Denuncias públicas en tres cortometrajes. En La normalidad (2020), la cámara de la directora limeña Tilsa Otta Vildoso es testigo de un crimen. Al margen de lo registrado en esa grabación específica, no deja de ser particular el origen de esta. Lo que en principio era un video casero, el que apunta a capturar una secuencia cotidiana, se convierte en la documentación de un hecho extraordinario. En consecuencia, la naturaleza o motivación de este filme experimenta un vuelco equivalente al que, por ejemplo, se gesta en el clásico documental Gimme Shelter (1970). Caso en el filme de los hermanos Maysles, los directores van a cubrir un concierto gratuito de rock sin esperar que su cámara atestiguará un asesinato. Lo mismo acontece en la película de Otta. Es el escenario de júbilo que revela inesperadamente un hecho que es totalmente contrario a la motivación de la que está tras la cámara. Es producto de ello que se anula la iniciativa inicial para convertir esa documentación ordinaria en una de carácter de denuncia pública. Eso sucede en ambos filmes. Sendos transitan de la normalidad a lo irregular, lo que a su vez hace reformular las motivaciones de sus autores. La normalidad no solo es la reflexión de la directora entorno a qué tan impredecible —e indiferente— es la naturaleza humana, sino es también un ejemplo sobre cómo es que un mero registro se convierte en cine o grabación que formula un concepto o pensamiento en concreto.

Parafina (2021) es un corto documental de carácter testimonial. En este, un adolescente comparte al espectador las injurias de las que fue víctima a causa de su opción sexual. Las directoras chiclayanas Fabiana Custodio y Fátima Tejada realizan una denuncia contra la homofobia institucionalizada en los escenarios públicos y privados, ello a consecuencia de una persona que ha sido humillada en su rutina como colegial y dentro de su entorno familiar. Estamos ante un descargo amargo que ha sido testigo de una cadena de responsabilidades, los mismos que han ido incrementando los complejos de la víctima al punto de inducirle efectos colaterales e imborrables. Si algo nos ha inculcado la discursiva de los testimonios, es que esta revela la vigencia de una memoria, aquella que es indesligable al individuo que ha vivido ciertas experiencias que serán aún más renuentes a medida de la secuencia de los efectos nocivos padecidos. Una memoria pesarosa implica pues un efecto postrauma que no será curado de no ser que exista una conciliación ante el agresor. ¿Cómo entonces puede suceder esto con una persona que ha reconocido a toda una sociedad como su agresora? Parafina es una película que remueve esa preocupación de los ofendidos, quienes delatan a una comunidad que perpetúa o normaliza sus faltas y prejuicios.

Por último, Pozos en el desierto (2021) es un documental necesario que pudiera atenuar la angustia por los efectos del medio ambiente. El cortometraje de Magali Zevallos me recuerda a otro documental que atiende el problema de la privatización del agua. En Tapped (2009), tenemos el caso de empresas embotelladoras de agua extrayendo la reserva natural de lagunas de zonas en donde el agua está escaseando o generan un costo a comunidades que antes extraían ese recurso gratuitamente. Es el ejemplo de una modalidad de negocio que subvenciona o soborna a órganos municipales o regionales y de paso se presenta ante la sociedad como industria promotora del desarrollo zonal al brindar beneficios locales que, definitivamente, no superan en lo absoluto a los maleficios territoriales. Es prácticamente el mismo panorama el que presenta Zevallos, solo que, a diferencia de Estados Unidos, aquí la zona agredida acontece en Ica, espacio que ha experimentado una sequía de alimentos y fuentes para criar a los ganados, y además ha generado un impacto en los beneficios de los pequeños productores zonales. La causa principal son los beneficios que se les otorga a las grandes exportadoras de insumos de esa localidad, el cual demanda de un alto consumo de las reservas acuíferas que aventaja a las mismas a expensas del perjuicio de los habitantes.

Podrán ver estas películas, de manera gratuita del 11 al 17 de octubre, en el sitio web del Festival de Cine de Trujillo.