Festival de Lima 2012: “Paisajes devorados”, de Eliseo Subiela

Gherdi es un director de cine recluido en un sanatorio de Buenos Aires. También puede ser que ese director de cine recluido en el sanatorio, no sea Gherdi. El interno recluido en el sanatorio, que se piensa es Gherdi, dice ser Rémoro Barroso. Rémoro es un anciano distraído y entrañable con apariencia de director de cine (sombrero, barba y sacón de rigor). Esa apariencia también podría corresponderse con la de un poeta, un retirado monje budista, un recolector de basura o un dependiente de blockbuster.

Las apariencias no importan y mejor no tener cédula de identidad y no ser quien dicen que somos, recomienda Rémoro (Jodorowsky / Hesse / Confucio / Krishna / Wittgenstein / Francella / Ayahuasca y podemos seguir citando los ingredientes de Rémoro). La apariencia de Gherdi, perdón, de Rémoro, me recuerda a nuestro querido poeta Martín Adán (quien llamaba a la puerta del manicomio de Lima, bastón en mano, con su maleta recién hecha, para internarse). Y también se parece a Fernando Pessoa, el portugués de los heterónimos; también Rémoro parece llevar dentro suyo a muchos otros que hablan por/ a través de él.

Un documental de ficción (como lo es Paisajes devorados, de Eliseo Subiela) es tan válido como una crónica inventada. Hagámosle caso a Rémoro también en esto, y al diablo con los géneros. Recuerdo que en el Festival de Lima, el cineasta caleño Luis Ospina vino a presentar su producto audiovisual al concurso, y como vio que en Ficción “la cosa estaba dura”, inscribió a Un tigre de papel en la categoría de Documentales. Lo de Ospina era (es) una creación suya realizada bajo el registro de ficción pero con las características estéticas del documental (entrevistas, testimonios, fotografías). Construyó un personaje famoso por algo que no queda del todo claro, del que todos habían oído hablar pero pocos (casi nadie) había visto realmente. Ahí estaba la evidencia de sus poemas y propaganda, fotografías suyas difusas, grabaciones de su voz, el testimonio de una mujer que lo amó y conserva sus objetos y, además, queda también esa invención de Ospina en el imaginario nuestro, porque las pruebas de su existencia, para el cine (y para nosotros, en el cine) quedaron establecidas e indudables (a la salida de la función corrí a Google a buscarle).

En Paisajes devorados sucede algo semejante pero con menos rigor histórico, pues Rémoro está vivo y hablando con tres estudiantes de cine que van a proponerle hacer un documental sobre él, como tema de tesis. Pronto las sesiones, a manera de entrevistas filmadas, cobran otro cariz: Rémoro les imparte unas disparatadas clases sobre el oficio de cineasta (chupetín en boca endulzando y mezclando como DJ jubilado divagaciones existenciales, cubistas, citas inventadas, hipismo y mucha, mucha patafísica, pues el Instituto Argentino de Artes lo tiene registrado como el único director que intentó una adaptación de Rayuela, allá por los 60s). ¿Gherdi o Rémoro? ¡Qué más da! Pero de Gherdi se cree que mató a una actriz y se recluyó en el sanatorio en los 196? bajo el nombre de Rémoro Barroso. ¿Entonces sobre qué o quién van a hacer el documental estos pobres muchachos?

Somos sólo nombres. Deberíamos olvidar nuestras identidades. Los nombres son engañosos. Cuidado con los travelling circulares porque los actores podrían quedar atrapados dentro y no volver jamás. Desde donde está puesta la cámara (no se le ve bien a Gherdi sino de espaldas o borroso) –continúa Rémoro–, yo podría ser Fellini, Bergman, Ozu, Truffaut, Visconti o Mizoguchi. Ah –agrega cerrando–, yo nunca supe dónde poner la cámara.

Pero quien sí supo donde ponerla, y además tan bien que consiguió darle a lo fílmico ese aire juvenil e inexperto (¡y verdadero!) de los estudiantes de cine, fue el director, Subiela. Un viaje sin retorno al país de Nunca Jamás guiado por alguien que parece ir y venir por “agujeros de gusano” a su antojo, mientras nuestra condición de ciudadanos del mundo es criticada/ridiculizada de una manera que resulta difícil no abochornarse por ser como somos.

Subiela trabajó su película sólo (sí, solamente) con dos Canon 5D. Y Gherdi / Rémoro es protagonizado por el magnífico Fernando Birri, a quien Subiela conoció en 2001 cuando coincidieron como profesores visitantes en la Universidad de Stanford, California. Subiela conoce a Birri y escribe Paisajes devorados para él. Algo así como decir que el mundo está esperando a su descubridor. Y al cierre, un regalo de Martín Adán para Gherdi, perdón, para don Rémoro: “si quieres saber de mi vida, vete a mirar al mar”.

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