Yaron Shani | Cinencuentro

Yaron Shani

Ajami

No es impropio decir que Ajami habla de un lugar, y que es el lugar el que hace nacer las historias que van recorriendo la película, casi laberínticamente, como si reprodujeran la manera en que se entremezclan sus calles. Scandar Copti y Yaron Shani –ese director con dos cabezas, con la particularidad de que aquí son una árabe y la otra israelí– buscaron que Ajami fuera un espacio donde se expandieran múltiples historias, en tanto coexisten judíos, musulmanes y cristianos.

Ajami

«No somos una sociedad, sino varias tribus que se odian», afirmaba en una entrevista el escritor israelí Ron Leshem, autor de la adaptada obra “Beaufort”. Copti y Shani muestran, con ráfagas que recuerdan a «Crash» de Paul Haggis, ganadora del Oscar 2005 a mejor película, el desencuentro entre diferentes razas en el conflictivo encuadre fronterizo entre Israel y Palestina, frontera-muro que separa todos los ámbitos de la vida de los jóvenes protagonistas de este documento rodado de manera audaz, con actores no profesionales, pero actuaciones exquisitamente realistas y emotivas, crispantes y nerviosas, verídicas en su conjunto. Copti y Shani diseñan una sombría gama de grises donde todo el mundo es víctima y agresor. Los debutantes realizadores exponen algo nuevo en este tipo de filmografías, los roces y desafíos, miedos y malentendidos de todos, entre todos. La violencia latente y geneticamente heredada. Roces entre grupos culturales distintos, entre judíos y palestinos, pero también entre éstos y los cristianos, beduinos y familias varias. Familias que son pueblos, que conforman las leyes de su grupo, así como el comercio de protección, por y para los suyos.

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