Hay sucesos tan terribles que uno ni siquiera se los puede imaginar. Eventos que lo dejarían devastado a cualquiera, pero que le han pasado a miles de personas. Sucesos como los que involucran a los cuatro protagonistas de “Mass”, el debut como director y guionista de Fran Kranz (“La cabaña en el bosque”). Lo que tenemos acá es un drama sobrio y emotivo, que encierra a sus cuatro personajes en una habitación y los obliga a enfrentar la verdad, tratando de encontrar algún tipo de explicación lógica para lo que les sucedió seis años atrás. Es casi como ver una terapia en tiempo real, y es de lo mejor que haya podido ver este año. Sin embargo, también es el tipo de película que dudo mucho vaya a ver nuevamente en un buen tiempo.

Gail (Martha Plimpton) y Jay (Jason Isaacs) tenían un hijo llamado Evan, quien fue asesinado como parte de un tiroteo escolar seis años antes de los eventos de la película. Luego de incontables enfrentamientos con las autoridades, abogados y más, han decidido reunirse con los padres del asesino, uno de los compañeros de colegio de Evan. Ellos son Richard (Reed Birney) y Linda (Ann Dowd), quienes llegan pocos minutos después que ellos a un cuarto en una iglesia episcopal manejada por Judy (Breeda Wool). Es así que ambas parejas interactúan, tratando de conversar sobre sus hijos, buscando algún tipo de cierre para el dolor que han estado sintiendo por tanto tiempo.

“Mass” se siente casi como una obra de teatro. La mayor parte de la película se lleva a cabo en una sola locación, y cuenta con solo cuatro protagonistas, aparte de dos secundarios que aparecen al inicio y al final de la historia. Es una puesta en escena aparentemente simple, y que muy bien habría podido terminar sintiéndose como “teatro grabado”. Felizmente, ese no es el caso. De hecho, es impresionante que “Mass” sea capaz de mantener la atención del espectador por casi dos horas, utilizando solo diálogos y planos sencillos de rostros para atraparlo en esta historia emocionalmente devastadora. El filme funciona porque se siente honesto, y es así porque nunca recurre al melodrama o las exageraciones.

Las actuaciones ciertamente ayudan para aquello último. Los cuatro actores principales están sublimes, cada uno caracterizando a sus respectivos personajes de manera creíble y sutil. Jason Isaacs (Lucius Malfoy en las películas de “Harry Potter”) destaca como Jay, un hombre que quiere ver a los padres del asesino de su hijo sufrir, siendo castigados. Ha llegado a la iglesia para encontrar algún tipo de venganza, por poco violenta que sea, y también para escuchar el arrepentimiento de la otra pareja. El experimentado actor cuenta con un momento particularmente emotivo, en donde describe a detalle la manera en que Evan fue asesinado, y como el otro chico regresó después de plantar una bomba, porque quería ver a sus compañeros sufrir. Es de los momentos más arrolladores que haya tenido con una película este año.

Por su parte, Martha Plimpton desarrolla a Gail como alguien más sutil, más callada, que en un inicio, incluso, deja a su marido hablar por ella. Se dedica a observar y reaccionar, pero gradualmente, comienza a realizar las preguntas importantes, casi interrogando a los otros dos (por más de que le prometió a su terapeuta que no haría eso). Ella está interesada en el por qué; en por qué el chico decidió matar a sus compañeros de colegio, y en qué tipo de persona había sido antes de dicho suceso. Es una interpretación verosímil e impactante, que concluye con un momento particularmente emotivo con el personaje de Ann Dowd.

Y hablando de Dowd —su Linda es alguien increíblemente empática, que sabe lo terrible que fue lo que su hijo hizo, y que está tratando de entablar algún tipo de conexión con Gail y Jay. Llega a la reunión con una planta para Gail, admite sus errores, escucha a los demás… y lo mejor es que no se siente falso, como algún tipo de truco que podría estar haciéndole a la otra pareja. Su Linda es alguien que simplemente no entiende cómo pudo haber pasado lo que pasó, y que genuinamente quiere llegar a un momento catártico, para dejar de sentir tanta culpa y poder seguir adelante. Puede que no se trate de la actuación más vistosa de “Mass”, pero ciertamente es de las más efectivas.

Finalmente, Reed Birney interpreta a Richard como alguien un poco más frío, más calculador —un hombre que ha llegado para observar todo un poco desde la distancia, describiendo los sucesos sin llorar, admitiendo que falló como padre, pero aparentemente sin estar demasiado arrepentido. Es una caracterización que contrasta a sobremanera con los demás personajes, y que resulta muy interesante considerando que el tiroteo destruyó su matrimonio con Linda (al comenzar la película, ya están divorciados). Pero es gracias a su frialdad y la distancia que mantiene con los demás, también, que su clímax emocional termina siendo mucho más satisfactorio.

Claramente, “Mass” es una clase maestra de actuación —si cualquiera de las ya mencionadas interpretaciones fallaba, la película hubiera fracasado. Pero vale la pena destacar, también, el diálogo naturalista de Kranz, así como su dirección eficiente, que nunca llega a llamar la atención a sí misma. Disfruté de la utilización de planos abiertos y simétricos al inicio, por ejemplo, que denotan cierta distancia entre el espectador y la preparación del espacio donde se llevará a cabo la reunión, así como la manera en que juega con los aspect ratios —de manera muy sutil, tanto así que quizás algunos no lo notarán—. “Mass” es el tipo de película que se concentra en sus personajes y en el conflicto extremadamente personal que hay entre ellos, y que por ende no necesita hacer nada particularmente complejo a nivel audiovisual.

Hay que estar en un humor muy particular para ver “Mass” —es una película incómoda, con la que resulta prácticamente imposible no llorar. No es convencionalmente entretenida, y sin embargo se mueve a buen ritmo, manteniendo la atención —intelectual y emocional— del espectador de principio a fin. Y aunque no hace nada revolucionario a nivel de dirección o fotografía, logra conectar con el público de manera perfecta, aprovechando al máximo el talento de sus protagonistas para concluir de manera relativamente esperanzadora (o al menos agridulce). “Mass” es de lo mejor que he visto este año, y aunque no se la recomendaría a cualquiera, si creen que podrán tolerarla, valdría la pena que le den una oportunidad.