[Crítica] Festival de Cine de Trujillo: «LXI» (61), función de trasnoche

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LXI (2021) es el segundo largo de Rodrigo Moreno del Valle (que firma como Moreno del Valle), en el que continúan con solvencia los rasgos centrales de su prometedora ópera prima Wik (2016), retrato semanal de un grupo de jóvenes de clase media alta limeña aturdidos por el hastío y la incertidumbre.

En LXI el marasmo permanece en los lares de la capital peruana, pero ya los personajes no son tan jóvenes ni es tan incierto su futuro, sino que el pasado ha dejado una poderosa huella y de modo irreversible: la treintena de Humberto y sus amistades es asaltada por el suicidio de un íntimo amigo de colegio que remueve la memoria y, sobre todo, el pretendido olvido.

El relato ubica a Humberto entre el paseo nocturno en bicicleta en la calle vacía, el visionado fragmentario de un video desfasado, la distracción en su trabajo, el dolor en medio del grupo que alguna vez integró ‘El muerto’ Bernal, premonitorio por el apodo y subliminal en los mensajes que envió y que Humberto recién lee demasiado tarde, las rencillas y discusiones que en ausencia estuvieron congeladas años y reviven alcoholizadas en trasnoche.

La mirada de Moreno del Valle es introspectiva, doliente y crítica. Acompaña a Humberto, le observa en su inseguridad, capta sus rictus y registra sus precauciones, lo aísla sonoramente y prepara el reencuentro con escalas desde la dupla preliminar, el sepelio solitario en interiores a contraluz, pasando por la distancia física y los primeros acercamientos en el espacio abierto -filmado en locaciones del Lugar de la Memoria- y llegando a la conversa inevitable en el departamento del amigo más «exitoso» y menos sentimental y escrupuloso, que sin embargo tiene que detener su auto a un lado de la carretera para procesar la mala noticia.

Las viejas imágenes alojadas en YouTube y dispositivos modernos tienen, de modo similar al cine del canadiense Atom Egoyan (The Sweet Hereafter, Felicia’s Journey), una función retrospectiva y acusatoria que Humberto convoca como fantasmas para redimirse y perforan el vagabundeo por una Lima aparentemente muy tranquila, cómoda y residencial. Es el contrapunto con el resto, que parece disponer de las máquinas del hoy sólo para el disfrute y el utilitarismo, pero que también en la práctica del diálogo bohemio aceptan que sus historias arrastran huecos y de alguna manera buscan compensarlos.

La secuencia de fondo es la autopsia grupal en nombre del ausente y de los caminos que cada quien tomó en sus vidas. El paso del tiempo, la vulgaridad, el uso de la tecnología, la conservación o la pérdida de la belleza, las preguntas tardías, la vejez de los ideales de izquierda, la condena del 5 de abril, la sombra del terrorismo, las diferentes valoraciones del progreso, son los temas que debaten entre el vértigo del karaoke y el recuerdo de la culpa. «Estás igualita», dicen los tres a Gabriela, la única mujer de la patota. No es precisamente lo único que perdura en un ritual que incluye luces intermitentes y caída de telón.

Podrán ver esta película, de manera gratuita del 11 al 17 de octubre, en el sitio web del Festival de Cine de Trujillo.


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