Festival de Tribeca: «Switch» (2026), relaciones queer en formato breve


Switch es el tipo de historia que para algunos podría sentirse un poco muy aleccionadora, especialmente por cómo concluye. Protagonizada por Pauline Chalamet (hermana de Timothée) y Coral Peña, se trata de una miniserie de tres episodios muy breves que nos narran los esfuerzos de parte de una pareja de chicas por encontrar al hombre perfecto para tener un trío. Todo muy normalizado, todo bastante entretenido y, gracias a que cada episodio no dura más de ocho minutos, todo extremadamente digerible.

Pero regresando al tema aleccionador. Disfruté de estos (¿primeros?) tres episodios de Switch gracias a lo casual que se siente la forma en que los personajes enfrentan la trama. Pero esto se ve (ligeramente) manchado una vez que llegamos al desenlace, el cual, lógicamente, no malograré. Solo sepan que el último episodio de los tres que pude ver termina con un discurso que se podría argumentar no está planteado totalmente en serio, pero que al final de cuentas se siente como una suerte de moraleja, presentada con toda la sutileza de un bombardeo militar.

Fuera de eso, Switch no está mal, especialmente considerando que se nota que es una producción indie grabada enteramente en Los Ángeles con recursos relativamente limitados. El primer episodio comienza con una (primera) cita entre Lena (Chalamet) y Maxine (Peña), quienes inicialmente no parecen tener mucho en común. La primera expresa todo lo que tiene en mente y cree en la astrología, mientras que la segunda es un poco más reservada y sabe poco o nada sobre los signos zodiacales. Sin embargo, al final sí logran congeniar, por lo que para el segundo episodio ya son pareja.

Antes de eso, sin embargo, Lena ya había mencionado que no estaba interesada en ser monógama, y una vez que se convierte oficialmente en la pareja de Maxine, deciden que sería buena idea tener un trío. Es así que se empecinan en buscar al hombre perfecto para dicha actividad. En el segundo episodio de Switch, intentan convencer a Ryan (Adam Shaukat) de ser su tercera rueda, y aunque al inicio parece estar dispuesto, resulta que es un poco más conservador (o tímido) de lo que parece. Y en el último episodio, las chicas hacen el intento con TJ (Benjamin Holtz), un personaje de mente ridículamente abierta: tiene enamorado, tiene enamorada, tiene un toy boy, tiene un cachorro súper adorable, y usa ropa de baño de arcoíris. Pero quizás él tampoco es el candidato correcto.

El hecho de que cada episodio sea tan breve tiene tanto sus pros como contras. En lo positivo, hace que Switch sea una serie fácil de disfrutar, con caracterizaciones directas y creíbles, y conflictos que son resueltos de forma acelerada. Pero en lo negativo, resulta en tres episodios que, francamente, podrían haber sido más. El primer episodio en particular concluye de manera absolutamente súbita, tanto así que da la sensación de que se quedaron sin tiempo o recursos para terminarlo como merecía. El formato no es malo, y seguramente ayudará a que Switch sea vista por un público más amplio, pero acá, se siente también como una limitación.

Fuera de eso, vale la pena enfatizar que el tener una miniserie como esta, totalmente queer y de mente muy abierta, tiene mucho valor. Evidentemente, no será del agrado de todo el mundo, y seguro que habrá quienes consideren que lo que hacen estos personajes es inmoral o algo así, pero felizmente, la narrativa es desarrollada con suficiente ligereza como para que nadie (idealmente) se enfade por lo que sucede. Además, por más que la forma en que el mensaje es presentado no me haya gustado (con discurso y todo), sí está muy bien que Switch incluya una suerte de crítica a posturas extremas, desde las más tradicionales, hasta las más sex-positive.

Tanto Pauline Chalamet como Coral Peña están muy bien en sus respectivos roles. La primera, protagonista de una serie de similar corte (La vida sexual de las universitarias, en HBO Max), convence como una chica dulce y carismática, cuya vida profesional (es docente universitaria) contrasta deliciosamente con su vida personal (es una chica bisexual polígama que disfruta mucho de los tríos). Y por su parte, la segunda construye a Maxine como una chica de mente igual de abierta pero de menos palabras, más práctica que su nueva pareja, pero no menos emocionada por encontrar al hombre perfecto para la experiencia sexual que las dos se mueren por tener.

Hay que ver los tres cortos episodios de Switch teniendo en cuenta lo que son: una producción independiente de bajo presupuesto que, en poco tiempo, logra desarrollar una narrativa ligera, graciosa y explícita (únicamente en sus diálogos). No reinventa la rueda ni mucho menos, pero sí se siente como el tipo de concepto que podría ser convertido en una serie más larga, o en un largometraje de comedia similar a los que Hollywood solía producir por montones antes de la era del streaming. Interesante que Switch sea parte del Festival de Tribeca de este año; es un estreno algo discreto y atípico y ciertamente fallido, pero no por eso poco interesante.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *