Capital (todo el mundo va a Buenos Aires) (2007)

Capital (todo el mundo va a Buenos Aires)Dir: Augusto González Polo | 119 min. | Argentina

Intérpretes: Alfonso Tort (Sergio Astier), Laura Agorreca (Claudia), María Abadi (Verónica), Diego Gatto (Juan), Mora Recalde (Mara), Gabriel Urbani (Vincent), Esteban Prol (Julián), Manuel Vicente (tío), Antonio Caride (Oscar), Martín Campero (Lorenzo), Marcelo Márquez (Maqueta), Guillermo González (Wep), Pablo Benitez (Rubén), Valeria Kotz (chica).

Premio “Descubrimiento de la crítica” en el 19º Festival Encuentros de Cines de América Latina (Toulouse, 2007)

Estreno en Perú: 8 de marzo de 2008

Capital (todo el mundo va a Buenos Aires) no es solamente una película sobre la capital argentina, sus calles y sus avenidas, sino sobre los sentimientos que ella trae, en especial a Sergio, un joven venido de provincia, que encuentra en Buenos Aires una escuela (de cine), nuevos amigos, el amor y el subsiguiente desamor. En la cinta la subjetividad de Sergio se cola en la imagen y el relato a través de recursos cinematográficos variados: el desenfoque, el desencuadre, la sobre impresión y el virado de color se convierten en expresiones de su mundo interior deprimido y angustiado, y nos hablan de una falta de claridad y objetivos en su vida. Una cinta de jóvenes, para jóvenes, por jóvenes. Un relato intenso para la generación que tiene la veintena avanzada.

Capital (todo el mundo va a Buenos Aires)

Capital (todo el mundo va a Buenos Aires) no es solamente una película sobre la capital argentina, sus calles y sus avenidas, sino sobre los sentimientos que ella trae, o que recorren sus vías gracias a cada uno de sus habitantes, es decir de cómo la calle, la avenida, las puertas, ventanas y esquinas cobran un valor propio, connotativo, de acuerdo a quien las mire; y en este caso las mira Sergio, un joven venido de provincia, que encuentra en Buenos Aires una escuela (de cine), nuevos amigos, el amor y el subsiguiente desamor.

La película comienza ubicándonos en un punto bisagra de la historia, Sergio se encuentra en la provincia, posiblemente Misiones, y se le comunica que debe regresar a la capital. Un largo flashback -que ocupa la primera mitad de la cinta- nos pone al tanto de las situaciones vividas en la “ciudad de la furia”, y de la indisposición del personaje para volver a la gran ciudad: él tiene un mal recuerdo y el corazón roto. A pesar de sus reservas se armará de valor para volver.

Este recuento no está exento de la subjetividad de Sergio que se cola en la imagen y el relato a través de recursos cinematográficos variados: el desenfoque, el desencuadre, la sobre impresión y el virado de color se convierten en expresiones de su mundo interior deprimido y angustiado, y nos hablan de una falta de claridad y objetivos en su vida; las animaciones, usadas con mesura, le dan un toque naive, que se complementa en la puesta en escena que incluye referencias a superhéroes en camisetas (remeras); superhéroes , -cosa que no pueden ser, ni de lejos, los personajes- y cómic, que nos hablan de un mundo (adolescente) del que no se pueden desprender estos jóvenes.

Capital (todo el mundo va a Buenos Aires)La contraposición de la provincia con la ciudad queda claramente expuesto en el retrato de cada una. La ciudad se muestra de forma caótica y suburbana, son las azoteas, casas de amigos, pequeñas discotecas y calles anodinas las que predominan antes que la foto de postal que no se anima a mostrarse aun en las calles más clásicas de la capital. La provincia, en cambio, se muestra de manera paisajista, con amplios espacios, pero en situaciones sumarias y anecdoticas, incluso sus habitantes parecen ganados por la dejadez y la insustancialidad, como si todo “pasase en la ciudad”. En esta comparación, Augusto González el director de Capital…, parece ganado por Buenos Aires y sus atractivos. La provincia queda en el estereotipo y una clase indefinida de desprecio.

La segunda parte del filme, con la inclusión de algunos nuevos personajes -no los podemos revelar aquí- completan el recorrido emocional y el crecimiento de Sergio, en el que el título del filme cobra su otro significado, el patrimonial, y es que se refiere al capital emotivo, sentimental que se va acumulando con los embates del amor, como un vuelto o un ripio, con el que se aprende a transar o negociar, en ese toma y daca que comprende el (des)enamoramiento donde no siempre se gana, y que como en cualquier apuesta, se puede quedar en bancarrota o acaso con un corazón roto. Pero si todos los caminos llevan a Roma, o a Buenos Aires, o a Lima, que da lo mismo; todos los caminos llevarán también por descuido o conscientemente al amor, o a algún estadío de estabilidad suficiente para creer en que se puede emprender la aventura otra vez. La cinta deja esa puerta -o ventana- abierta…

Capital (todo el mundo va a Buenos Aires)

En su conjunto la película recuerda a Se Alquila de Alberto Fuguet en varias coincidencias: están los adolescentes eternos, la construcción a dos tiempos, la separación que cambia a los amigos -en la clásica venta al sistema, que mata a los sueños artísticos-, y en las enormes referencias a la música y cultura popular que conforman el lenguaje común y caldo primario de cualquier amistad. En este universo bandas y cantantes como Radiohead, Coldplay, Fito Paez y hasta Perales terminan elaborando una suerte de mapa sentimental de los personajes. Universo de canciones, videos, libros y películas que intuimos es también el de los realizadores, pues en cada segmento de la cinta se respira mucho de autoretrato. Verbigracia, todos los personajes de la “colla” estudian cine.

Si bien la cinta tiene momentos cliché ¿no es el amor, el más grande de los clichés? Tiene en las conversaciones con sus momentos de “no pasa nada” grandes aciertos, creando tensión e intensidad, asumiendo con coherencia las propias complicaciones y contradicciones de cada personaje. Una cinta de jóvenes, para jóvenes, por jóvenes. Un relato intenso para la generación que tiene la veintena avanzada. Muy Recomendable.

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