Da gusto ver a un cineasta tratando de hacer algo nuevo; probando con nuevos géneros, o alejándose de las historias que le funcionaron previamente. Eso es precisamente lo que ha hecho con “El misterio de Soho” el gran Edgar Wright (director de la trilogía “Cornetto”, “Scott Pilgrim contra el mundo” y “Baby Driver”). Un thriller de misterio que, a pesar de conservar algunas de sus idiosincrasias como director, trata de hacer algo más serio, más intenso. Se trata, pues, de una experiencia que no será del gusto de todo el mundo, pero que para ojos de su servidor, sirve como una demostración más de los talentos de Wright, un director que nunca le ha tenido asco al cine trash o a los excesos estilísticos.

A diferencia de la mayoría de sus filmes previos, “El misterio de Soho” se toma en serio a sí mismo (al menos hasta los últimos veinte minutos de historia). Su protagonista es Eloise (Thomasin McKenzie), una joven creativa que vive con su abuela en un pequeño pueblo británico, y que ha decidido mudarse a Londres para estudiar diseño de modas en una de sus universidades más importantes. Sin embargo, la vida en la gran ciudad la termina por agobiar, tanto así que decide mudarse de su habitación de estudiante e irse a una casa antigua, donde la Sra. Collins (Diana Rigg) le alquila un cuarto antiguo y polvoriento. Es así donde, noche tras noche, Eloise comienza a tener unas visiones del pasado, transportándose a los años 60, habitando la piel de Sandie (Anya Taylor-Joy), una chica que sueña con convertirse en artista y cantante.

Esto inicialmente emociona mucho a Eloise, quien ya de por sí está obsesionada con la década del 60 —con su moda y con su música. Pero mientras más va teniendo estas visiones, más se va dando cuenta de que algo terrible pasó con Sandie. Su “manager”, Jack (Matt Smith) abusó de ella, y puede que le haya hecho algo incluso peor. Es así que Eloise se obsesiona con esta historia, y hasta comienza a tener alucinaciones durante el día, lo cual podría terminar por arruinar su vida, sus estudios, y hasta un potencial romance con uno de sus compañeros de universidad, John (Michael Ajao).

“El misterio de Soho” no es una película particularmente terrorífica —puede que el márketing haya intentado venderla como una historia de horror, pero no creo que ese sea el caso. Sí, cuenta con uno que otro ruido fuerte, y el clímax terminó conteniendo más gore del que esperaba, pero si se le compara con otras propuestas de terror, “El misterio de Soho” no funciona muy bien que digamos. Pero si se le considera como lo que es, como un thriller de misterio increíblemente atmosférico, con una premisa fascinante, y una excelente banda sonora, uno puede terminar pasándola realmente bien con la cinta. Puede que no sea tan estilizada o enérgica como las propuestas anteriores de Wright, pero igual se siente como un filme muy propio de él, con un ritmo específico, y varios giros narrativos.

Temáticamente hablando, por ejemplo, “El misterio de Soho” hace más de lo que me hubiera imaginado, contrastando el Londres de los años 60 con el del presente, mostrándole a Eloise —y al público— la manera en que el show business funcionaba en el pasado. El abuso de Sandie por parte de Jack se siente verosímil y terrible, lo cual contrasta perfectamente con la primera impresión que Eloise tiene del Soho sesentero —en su primera visión, aparece en medio de una calle llena de autos y gente elegante, frente a un cine con una pancarta de la película “Thunderball”. Es todo luces y glamour y moda; apariencia pura, la cual ayuda a esconder lo que de verdad sucede con las personas —principalmente mujeres— que intentan sobrevivir o tener algo de éxito como artistas o cantantes.

Sin embargo, Wright y su coguionista, Krysty Wilson-Cairns (“Penny Dreadful”, “1917”), también muestran lo agobiante y terrorífico que puede ser para una joven mudarse de un pueblo pequeño a la gran ciudad: el temor que siente hacia la gente desconocida —principalmente hombres blancos y viejos—, y lo difícil que puede ser sobrevivir en un ambiente altamente competitivo y potencialmente superficial. Es interesante que su compañera de cuarto, abusiva y hipócrita, sea la que finalmente motive a Eloise a cambiarse de hogar y adentrarse en este mundo sesentero de música, canto, machismo y violencia. Y la manera en que usan al personaje de Terence Stamp, aunque algo manipuladora, juega de manera entretenida tanto con las expectativas del espectador, como las de la mismísima Eloise.

Al ser un filme de Wright, “El misterio de Soho” es una producción estilizada, pero de manera un poco más cautelosa que cualquiera de sus cintas anteriores. Acá no hay nada de comedia visual, cortes rápidos o acción frenética —Wright utiliza su cámara, más bien, para adentrarnos en la cabeza de Eloise, para que veamos tanto el mundo real como el de los sueños desde su perspectiva, empatizando con ella. Lo cual, evidentemente, no quiere decir que “El misterio de Soho” sea menos impresionante que algo como “Scott Pilgrim contra el mundo”. Hay una magnífica escena de baile, por ejemplo, que simplemente me hizo pensar: “¡¿cómo demonios hicieron eso?!”, y la manera en que Wright utiliza los reflejos en espejos y ventanas para mostrar a Eloise en el Soho sesentero es simplemente extraordinaria. La estilización está al servicio de la historia, y al servicio del personaje de Eloise y sus experiencias.

Mención aparte, además, para la banda sonora, la cual consiste principalmente de clásicos —y no tan clásicos— de los sesentas, que seguramente los harán moverse solos en sus asientos. Hace tiempo que Wright ha estado demostrando ser un melómano de aquellos —era bastante evidente en un filme como “Baby Driver”—, pero lo que hace acá es utilizar canciones para desarrollar atmósferas muy específicas, todas en relación a las emociones de Eloise. De manera similar a Baby, la chica está escuchando música todo el tiempo en sus audífonos —en su cuarto, en la calle, para trabajar en sus diseños—, y esto se extrapola, también, al mundo de los sueños, donde las canciones son muchas veces utilizadas en contraposición a eventos violentos o perturbadores. No es por nada, pero la siguiente película de Wright debería ser un musical.

Sí, el giro narrativo final de “El misterio de Soho” es algo previsible (de hecho, logré adivinarlo minutos antes de que se revelara). Y sí, aquellos que esperen ver algo más terrorífico probablemente queden decepcionados. Pero si le pasé tan bien con “El misterio de Soho”, es porque disfruté de su protagonista bien desarrollada, de la atmósfera nostálgica y musical que logra construir, y de las actuaciones verosímiles e intensas. “El misterio de Soho” es de los mejores thrillers de misterio que haya visto, un filme con toques fantásticos y de suspenso estilizado que me mantuvo al borde de mi asiento por casi dos horas, y que me motivó a buscar ciertas canciones de los 60s apenas llegué a mi casa. No será la mejor película de Wright — “Hot Fuzz” sigue siendo mi favorita—, pero igual es una experiencia que vale la pena tener en la pantalla grande, sepan qué es o donde queda Soho, o no.