[Crítica] Festival de Sundance: Cha Cha Real Smooth – Sharp Stick – God’s Country

[Crítica] Festival de Sundance: Cha Cha Real Smooth – Sharp Stick – God’s Country

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Cha Cha Real Smooth

Dirigida y escrita por Cooper Raiff.

Protagonizada por Cooper Raiff y Dakota Johnson.

Si alguna vez le dice alguien que la comedia romántica o el drama romántico son géneros que ya no pueden traer nada nuevo a la mesa, les sugiero que le enseñen películas como “Cha Cha Real Smooth”, del joven Cooper Raiff. Después de todo, es una cinta que se siente como algo que solo podría haber sido realizado hoy en día, una historia llena de momentos cómicos y dramáticos extremadamente sutiles, donde la mayoría de expectativas del género (o de los géneros) son subvertidas para desarrollar algo un poco más complejo y realista. Sorprendentemente, es un filme relativamente relajado, donde los conflictos no se sienten demasiado graves y los problemas parecen absolutamente resolubles, pero “Cha Cha Real Smooth” termina siendo tan encantadora, que resulta prácticamente imposible no caer en su hechizo.

Raiff interpreta a Andrew, un chico de 22 años que, habiendo ya terminado la universidad, no sabe qué hacer con su vida. Está viviendo temporalmente con su mamá bipolar (una excelente Leslie Mann) y su esposo (Brad Garrett), y trabajando en un restaurante de comida rápida, lo cual lo tiene muy infeliz. Pero a la vez, mantiene una relación muy saludable con su hermano menor, David (Evan Assante), lo cual contrasta enormemente con el supuesto romance que tiene con una chica que se ha ido a vivir a Barcelona. Las cosas cambian, sin embargo, cuando conoce en un bar mitzvah [fiesta para niños judíos de 13 años] a Domino (Dakota Johnson) y a su hija autista de 12 años, Lola (Vanessa Burghardt). Andrew se lleva muy bien con la niña, y forma una conexión inmediata con su madre, lo cual terminará por impactar las vidas de todos.

Leyendo aquella sinopsis, uno podría asumir que “Cha Cha Real Smooth” es un drama romántico más del montón, en donde el joven se enamora de la mujer mayor (posiblemente casada o con novio), lo cual trae consigo muchos problemas. Pero lo interesante de la película de Raiff está no solo en la palpable química entre él y Johnson, sino también en las escenas que comparten en sí, donde flirtean y hablan de temas importantes para ellos, pero sin estar seguros de lo que verdaderamente quieren. Si bien Andrew recién esté comenzando a conocerse a sí mismo, vemos que Domino también le tiene miedo al compromiso y a un futuro con su novio, lo cual la obliga a comportarse de cierta manera con Andrew. Es una situación compleja, la cual le permite a ambos personajes crecer y sentirse absolutamente realistas.

De hecho, es en la naturalidad de sus actuaciones y de la narrativa en general donde “Cha Cha Real Smooth” brilla más. Johnson le otorga una vacilación evidente y una profundidad hipnotizante a Domino, mientras que Raiff interpreta a Andrew como alguien que prácticamente siente la obligación de ayudar a otras personas, de mantenerlas felices, bailando y divirtiéndose. Es como si tuviese un complejo de salvador, no solo hacia los niños que atiende en los bar mitzvah, sino también hacia las mujeres mayores (lo cual se pone en evidencia en el prólogo de la cinta). El contraste entre dos personajes tan distintos pero que se llevan tan bien, así como los toques de comedia sutil y drama relajado, son lo que convierten a “Cha Cha Real Smooth” en una experiencia extremadamente entretenida, y por supuesto, encantadora.

Sharp Stick

Escrita y dirigida por Lena Dunham.

Protagonizada por Kristine Froseth, Jon Bernthal y Scott Speedman.

No es ninguna exageración decir que Lena Dunham es una de las figuras más controvertidas del Hollywood actual.  Desde su popular serie, “Girls”, hasta los diferentes detalles de su vida privada y pública, Dunham nunca deja de generar reacciones de todo tipo, tanto así que, estoy seguro, mucha gente no se animará a ver “Sharp Stick” por el simple hecho de que ella sea la directora y guionista. Habiendo ya visto la película, sin embargo, también estoy seguro de que generará comentarios de todo tipo por varias otras razones.

Kristine Froseth interpreta a Sarah Jo, una mujer de 26 que vive junto a su madre (Jennifer Jason Leigh) y su hermana Treina (Taylour Paige), una influencer. Se trata de una chica inocente, que prácticamente se salteó su desarrollo sexual al tener una histerectomía de emergencia a los 15 años. Es por eso que todavía es virgen, y que de pronto empieza a sentir una fuerte atracción física y sexual hacia Josh (Jon Bernthal), el dueño de la casa donde trabaja cuidando a un niño con síndrome de Down. Es así que comienza, por fin, el despertar sexual de Sarah Jo, el cual incluirá un amorío, pornografía por internet, y una larga lista de actos sexuales que quiere probar por primera vez.

Más que contar una historia que contenga verdades universales sobre la sexualidad femenina, lo que hace Dunham con “Sharp Stick” es narrar la historia de un personaje en particular: una Sarah Jo increíblemente añiñada, aparentemente inocentona y hasta con algunas limitaciones sociales. La decisión de infantilizar tanto al personaje es ciertamente cuestionable, especialmente considerando que ha vivido toda su vida con una madre que ha tenido cinco esposos, y que cuenta con frecuencia historias de sus amoríos y hasta de la concepción de su hija. Esa desconexión entre la vida diaria de Sarah Jo y su personalidad hacen que la historia se sienta algo incoherente, como una serie de contradicciones gratuitamente incómodas.

Sí, se puede argumentar que Dunham está intentando transmitir mensajes sobre la importancia de la educación sexual, o sobre el empoderamiento femenino. Pero a la vez, la construcción de los personajes es tan dispersa y por momentos ilógica, que termina siendo muy difícil empatizar con ellos y entender bien el mensaje. Las actuaciones son buenas, al menos; el siempre excelente Jon Bernthal es apropiadamente patético como un hombre que tiene la madurez emocional de un bebé, y Froseth interpreta a Sarah Jo tal y como debe haber estado escrita en el guion. Ninguno de ellos es capaz de hacer que “Sharp Stick” se sienta como una historia creíble o siquiera curiosa, sin embargo. La película trata de incomodar y de generar reacciones inmediatas en el espectador, pero desgraciadamente solo logra quedarse en lo superficial.

God’s Country

Dirigida por Julian Higgins.

Escrita por Shaye Ogbonna y Julian Higgins.

Protagonizada por Thandiwe Newton, Jeremy Bobb y Kai Lennox.

God’s Country” es una película sobre el duelo y sobre las constantes peleas que tiene que tener una mujer para ser tomada en serio. Interpretando a Sandra Guidry, Thandiwe Newton logra construir un personaje que, al menos al inicio, puede ser frustrantemente callado y sutil, pero que rápidamente demuestra ser tremendamente complejo, especialmente en oposición a la gente con la que se encuentra a lo largo de la película. Consideren a los dos cazadores que no parecen estar interesados en respetar su propiedad, pensando únicamente en sus propios intereses, sin tomar en cuenta los derechos de una mujer extraña para ellos.

“God’s Country” se mueve sin prisa, desarrollando una atmósfera curiosamente claustrofóbica, especialmente considerando los espacios abiertos por los que se desenvuelve Sandra, rodeada de bosques y montañas nevadas. Pero es en este nuevo lugar, mientras pasa el duelo por la muerte de su madre, que Sandra se siente atrapada, rodeada de compañeros de trabajo en la universidad donde enseña que no están interesados en tomarla en serio, o de cazadores que se tornan agresivos cuando ella intenta hacerse respetar. Incluso el Sheriff Arthur (Kai Lennox) es incapaz de ayudarla, explicándole que las cosas en ese sitio se arreglan entre la gente, las autoridades manteniéndose un poco al margen.

No debería sorprender, entonces, que Sandra vaya perdiendo la paciencia gradualmente, hartándose de la inutilidad de sus supuestos amigos, y de la gente que la agobia mientras ella intenta superar la muerte de su madre. Es ahí donde el trabajo de Newton brilla más: en aquella frustración que va saliendo a la luz, poco a poco, mientras ella trata de contenerse, de colaborar con los demás. Después de todo, Sandra enseña un curso de expresión en público en la universidad, y demuestra ser muy buena a la hora de resolver problemas y conflictos. Llega un momento, sin embargo, en el que solo conversar deja de ser suficiente.

Hasta cierto punto, se podría argumentar que el desenlace de “God’s Country” es algo previsible, especialmente considerando las diferentes pistas que el guion va dejando mientras sigue a Sandra en su día a día (literalmente; la película entera se lleva a cabo a lo largo de siete días). Y sí, las metáforas con los venados que ella trata de salvar (y que sus acosadores tratan de cazar) no son particularmente sutiles. Pero nada de eso logra arruinar la espectacular actuación de Newton, ni lo intensa que puede llegar a ser la narrativa, la cámara de Higgins siempre siguiendo a Sandra, permitiéndole a uno percibir este mundo a través de sus ojos y emociones. “God’s Country” demuestra que, a veces, ser sutil y sobrio es lo que más conviene a la hora de desarrollar una historia dramáticamente potente.



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