A mí el Día de la Madre me gusta, pero a veces me incomoda la capa de azúcar que le ponemos encima, como si hablar de maternidad “en serio” fuera arruinar la fiesta. Yo lo siento al revés. Mirar la complejidad también es una forma de respeto, porque no todo lo materno cabe en una tarjeta de saludo. Por eso armé este Top Ten personal con películas que me ayudan a pensar la maternidad sin romantizarla demasiado, viéndola como red, como trabajo, como desgaste, como clase, como estado, como ambivalencia. No están aquí para “hacer llorar bonito”, ni para confirmar lo que ya sabemos. Están aquí para abrir la conversación. Aviso que esta nota incluye pequeños spoilers y no contiene “azúcar”, no por falta de cariño, sino porque romantizar este día también puede ser otra forma de no mirarlo.
10. Todo sobre mi madre (1999)
Dir. Pedro Almodóvar — España/Francia
En mi Top 10, este melodrama con manifestaciones de amor ancho y real, que para mí me funciona como una película que cierra mi conteo de manera cálida sin caer en la ingenuidad. La historia sigue a Manuela después de una pérdida fuerte y la obliga a reconstruirse en Barcelona, rodeada de mujeres igual de heridas. No la recuerdo como un “homenaje”, sino con la premisa de que madre también es quien sostiene cuando no hay un manual o en los momentos menos inesperados. Y eso incluye duelo, cuidado y una red que aparece cuando la vida te empuja contra la pared.

9. L’une chante, l’autre pas (1977)
Dir Agnès Varda — Francia/Bélgica
La maternidad también se piensa desde la decisión, y Agnes Varda lo entendió desde el inicio de su filmografía. La película acompaña a dos amigas durante años y cruza la crianza, la amistad, la militancia y esa pregunta que incomoda a medio mundo: quién decide y con qué libertad, sobre todo en una época en la que muchas decisiones se tomaban en voz baja y con miedo. Varda explicó que quiso dejar testimonio —desde la ficción— de esas luchas colectivas en Francia entre 1965 y 1975. Y por eso la película es luminosa, pero no porque sea “azucarada”: es luminosa porque no te castiga por elegir, y porque entiende la libertad como algo que se construye con otras.

8. La ciénaga (2001)
Lucrecia Martel — Argentina/España
Esta es una película para cuando uno quiere mirar la maternidad desde un lugar incómodo: la casa como pantano. Hay madres cansadas, familias que se pudren por dentro, chicos sueltos, y un clima donde el cuidado no alcanza o simplemente no llega a tiempo. Lo mejor de Martel es que no te lo explica con discurso ni te subraya nada: te lo deja sentir en el sonido, en el calor pegajoso, en la rutina, en los cuerpos que ya no dan más. Y sí, Criterion la presenta justamente así: como un retrato visceral de clase y estancamiento, tan físico que la decadencia doméstica casi se puede tocar.

7. Jeunes mères (Young Mothers, 2025)
Dir. Jean-Pierre y Luc Dardenne — Bélgica/Francia
Unifrance resume la premisa de esta película sin adornos: «Una película de jóvenes madres alojadas en un centro que intenta ayudarlas a construir un mañana». Los Dardenne entran porque son maestros en filmar vidas difíciles sin convertirlas en espectáculo. Aquí seguimos a un grupo de madres adolescentes en un refugio, tratando de salir adelante con lo mínimo. Y lo que me interesa es cómo la maternidad aparece como lo que es muchas veces: una condición material —precariedad, redes frágiles, futuro comprimido— y no como una consigna bonita. Al final, la película te deja el recordatorio básico de que no todas las maternidades empiezan desde el mismo piso.

6. Sorda (2025)
Dir. Eva Libertad — España
La pongo aquí porque me parece una de las miradas reciente más directas sobre la maternidad sin épica. Una mujer sorda va a tener un bebé con su pareja oyente y lo que se abre no es un “milagro”, sino la tensión entre la comunicación, el cansancio, las instituciones y un mundo diseñado para otros: los no sordos. La propia directora trabajó el largo con testimonios reales de madres sordas, y eso se nota en la propuesta, pues la película no “representa” desde lejos, sino que construye desde la experiencia cercana y transita por escenas que bien puede experimentar una madre sorda en el cotidiano. Por otro lado, para mí su valor está también en mostrar cómo ese amor que existe puede ponerse a prueba ante la existencia de una estructura que puede ser cruel, sin necesidad de villanos caricaturescos.

5. Roma (2018)
Dir. Alfonso Cuarón — México
Aquí la maternidad se ve en capas: la madre de la casa y la mujer que cuida a los hijos como trabajo, día tras día. Cuarón sigue a Cleo (trabajadora del hogar indígena) y a Sofía (madre de familia) en un México atravesado por tensiones sociales y políticas. La Biennale presenta la película como un retrato de jerarquía social y crisis doméstica en ese contexto. Y el dossier de Latin American Perspectives insiste en una pregunta clave, que a mí me parece el corazón del asunto: ¿qué significa ser “como de la familia” cuando hay desigualdad y trabajo de cuidado que se vuelve invisible? Yo la pongo aquí porque me obliga a mirar el cuidado como trabajo y, a la vez, como una relación atravesada por clases sociales.

4. Canción sin nombre (2019)
Dir. Melina León — Perú
Me pareció importante incluir una peruana. No por cumplir una cuota, sino porque nuestra idea pública de “madre” suele olvidar a las mamás pobres e indígenas cuando chocan con el Estado. La película parte de hechos reales: robo de bebés en el Perú de fines de los años 80, y una madre que busca a su recién nacida en un país que no la escucha. The Hollywood Reporter la describió como un relato kafkiano inspirado en esa historia real; y el texto del AFI Fest detalla el mecanismo de captación de mujeres vulnerables bajo promesas de atención gratuita. Es una película dura, sí, pero necesaria, porque te obliga a mirar una maternidad que casi nunca entra en el homenaje oficial: la maternidad que tiene que pelear incluso para que la crean.

3. Mother (2009)
Dir. Bong Joon-ho — Corea del Sur
Esta es una película sobre hasta dónde puede llegar el amor cuando el mundo te deja solo. Bong Joon-ho ha dicho que quiso mirar el otro lado de eso que solemos celebrar como instinto materno, como si se tratara de la cara oscura de la luna, porque lo materno también puede tener un reverso inquietante. En esa línea, varios estudios han insistido en que Mother desmonta la imagen idealizada de la madre devota y empuja esa devoción hacia zonas éticas difíciles, donde la protección deja de ser virtud automática y empieza a contaminarse de culpa, violencia y justificación. A mí me gusta precisamente por eso. No me deja ver la historia desde la comodidad del “amor puro”, sino desde un lugar incómodo en el que uno se pregunta, sin moralina, cuándo salvar a alguien empieza a parecerse demasiado a arrasar con todo lo demás.

2. We Need to Talk About Kevin (2011)
Dir. Lynne Ramsay — Reino Unido
Si hay una película que se atreve a decir “esto también existe”, es esta. No porque esté “en contra” de la maternidad, sino porque se mete en algo real. La ambivalencia, la culpa, la presión social, esa sensación de estar siempre bajo juicio. La crítica académica la ha leído precisamente desde ahí, desde cómo la cultura exige una maternidad feliz y cómo la película, en cambio, filma una experiencia donde no hay respuestas que te tranquilicen del todo. Es dura, sí. Pero a veces la honestidad es dura, y no pasa nada con decirlo.

1. Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1975)
Dir. Chantal Akerman — Bélgica/Francia
La pongo primera en mi lista porque me parece la película que mejor hace visible eso que solemos pasar por alto, el tiempo del cuidado. Cocinar, limpiar, ordenar, repetir. Sostener una casa y sostener a un hijo, día tras día, hasta que lo mínimo se desajusta. Es además un registro meticuloso de la rutina, con una sensación de fatalidad que va creciendo, en donde se convierte también en una manera de mirar la opresión cotidiana sin atajos. No es una película para “sentirse bien”, pero sí para entender algo esencial, porque en esa duración literal el cine le da un peso concreto al trabajo de una mujer.

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Varias de estas películas están en plataformas grandes, así que puedes armarlas como maratón sin complicarte. Otras están en plataformas cinéfilas, más de catálogo. Y luego están las que aparecen y desaparecen: las que circulan por alquiler digital, por ediciones físicas en Polvos Azules, por cineclubes… o por ese cosmos irregular de internet.
Yo no creo que celebrar a mamá signifique mentir. Si algo me dejan estas diez películas es que también se puede mirar de frente el costo del rol materno. No para aguarnos el día, sino para entenderlo mejor. Porque detrás de la palabra “mamá” hay horas, decisiones, renuncias, paciencia, rabia, amor, cansancio, y una forma de estar en el mundo que casi nunca se cuenta completa. Yo prefiero celebrarla así: sin azúcar (sin romantizar ni maquillar la complejidad), pero con respeto, y con un cine que no subestime la inteligencia emocional de nadie. Pásenla lindo con sus madres y no las hagan infelices el resto del año.



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