[Crítica] “Forastera” (2025), de Lucía Aleñar: identidad y transformación


Basada en el cortometraje del mismo nombre, Forastera (España, 2025), de Lucía Aleñar Iglesias, es un drama de ritmo letárgico que lidia de forma fascinante con las consecuencias de la muerte de un ser querido. Centrándose en Cata (Zoe Stein), una adolescente que ya de por sí estaría pasando por una fase complicada de la vida, pero que ahora debe enfrentar la muerte de su abuela, el filme nos dice mucho sobre la identidad a través de una narrativa que mezcla lo real con lo fantasioso. Es así que la experiencia en general termina siendo lo suficientemente incierta como para que uno sepa por qué Cata está pasando por lo que está pasando, pero no necesariamente cómo.

La historia se lleva a cabo en Mallorca, donde la ya mencionada Cata está pasando las vacaciones de verano con sus abuelos, Catalina (Marta Angelat) y Tomeu (Lluís Homar), junto a su hermana menor Eva (Martina García). Inicialmente, su madre, Pepa (Núria Prims), aparece solo como una voz en el teléfono, pero eventualmente se ve obligada a llegar a la idílica casa de playa. Porque, en una fatídica noche, Cata se encuentra con el cuerpo sin vida de su abuela, quien parece haberse tropezado con unos escalones.

La muerte de Catalina termina devastando a Tomeu, quien poco a poco se va hartando de Pepa, a quien no parece comprender del todo. Pero lo fascinante es lo que sucede con Cata: gradualmente, la chica se va convirtiendo en su abuela, primero usando su ropa (generalmente dentro de casa), pero luego, y de forma muy sutil, adoptando sus manierismos y su forma de hablar, y refiriéndose a su abuelo con su nombre de pila. ¿Estará Cata pasando por un proceso de transformación fantástica y literal, o simplemente está jugando o perdiendo la cordura? Forastera no nos da respuestas claras, dejando mucho a la interpretación.

El título de la película puede interpretarse de diversas formas, lo cual es coherente con la forma en que el guion ha sido construido. Siendo una chica de Madrid, Cata es una forastera en Mallorca, por más que cuente con un enamorado con quien conversa en inglés. Pero también es una forastera en su propio cuerpo –no solo porque es una adolescente que está pasando por un proceso de cambios, sino también por cómo se va transformando en su abuela (quien, no por casualidad, llevaba el mismo nombre que ella). Es por esto que, a pesar de ser una chica astuta y carismática, uno siente cierta distancia hacia Cata, como si se estuviera sintiendo fuera de lugar todo el tiempo.

A esto contribuye la actuación de Zoe Stein, quien está muy bien como la joven Cata. Se trata de una interpretación rica en sutilezas, en donde el espectador se va dando cuenta muy gradualmente de cómo Cata cambia. No es que se transforme en su abuela de forma exagerada o literal, sino más bien a través de pequeños manierismos, y, por supuesto, de cómo trata al abuelo. Es así que este último eventualmente le hace reclamos a su nieta, diciéndole que es solo una niña, y preguntándole lo que quiere. Por su parte, Cata ha dejado bien en claro desde un inicio que le gusta actuar y mentir (como cuando contestaba el teléfono de la casa y fingía ser su abuela); quizás su objetivo consiste únicamente en ser alguien más.

No obstante, es justamente por la distancia que se crea —a propósito— entre Cata y el espectador que la experiencia de ver Forastera se puede sentir un poco fría. Y a esto no ayuda que la cinta nunca brinde respuestas en cuanto a la naturaleza de lo que Cata está haciendo. ¿Está pasando por un proceso de reencarnación? Puede ser. La abuela menciona a un fantasma al inicio, cuando un foco de la cocina comienza a parpadear, suceso que se repite luego. ¿O simplemente está imitando al familiar con el que sentía más afinidad, tratando de entender a su abuelo? También, especialmente porque la historia en general no parece ser de naturaleza sobrenatural (a pesar de cierto suceso hacia el final del filme).

En todo caso, este es el tipo de película que se deleita en mantener al espectador a la expectativa, dejando bien en claro que las respuestas que no les da no son necesariamente importantes. Lo importante acá es la caracterización de Cata como una chica que no sabe lo que quiere de la vida –ella misma dice que tiene tiempo para decidir; le queda un año de colegio todavía– y que, al “transformarse” en su abuela, podría terminar por definir bien su identidad. Que esto suceda a través de un suceso sobrenatural es al final irrelevante; fascinante de considerar, pero no muy importante para que uno entienda a la chica desde cierta distancia, especialmente en contraposición a su gentil abuela y su complicada madre.

Forastera se siente como una propuesta personal que ha sido transformada en una narrativa de corte universal, que debería poder ser entendida e incluso sentida por cualquier espectador. Incluso la dualidad de la identidad de los abuelos, quienes hablan catalán entre sí pero español con los demás, debería calar con buena parte de una audiencia latina. Pero fuera de aquello, la película funciona como un drama de caracterizaciones sutiles, interrogantes fascinantes y una excelente actuación central, que además aprovecha al máximo su locación principal para entregarnos imágenes bellas (algunas bastante simbólicas y potencialmente fantasiosas). Forastera le pide paciencia a sus espectadores, lo cual debería resultar en una experiencia muy satisfactoria.

Archivado en:


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *