Las despedidas nunca son fáciles y tampoco existe una sola manera de asimilarlas. Puede tratarse de una ruptura romántica, donde el duelo entre ambas partes rara vez se vive de la misma forma, con cada persona recordando momentos distintos, construyendo perspectivas diferentes y despertando emociones particulares durante el proceso. También puede ocurrir con asociaciones que, de un momento a otro, llegan a su fin. En este caso se trata de una asociación artística. Y si hablamos de las más importantes del siglo XX, pocas podrían competir con la formada por John Lennon y Paul McCartney, quienes junto a The Beatles compusieron algunas de las canciones más influyentes de toda la historia de la música popular.
Por supuesto, cuando los cuatro de Liverpool se separaron a finales de los años sesenta, todo el panorama se volvió incierto. Las discusiones sobre quién anunció realmente la ruptura, quién tuvo la culpa, si existieron influencias externas o si el desgaste era inevitable han acompañado la historia de la banda durante décadas. En el caso de The Beatles ocurrió todo eso y más. Es precisamente desde ese acontecimiento que parte Paul McCartney: hombre a la fuga (Paul McCartney: Man on the Run, 2025), documental dirigido por Morgan Neville que, desde la perspectiva de Paul McCartney, reconstruye el complejo proceso que vivió tras la separación del grupo y el camino que lo llevó a dar sus primeros pasos como artista solista.
A través de diferentes testimonios, además del propio McCartney, el documental muestra cómo aquella transición estuvo lejos de ser sencilla. Porque, aunque estemos hablando de uno de los músicos más importantes que todavía tenemos la fortuna de tener entre nosotros, lo cierto es que también tuvo que empezar de nuevo. De repente ya no existía la estructura que había sostenido gran parte de su vida creativa y debía replantearse muchas cosas si quería evitar repetir una fórmula que ya había demostrado ser exitosa. Incluso cuando uno escucha hoy su álbum debut y conoce datos tan comentados como el hecho de que él mismo grabó todos los instrumentos, resulta importante recordar que nada de eso apareció de manera espontánea ni surgió únicamente por inspiración momentánea.
Si algo deja claro el filme es que McCartney contó con aliados fundamentales durante ese periodo. Entre ellos destaca Linda McCartney, quien lo acompañó durante una especie de exilio voluntario de la vida pública. El documental lo muestra refugiándose en una pequeña casa ubicada en una zona apartada de Escocia, donde comienza a desarrollar muchas de las ideas musicales que venían rondando su cabeza durante los últimos años de The Beatles. Varias composiciones empiezan a adquirir forma definitiva en ese contexto hasta desembocar en McCartney (1970), el disco con el que inicia oficialmente su carrera en solitario.

Por eso una de las decisiones más interesantes del documental está relacionada con su construcción visual. Neville articula gran parte de la película a través de imágenes que funcionan como collages. El montaje intercala material de archivo con recursos visuales de apariencia artesanal similar a un collage, creando una sensación de ensamblaje constante. Da la impresión de que la propia película estuviera armándose poco a poco frente a nuestros ojos, del mismo modo en que McCartney reconstruía su identidad artística tras el final de la banda más famosa del mundo. Ese paralelismo entre forma y contenido resulta probablemente uno de los aspectos más estimulantes de toda la propuesta.
Si tuviera que señalar algo que me genera ciertas reservas, diría que me ocurre algo parecido a lo que me pasó con Beatles ’64 (2024). Al igual que aquel documental, Hombre a la fuga rescata un momento muy específico y atractivo dentro de la historia de The Beatles y de sus integrantes, pero lo hace siguiendo una estructura relativamente convencional. Aunque los recursos visuales ayudan a darle personalidad y el material histórico puede resultar fascinante tanto para fanáticos como para espectadores más casuales, tengo la impresión de que quienes busquen una exploración mucho más elaborada de esta etapa de la vida de McCartney podrían quedarse con ganas de más.
El problema no radica en la información que ofrece, sino en la velocidad con la que recorre ciertos periodos. Estamos hablando de una década fundamental en la carrera del músico, especialmente desde los años setenta hasta comienzos de los ochenta, y hay momentos en los que el documental parece avanzar demasiado rápido por acontecimientos que perfectamente podrían haber merecido un desarrollo mayor. Eventualmente la película alcanza su desenlace sin detenerse demasiado en algunos episodios que resultan especialmente relevantes para comprender la evolución artística de McCartney durante aquellos años.

Aun así, me parece acertado que Neville no busque cerrar la historia desde una perspectiva pesimista. Por el contrario, la película termina reforzando la idea de que el verdadero objetivo de McCartney durante todo ese tiempo era madurar tanto en el plano personal como en el artístico. Para lograrlo necesitaba dar un salto de fe hacia lo desconocido, aceptar la incertidumbre y permitirse experimentar con nuevas posibilidades creativas. Ese impulso es el que posteriormente daría origen a trabajos como Ram, a toda la etapa junto a Wings que eventualmente nos daría obras tan importantes como Band on the Run.
Precisamente por eso, aunque el documental no sea especialmente arriesgado en sus decisiones formales y, de manera un tanto irónica, termine siendo menos aventurero que el propio McCartney, continúa siendo una experiencia muy disfrutable. Hay una intimidad genuina que atraviesa todo el relato. A través de la voz del músico y de las personas más cercanas a él, se percibe constantemente una sensación de apoyo mutuo y una voluntad colectiva de superar las adversidades que aparecieron tras la ruptura de la banda.

Dicha dimensión emocional no se limita únicamente a la relación con Linda McCartney. También alcanza a la figura de John Lennon. La película dedica tiempo a mostrar cómo esa amistad atravesó distintas etapas después de la separación de The Beatles. A pesar de que existieron tensiones importantes y llegaron a lanzarse indirectas a través de sus respectivos trabajos solistas, el documental permite observar cómo ambos fueron procesando el duelo de maneras distintas. Esa evolución funciona casi como una línea paralela que acompaña el crecimiento artístico de McCartney. Mientras su carrera continúa desarrollándose, también vemos cómo él y Lennon intentan comprender qué significaba seguir adelante después del final de algo que había definido buena parte de sus vidas.
Resulta especialmente interesante el modo en que se aborda la posibilidad de una reunión de la banda. El documental recuerda cómo hubo presiones externas en más de una ocasión para volver a juntar a los cuatro integrantes. No obstante, de igual modo deja entrever que ellos mismos comprendieron que aquello no era algo que pudiera forzarse. Con el paso del tiempo, particularmente John y Paul entendieron que podían mantener una amistad sincera, compartir momentos junto a sus respectivas familias y seguir apreciándose mutuamente sin necesidad de volver a convertirse en The Beatles. Lo mismo ocurre con figuras como Ringo Starr, cuya presencia dentro del archivo ayuda a reforzar esa sensación de afecto persistente incluso después de que cada uno tomara caminos diferentes.

Al final, abordar la vida de alguien que ha hecho tantas cosas a lo largo de varias décadas inevitablemente implica dejar temas fuera. Por eso siento que Paul McCartney: hombre a la fuga siempre iba a quedarse corto en algún aspecto y no considero que eso sea necesariamente un defecto. Más bien parece una consecuencia natural de intentar condensar una trayectoria tan vasta dentro de los límites de un film documental. Aun cuando esa sensación permanezca, la película sigue siendo un trabajo sólido, bien construido y emocionalmente efectivo.
Además, consigue transmitir algo que siempre ha acompañado a Paul McCartney: esa calidez tan característica que parece estar presente en prácticamente todas las etapas de su vida. Verlo reflexionar sobre este periodo ayuda a recordar que estamos hablando de un músico que jamás se conformó con descansar sobre sus propios logros. Incluso después de alcanzar una fama prácticamente imposible de igualar, continuó buscando nuevas formas de reinventarse. Sabía que, si quería mantenerse como la leyenda que terminó convirtiéndose, debía seguir avanzando.
Es por ese motivo que esta etapa específica de su vida resulta tan fascinante, representando un momento bisagra donde todo parecía incierto y donde tuvo que reconstruirse casi desde cero. Para ser un documental que no tenga suficientes riesgos, observar ese proceso de transformación siempre resulta interesante. Ver a Paul McCartney atravesar ese camino, descubrir nuevas posibilidades y encontrar una voz propia después del final de The Beatles es algo que conserva un enorme atractivo. Sea cual sea la forma en que se cuente, sigue siendo una historia que vale la pena escuchar.


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