“¡Nop!” (2022), de Jordan Peele

“¡Nop!” (2022), de Jordan Peele

Mientras que M. Night Shyamalan crea un equilibrio entre el suspenso y el drama, Jordan Peele lo hace entre el suspenso y una cuota social. ¡Nop! (Nope, 2022), a primera vista, tiene la intención de establecer una nueva lección social que revalorizará a una comunidad, aunque no exclusivamente la afroamericana.

Los hermanos de un rancho en California no solo son los herederos de un negocio de caballos que son usados para películas de Hollywood. Ellos son también descendientes de pioneros del cine. Más allá de ser una tarjeta de presentación, la idea de que el bisabuelo haya sido el jinete del primer fotograma que se convertiría en un antecedente material del cine, implica que se está revalorando a un oficio o intervención no perceptible en los créditos de las tantas películas, por ejemplo, western que precisaron de la buena crianza ejecutada por el linaje de los dos protagonistas de este filme de terror. Es decir; estamos tratando con un acto de visibilizar a una tradición laboral y de paso empoderar el vínculo afroamericano. Peele hace visible a los invisibles, los pone en primer plano, los convierte en protagonistas y los hace héroes de su propia ficción. Es ahí en donde ingresa el suspenso que luego transitará al terror. Esa es la historia sobre avistamientos de ovnis, la cual goza de un preámbulo estratégico para provocar la expectativa ante la situación, tal como lo había hecho en su momento Shyamalan en Signs (2002).

Peele tiene sensibilidad para construir la ansiedad ante aquello que se percibe, pero no se ve o no se comprende. Es la misma dinámica que ha realizado en sus anteriores películas. En Get Out (2017), un visitante sabe que algo anda mal, pero no sabe cómo explicarlo; mientras que en Us (2019), la aparición de una versión sórdida de una familia es apenas el principio de muchas interrogantes. En ¡Nop!, los hermanos creen haber visto, o al menos uno de ellos, pero no es suficiente. Está esa necesidad de mostrar las pruebas, hacer un acercamiento a “eso” que gravita en los cielos y está secuestrando a los caballos. Hasta cierto punto, el suspenso funciona en el crepúsculo. Algo tiene que ver también el efecto que provoca el invasor a cada que se aproxima y las luces de la única casa del valle parpadean. Eso es trabajar el suspenso, así como enfocar en plano general el cielo y no ver más que la quietud de las nubes. Ya después, estos detalles se pierden a la luz del día. Tanto el suspenso como el terror carecen de efectividad además para cuando se desvela la naturaleza de ese invasor. Peele transgrede contra la fantasía de los platillos voladores a fin de darle mayor sentido a su historia en donde hace homenaje a vaqueros y entrenadores de caballos. El director sacrifica la ilusión sobre lo que entendemos por seres del otro mundo para enaltecer las dotes de su héroe.

Lo cierto es que hay una cortesía que se gesta en paralelo, una que ciertamente parece poner en confrontación a una práctica en su versión pretérita y su modalidad actual. ¡Nop! hace una alegoría al valor del cine tanto en su versión clásica como del presente. Parece que se quiere gestar una suerte de debate sobre cuál es la mejor etapa. La película inicia con el primer fotograma de la historia. Esta idea se contrasta abruptamente para cuando los herederos se preparan a hacer una toma con el caballo por delante de una pantalla verde. Es por esa razón que resulta casi vacía o hueca la alusión al bisabuelo en un mundo digital. El hecho es que Peele no piensa en un versus. ¡Nop! es una historia en donde el cine del ayer y del hoy se alían para convertirse en herramienta del héroe y su intento por capturar lo imposible. Es prácticamente lo que ha venido haciendo el cine desde su invención. Los pioneros observaron al cine como un artefacto fotográfico, ya luego comenzó a nacer ese deseo por expandir lo real. Es el efecto de todo creador: querer superar a la realidad mediante la ficción. Jordan Peele pone a trabajar una cámara de rollo de película y un dispositivo digital codo a codo y ambos son imprescindibles. No existe la cancelación o invisibilización en el mundo del cine, sino la trascendencia. Es una negación al ocaso de los géneros, los dispositivos, técnicos y demás que intervinieron en favor al cine y que muchos creían estaban extintos.

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