Festival DOC NYC: «Fire of Love», de Sara Dosa

fire of love

Lo más atractivo del documental de la estadounidense Sara Dosa son las imágenes que selecciona de toda esa fuente fílmica que dejaron los vulcanólogos Katia y Maurice Krafft. Esta es una película que por sí sola ya genera goce desde su recurso visual. Hay muchas texturas, colores, contrastes; no solo entre los colores, sino también consecuencia de la correspondencia entre el objeto y el fondo. Son varias las secuencias en donde vemos cómo la naturaleza volcánica se figura titánica en relación con la presencia de “hormigas” de los científicos. Es una película que retrata una confrontación indirecta, el de los humanos versus la naturaleza indómita, solo que en este caso no existe el deseo humano de dominar, sino de contemplar. A pesar, Fire of Love (2022) opta por no excavar en esa mentalidad o fascinación de los estudiosos hacia esas reacciones de las entrañas terrestres. Dosa se orienta a crear una biografía de los Krafft y su relación con los volcanes. En tanto, en su trayecto, se limita a reconocer o a hacer apuntes sobre la filosofía de sus protagonistas. Es decir, se niega a inspeccionarlos. La directora parece estar modulada por su función de investigadora. Es como si el hecho de valerse de todo ese found footage, que no es de su propiedad, la priva de no querer interpretar más allá de lo mencionado por los Krafft. Tal vez, al igual que Werner Herzog, es consciente de que está tratando con dos orates, pero no se anima a decirlo o profundizar al respecto.

El estreno de The Fire Within: A Requiem for Katia and Maurice Krafft (2022), de Herzog, coincide con el de Dosa. Son dos documentales que hacen un tributo a los vulcanólogos, aunque cada uno asumiendo una ruta muy distinta del otro. Sabemos de los antecedentes del director alemán, un vicioso de los dementes como él que se atreven a confrontar la naturaleza en su estado caótico e impredecible, y que además habitualmente nos descubre un filtro poético innato que nace de ese panorama lleno de hostilidad y que no deja de hacerte recordar sobre la mortalidad humana. Eso sucede en The Fire Within. En Fire of Love, el resultado es más tradicionalmente romántico. El de Herzog también lo es, aunque en un sentido impetuoso y autodestructivo. Ambos documentales se abren con las grabaciones en los alrededores de ese volcán japonés que fue el último lugar donde se les vio a los vulcanólogos. Mediante esa introducción, Herzog pone en marcha su película con la premisa “la vez en que se les terminó la suerte a los científicos”. Comienza a revisar las expediciones en donde se salvaron. Dosa, en su lugar, se remonta desde los primeros antecedentes, la infancia por separada y luego la unión de la pareja, sus primeros trabajos juntos y el posterior ascenso de ambos dentro del oficio. Todo es cronológico.

Dosa se inclina por una narración tradicional. Juega el rol de investigadora, historiadora o biógrafa no insidiosa de estos héroes. Herzog, fiel a su estilo, incluso parece insinuar que son sujetos moralmente contradictorios. Eso de concientizar los peligros de vivir cerca a un volcán y el convivir con los volcanes por la sola satisfacción de ver cómo la lava embellece a la superficie terrestre, son dos ideas que simplemente no deberían ir juntas. Herzog agrega que los científicos en algún momento perdieron la brújula de la ciencia para asumir más bien las riendas de directores de cine extasiados por capturar la belleza natural desde sus cámaras. Definitivamente es así. Y lo curioso es que las imágenes de Fire of Love refuerzan aún más lo que menciona el alemán. The Fire Within no goza del archivo que sí posee Dosa. Sería muy estimulante combinar las imágenes de la directora con la propuesta narrativa del alemán. Werner Herzog es un director que cuenta con una tremenda sensibilidad para con ciertas imágenes que, por sí solas, son poéticas; en tanto, la intromisión de su voz en off apenas sirve de guía, pero sin privarse de sembrar más poética, sobre todo la de tendencia irónica. Es filosofía alemana. La voz de Sara Dosa, en cambio, no irrumpe su función de cronista de segunda mano. Podría decirse incluso que su tarea informativa a veces degrada el clímax de sus imágenes. En gran parte, toda esta documentación fílmica de los Krafft dice, sugiere y contamina mucho de esa pasión por sí sola.



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