conocernos mejor y decidimos en equipo comunicarnos de esa manera. Como directoras, creamos un chat privado, fue más fácil para la traducción, para la comunicación entre nosotras, fue un espacio que nos ayudó a crecer, a crear vínculos fuertes y crear como unidad aunque éramos cuatro.

Khaldiya: Las personas que nos presentaron a Karoli y Christy fueron Laura y Tasneem. Pero nunca nos dijeron qué tipo de relación debíamos tener o qué tenía que pasar entre nosotras. Empezamos a construir nuestra amistad con el apoyo y el ánimo de los productores y, por supuesto, nos ayudaron con las traducciones (¡muchas gracias!). Fue algo muy hermoso, para mí fue una contribución muy importante porque nosotras elegimos por dónde iría la relación. Podíamos haber dicho que no queríamos ser amigas ni entablar una amistad, podíamos haber dicho que sólo queríamos trabajar con ellas, pero elegimos ser amigas y muy amigas. Elegimos filmar juntas y elegimos los mismos objetivos y metas para la película. El éxito de la película es el éxito de todas nosotras.

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Christy Cauper nació en la comunidad amazónica de Paohyan, en Loreto.

Este documental nos habla de lugares vulnerables e inseguros para el bienestar de las mujeres: un campo de refugiados sirios en Jordania y la comunidad Shipiba de Cantagallo en Lima. A pesar de ello, todas las protagonistas son felices de contar de un espacio para ellas y sus familias. ¿No hubo por momentos el miedo de romantizar el problema de la pobreza y de las carencias?
Marah: No, al contrario, mi principal objetivo con la película es explicar la idea que, a pesar de que vivimos en un campamento y nos enfrentamos a muchos retos, las cosas positivas siempre serán más que las negativas. Nuestro campamento ha recorrido un largo camino y se ha desarrollado de una manera muy notable. Somos algo estrictos en nuestra sociedad, y nosotros, como musulmanes, no podemos filmar ciertos aspectos de nuestras vidas por respeto a mantener una cierta privacidad, pero eso nunca nos ha detenido para poder contar nuestra historia.

Khaldiya: El objetivo de la película no es mostrar cuánto sufrimos, cuántos obstáculos tuvimos que superar, qué pérdidas tuvimos que soportar, más bien es poder mostrar que las mujeres refugiadas son fuertes. Pasamos por muchas penurias y dificultades. Perdimos mucho, perdimos nuestros hogares, nuestro país y llegamos a otro país en medio del desierto, a pesar de lo cual nos sobrepusimos y nos esforzamos por vivir nuestras vidas de la manera más hermosa posible. Queremos dar a la gente motivación y esperanza para que cuando vean la película vean sus vidas con un poco más determinación, en estas épocas tan duras para todos. Por eso no queríamos que lo negativo dominara la película.

Christy: No hemos romantizado nada, lo que muestro es el lugar donde vivía, así somos, nosotras, vivimos de la artesanía, de nuestra cultura y nada de eso fue algo que queríamos ocultar.  No todos los lugares tienen que ser perfectos, Nosotras no queríamos agregar o quitar algo que era parte de nuestra vida.

Karoli: Nosotras claramente sabemos en qué lugar estamos, viviendo en la pobreza. Pero queríamos mostrar qué hay más allá de eso. Y no es solo tristeza y preocupación, para nosotros lo más importante siempre será la comunidad, la familia, la convivencia del día a día. 

Productoras: Como productoras y editoras, era esencial que siguiéramos su pauta en cuanto a cómo querían ser representadas. Tuvimos mucho cuidado con la integración de la voz en off y las imágenes. Cualquier espectador aportará su propia comprensión a las imágenes que vea, y nosotras tratamos de encontrar el equilibrio que las directoras deseaban entre las dificultades a las que se enfrentan y las alegrías que querían destacar.

En última instancia, el tipo de autorrepresentación que encarna la película tiene que ver también con la autodeterminación, a nivel del individuo y de la comunidad. En el caso de Cantagallo, por ejemplo, vemos a Karoli y a Christy a lo largo de la película viviendo en casas con supuestas mejores comodidades que las que tenían en Cantagallo (agua corriente, electricidad, suelos de hormigón), sin embargo describen continuamente su anhelo de volver a la comunidad. Se sienten aisladas e insatisfechas al vivir lejos de personas que comparten su lengua y su cultura. Así que, en muchos sentidos, es una película sobre el poder y el significado de vivir en comunidad, y sobre la necesidad humana de pertenencia.

En el caso de Marah y Khaldiya percibimos que el tema de la maternidad adquiere una valoración especial. Hay un momento de la película donde, para explicar que ser madre cambió su vida, la realizadora gira de cabeza su cámara mientras ella narra. Esto resulta visual y narrativamente muy impactante. ¿Para registrar temas específicos, las directoras recibieron alguna pauta técnica, o su trabajo fue más intuitivo y libre con la cámara?
Marah: Al principio aprendimos a filmar distintos puntos de vista y perspectivas, también nos enseñaron a mantener estables nuestras cámaras. Sin embargo, siempre hemos rodado libremente, recogiendo las opiniones y consejos de los productores que nos acompañaban claro, pero también motivadas a buscar nuestra mirada a través del lente.

Khaldiya: Personalmente, todas las tomas que hice fueron mis ideas, desde mi punto de vista. A veces dejaba que mi marido me ayudara a hacer la toma que quería, pero yo le dirigía. Le explicaba la manera, desde qué ángulo o lugar grabar; y él filmaba con mis pautas. Así que fui muy determinada en las tomas que quería.

Karoli: En la película somos solo nosotras. Nos mostramos tal y como somos. No hubo necesidad de cambiar algo. Las grabaciones salieron de cada una. El equipo de  producción estaba siempre con nosotros, nos ayudaron mucho mostrándonos películas, o revisando nuestras tomas, conversando lo que sentían pero siempre nos dejaron ser nosotras. Nos motivaban a tomar iniciativas propias y siempre fuimos muy buenas camarografas.

Karoli junto a su abuela Juana Maldonado Isamano, en Pucallpa.

La identidad cultural y el desplazamiento son temas importantes en las historias de Christy y Karoli. Incluso esta última viaja a Pucallpa para reencontrarse con su abuela. El breve instante en que la abuela canta en shipibo nos conmueve porque la realizadora también se emociona mientras la graba. ¿Hubo límites para abordar los entornos familiares de las protagonistas? ¿Temas que las directoras no quisieron profundizar? En otro momento, Khaldiya señala que existe una situación personal previa a su maternidad de la que prefiere no hablar.
Christy: Nunca hemos tenido ningún límite, no solo con respecto a la familia, todos los temas que hemos querido contar han sido grabados. Todo lo que hemos priorizado siempre fue nuestras emociones, nuestras alegrías y nuestras tristezas también.

Karoli: Mi abuela es muy especial. Toda mi familia lo es. No hubo límites para especificar el tema familiar. Sin embargo, en la etapa de edición de la película decidí centrarme en la fuerza del canto de mi abuela. Cuando editas, te das cuenta que hay muchos temas de qué hablar y el tiempo no alcanza, sobre todo si son cuatro directoras. Pero la esencia de donde vengo, está muy clara.

Además efectivamente hay muchas cosas que hemos compartido entre nosotras que no están en la película, pero que han podido dar inicio a una relación de amistad profunda y verdadera. El acto de compartir ha sido lo más importante en nuestro proceso, que se refleja en nuestro documental.

Marah:  La mayoría de nuestras tomas se hicieron manteniéndonos alejadas de filmar partes demasiado personales de nuestras vidas debido a nuestra estricta sociedad, y a que somos musulmanes. En el campamento, teníamos restricciones para filmar en algunas zonas por razones de seguridad, necesitábamos un permiso oficial para poder hacerlo. Esto nos llevó a grabar muchas de nuestras tomas en zonas cerradas.

Khaldiya: Cuando dije que mi vida antes de la guerra era negativa y que la guerra me había afectado positivamente, estaba hablando de algo que había ocurrido personalmente con mi familia. Llevaba una vida dura con ellos, con el entorno en el que vivía y con las creencias a las que nos aferramos en el país en el que vivía. Realmente no me gusta hablar de ello porque me molesta personalmente y me traslada emocionalmente a los duros días que vivía. 

También nos interesa saber si a raíz de la experiencia documental, ustedes las directoras todavía se mantienen en comunicación, o si alguna de ustedes está interesada en continuar trabajando obras audiovisuales.
Marah: Sí, nos mantenemos en contacto casi a diario, usando diferentes formas de comunicación (incluyendo emojis) y aplicaciones de mensajería. Definitivamente, aspiramos a filmar y dirigir muchas películas en el futuro.

Khaldiya: Por supuesto, seguimos en contacto con Christy y Karoli y nunca dejaríamos de estarlo solo porque terminamos la película. Somos muy amigas, a pesar de las largas distancias que nos separan y de las barreras lingüísticas que tenemos. Seguimos intercambiando fotos de nosotras, de nuestros hijos, de nuestras vidas, de nuestros problemas y preocupaciones, pero también de los buenos momentos. Es cierto que no es tan seguido como antes, pero eso no es un problema. Y por supuesto que me encantaría seguir filmando. Por ahora lo he dejado porque me estoy esforzando y aspiro a tener una vida mejor y empezar a filmar fuera del campamento. Si me quedara me sería más difícil filmar todo lo que me gustaría. En el campamento tenemos muchas restricciones que no podemos sobrepasar y la sociedad en la que vivo también me restringe.

Christy: Nosotras siempre seguiremos en comunicación con ellas. Seguimos compartiendo videos, fotos y preguntándonos muchas cosas. Por mi parte, me gustaría compartir con más mujeres, compartir mi historia, mis sentimientos, mi lucha como mujer joven, y poder tener amigas de todo el mundo.

Karoli: En mi decisión y opinión personal, aún quiero hacer más y más audiovisual. Y poder conocer y trabajar con más personas como Khaldiya o Marah. Y conocer más idiomas. Mucho más de todo. Y claro, aún tenemos comunicación con nuestras amigas. De cómo va el embarazo de Khaldiya, cómo va con Lora, con su esposo, de cómo va Marah con Omar, con su nueva bebé, etc. La comunicación nunca se va.  Ellas son parte de mi familia.

La película se estrenó en el Hot Docs Festival, uno de los más importantes en el circuito internacional. ¿Cómo se logró esa selección?
Productoras: Pues la verdad es que nuestro proceso fue tan enriquecedor que creíamos tener un buen documental. No solo a nivel de historia, creemos que también tiene un gran valor artístico y editada con mucha sensibilidad y habilidad considerando que es resultado de casi dos años de rodaje de cuatro directoras.

Estamos muy felices de poder estrenar nuestra película en Hot Docs y además de tener el estreno de Estados Unidos en Atlanta Film Festival. En ambos casos, lo único que hicimos fue presentarnos a las convocatorias.

Así que eso nos alegra mucho más, ambos festivales han recibido con cariño nuestra película y han generado espacios para que podamos dialogar en torno a ella. La sección de industria de Hot Docs nos está permitiendo visibilizar y trabajar en una estrategia de exhibición y distribución para nuestra película.

Y ahora, ¿qué viene a continuación con el documental?
Productoras
: Tenemos previsto proyectar la película en festivales de todo el mundo, así como realizar una gira comunitaria con la película y las directoras. Es muy importante para ellas compartir sus historias y su proceso de construcción de esta película y la amistad entre ellas a través de las lenguas, las culturas y las fronteras. 

Creemos que hemos sido consecuentes en todo nuestro proceso de creación, queremos lo mismo para la distribución. Creemos que nuestra película puede estar en muchos festivales, pero queremos ir a esos lugares no oficiales, queremos intentar nuevas maneras de distribución, incorporando esta nueva realidad virtual en la que estamos viviendo. Ya les contaremos cómo nos va con eso. 

¿En qué nuevos proyectos están trabajando?
Productoras: El trabajo del Colectivo AKG continúa. Seguimos asesorando y apoyando a las cineastas que ya forman parte del mismo. El objetivo es que continúen este trabajo, que sean líderes y tutoras de mujeres jóvenes en sus propias comunidades. Además, en colaboración con la organización comunitaria El Pueblo NOLA de Nueva Orleans (EE.UU.), el Colectivo Another Kind of Girl ha comenzado a impartir talleres a las adolescentes hondureñas recién llegadas. Tenemos previsto iniciar la gira de la película con esta comunidad para facilitar el debate y el intercambio, y quizás incluso otro proceso de cocreación.

Posdata de las realizadoras: Esta entrevista se hizo en cuatro días, entre Zooms, traducciones y horas, muchas horas de diferencia :)

Only the Ocean Between Us (2021)

Ficha técnica
Dirección y cinematografía: Khaldiya Amer Ali, Marah Mohammad Alkhateeb, Karoli Bautista Pizarro, Christy Cauper Silvano
Producción: Laura Doggett, Elizabeth (EB) Landesberg, Lali Madueño Medina, Tasneem Toghoj
Edición: Laura Doggett, EB Landesberg, Tasneem Toghoj
Sonido: Daniela López Guerrero

Entrevista realizada por Alberto Venero Torres y Laslo Rojas, en mayo del 2021, vía correo electrónico.