¡Asu mare!: la exitosa comedia de un macho light

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Desde hace mucho que no me reía tanto con una comedia. “¡Asu mare!” es una película más que entretenida y muy divertida, que además se ha convertido en un éxito de taquilla en el Perú, donde ha llegado a los 3 millones de espectadores. Esto se debe al talento de su protagonista –el actor y comediante Carlos Alcántara–, al hecho de que el filme tiene una estructura dramática eficaz y que incorpora relevantes elementos del contexto cultural urbano. Sin estos componentes, ninguna campaña de marketing hubiera conseguido llenar tantas butacas como las que logró esta cinta.

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Asu Mare

Una comedia ligera, hilarante y taquillera.

“¡Asu mare!” empieza con una voz en off, la del protagonista (el mismo Alcántara) que nos va guiando e introduciendo en las etapas de su vida (es una obra autobiográfica), en un encadenamiento en la que se intercalan stand ups de su espectáculo unipersonal “Asu mare” y escenas de su biografía personal.

Aparentemente, el relato está armado de manera bastante simple, siguiendo el esquema del héroe (en este caso, el “triunfador”) que supera los obstáculos que le pone la vida y sus propias limitaciones. Para ello debe sufrir diversos choques y trompicones cómicos que constituyen un aprendizaje vital, hasta que por fin “la chunta” y consigue sus sueños. Sin embargo, una mirada más atenta a su estructura audiovisual nos muestra un paralelismo narrativo que cohesiona y da mayor credibilidad y verosimilitud a este esquema.

Una historia narrada paralelamente, desde la memoria y el presente.

En efecto, de un lado, es una película de ficción, pero de otro, es una obra testimonial y hasta de autopromoción del protagonista principal. La parte que llamaremos “ficcionada” es tratada como un raconto. Así, desde el punto de vista de la voz en off, las secuencias argumentales son en realidad vueltas al pasado que muestran las etapas vitales del héroe. Mientras que la parte que denominaremos “testimonial” (que hasta podría tener un carácter documental sino fuera porque) son bloques de un show cómico e hilarante a más no poder.

Desde el punto de vista de la parte ficcional, estos stand ups ofrecen nuevas bifurcaciones de planos narrativos. No solo son ejemplos del talento artístico del protagonista (anticipados casi desde el inicio –y reiterados– en el relato argumental), sino también saltos adelante en el tiempo, hacia el desenlace de la película; aunque también, a manera de contrapunto con la parte ficcional, ofrecen información argumental adicional, por lo que irían en paralelo y a la vez traslapándose con la línea ficcional hacia un final compartido.

En un nivel tenemos una narrativa con vueltas al pasado y, paralelamente, en otro nivel, avances al futuro (+ elementos de soporte e información complementarios); y los nexos entre todos estos niveles están concentrados, principalmente, en los stand ups. En estos se detallan, profundizan y potencian (humorísticamente) los contenidos de las secuencias propiamente argumentales; por lo que tampoco hay propiamente redundancias entre ambos niveles ya que obedecen a encadenamientos temporales distintos y, en todo caso, estarían subsumidos por la performance cómica de Alcántara. De esta forma, el final de la película es, al mismo tiempo, el final de la temporada del show del mismo nombre y la conclusión de la historia de vida de su protagonista, en un juego temporal de ida y vuelta, entre ficción y realidad.

Rememorando palomilladas de la infancia y juventud.

Pero hay un segundo gran componente que refuerza y cohesiona el filme. Está compuesto, en principio, por el contexto cultural urbano. Hablamos de la vida del barrio, la familia, el grupo de pares (la “collera”) y la evolución de todos estos espacios en el tiempo; siempre entre ficción y realidad. La película muestra la urbanización Mirones, en Lima, que es, a la vez, otro elemento testimonial ya que allí nació, se formó y vivió el protagonista. Se rememoran los recuerdos familiares, escolares y las palomilladas del héroe. Asimismo, las jaranas, donde observamos cierta evolución musical: del criollismo a la salsa, pasando por (la caricatura de) la música ochentera; pero también cierto énfasis en músicas citadinas (criolla y afroperuana) en el barrio.

El trabajo de ambientación y vestuario de la mayoría de locaciones, además de impecable, es significativo y apela a la memoria del público, al menos del urbano. Se trata de evocar esos espacios y circunstancias de socialización, al punto que Hugo Neyra sostiene que “¡Asu mare!” es la demostración de que “lo criollo también triunfa” (asunto para eventuales focus groups). A lo que deben añadirse algunas acotaciones a iconos de la televisión peruana (Augusto Ferrando y Gisela Valcárcel) y menciones retro a series (¡como La isla de Gilligan!) que encajan en este enfoque familiar y barrial urbano.

Otros factores de identificación provienen de fenómenos sociales y estructuras de poder tradicionales que son parte importante del contenido de la obra. En cuanto a lo primero, “¡Asu mare!” muestra de manera abierta, divertida y sin complejos el racismo imperante en la sociedad peruana y limeña; y lo cuestiona, lo cual es un punto a favor del filme. Es por ello que no tiene mucha verosimilitud el hecho de que el protagonista se junte con una chica de un colegio de clase alta, siendo él de un barrio de clase baja. Y no basta con que en un stand up Alcántara sospeche que la chica “tiene cayetano”, sino que este personaje debió desarrollarse un poquito más, narrativamente, para que la cosa resulte coherente, al menos en términos dramáticos. Así hubiera habido también un contrapunto con el ascenso y caída social de la pariente guapachosa gracias a su novio “ingeniero industrial”, historia menor y hasta cierto punto prescindible. La novia del héroe, así sea un personaje secundario, debió tener un desarrollo mayor al de otros varios personajes fugaces que pululan en la cinta. Esta es una primera debilidad de la puesta en escena.

Dependencia materna.

Otro “gancho” de la película, ya desde el punto de vista ideológico, es la relación del protagonista con su madre. Quizás las partes más divertidas de la cinta muestran la relación de dependencia del personaje principal con su progenitora, cuyas aristas más conflictivas y hasta violentas están diluidas en el humor desaforado con que se trata el asunto; con lo cual se intenta ocultar el sentimiento de culpa del héroe (para no hablar de su fijación edípica) bajo el pretexto de un prolijo homenaje a su progenitora. Al mismo tiempo, se remacha el rol de la mujer como ama de casa y encargada de los hijos, omitiéndose de paso la relación con el padre ausente. Estos son patrones propios de una sociedad patriarcal donde el machismo está encubierto por el culto a la madre, la cual asume el rol de reproductora de ese orden de dominación masculina, aunque la cinta -en este punto- no llega a caer en el esquematismo. Este substrato ideológico está diluido astutamente en los patrones de la comedia costumbrista.

En este marco se va construyendo el personaje principal de la cinta: Machín. Prototipo del palomilla de barrio, travieso y avezado, afanoso y siempre “lanza” con las chicas, pero que no llega a traspasar el margen de la ley a pesar de las tentaciones del entorno. Se trata de un macho light, con buena conciencia y que elude mostrar sus inseguridades mediante la autoironía. Y estas omisiones se reflejan en las partes no cómicas sino dramáticas del periplo vital del héroe, las que lucen flojas y forzadas. De todas formas, es posible que éste sea un patrón social con el que pueda identificarse tanto el público femenino (sobre todo por el lado maternal) como el masculino (el macho no abusivo sino pendex, conchudo y finalmente exitoso).

Sin embargo, el principal componente del éxito de esta película es el talento de Carlos Alcántara como comediante. Su manejo eficaz de la expresión corporal y gestual se combina –muchas veces simultáneamente– con una amplia gama de recursos vocales que le permiten crear situaciones hilarantes, utilizando además humor visual y autoironía. La clave es que consigue regular perfectamente la combinación de estos variados recursos (y su duración) para hacerse entender (y hacer reír vertiginosamente) mientras va creando una progresión cómica acumulativa durante sus stand ups y también en algunas escenas ficcionadas. Esto hace que los momentos en que decae el humor el público siga con la sonrisa en los labios (a veces riéndose ya de cualquier cosa) y con la expectativa de la siguiente tanda de humor. De esta forma, el interés nunca se pierde gracias a estas estrategias y destrezas de Alcántara, quien es acompañado por un equipo actoral solvente y eficaz, salvo por dos personajes en roles secundarios muy puntuales pero sobreactuados.

El conjunto de todos estos componentes explican el éxito de “¡Asu mare!”, una comedia eficaz gracias a su estructura narrativa que, con gran economía de medios, hilvana un relato sólido y coherente, no muy complejo; y en el que su autor busca ser sincero y contar “su verdad”, aunque ésta asome involuntariamente –y para quien quiera verla– un poco más allá de su enfoque autobiográfico algo complaciente.

Alucinándose famoso y con la chica pituca de sus sueños.

Aclaro que no se trata de una obra de arte sino de una comedia ligera pero muy bien armada y con un acabado técnico impecable. Sin estos componentes cinematográficos, ninguna campaña de marketing hubiera logrado el súper taquillazo que ha conseguido (y habrá que ver cómo le va en el extranjero para tener un primer indicio sobre el peso de su anclaje local), lo que no significa que el enfoque empresarial y comunicacional seguido por sus productores no sea importante. Al contrario, tal estrategia ha servido para amplificar las virtudes de la cinta, afinar los contenidos y limar los pocos elementos controversiales presentes en la obra (hasta casi hacerlos desaparecer), convocando a un público masivo nunca antes logrado por una película nacional. Más aún, este enfoque de mercado ha estado en la base de varias decisiones artísticas.

La primera es que “¡Asu mare!” es una descarada autopromoción del trabajo de Carlos Alcántara y su éxito –tanto personal como el del filme– expande en el imaginario de sus fans los valores y sentidos de la película, marcando un hito importante en su carrera y en el cine en el Perú. Recordemos que estamos ante un personaje que ya era exitoso en la televisión, donde tuvo rol protagónico en un sintonizado programa cómico. Esa fama la mantuvo (junto a su público) en su posterior carrera como comediante sobre las tablas y en ocasionales apariciones en cintas nacionales.

Por tanto, era lógico que hubiera un público potencial a quien contarle su historia de vida y, de paso, compartirle recuerdos comunes. De allí el valor de la indagación del mercado: encontrar(se con) su público. Y de allí también que los productores utilicen esos elementos de recordación: stand ups y componentes musicales y mediáticos que evolucionan en la biografía del protagonista y son evocados por la memoria del público. Incluso si comparamos a los personajes del plano ficcional con el público que aparece riéndose en sus espectáculos unipersonales (en el plano testimonial) veremos que son de aspecto muy similar, reforzándose así –a la vez– la identificación del espectador con el filme. Además, el mecanismo de la exitosa preventa permitió a los productores iniciar la recuperación de la inversión.

El gran logro de Alcántara es haber llevado a ese público de la televisión al cine, para lo cual produjo una película que le permitió reproducir el capital logrado en la pantalla chica en un mercado distinto: el cinematográfico. De allí las referencias y menciones puntuales a personajes y programas televisivos del pasado y el pasado reciente, y a los aspectos socioculturales involucrados en esos productos y que hemos reseñado más arriba. No es poca cosa ya que, en el pasado, ningún personaje de televisión en Perú había logrado un éxito de público –en el cine– tan grande como el conseguido por “¡Asu mare!”; ya sea porque se reproducían en el cine los códigos de la televisión o por la falta de oficio y calidad cinematográficos de quienes lo implementaban.

Una historia de autopromoción que se vende a sí misma.

En tal sentido, cabe destacar aquí el papel del realizador Ricardo Maldonado, el guionista Alfonso Santistevan y los productores Miguel Valladares y el propio Alcántara, quienes han aportado su talento e imaginación para estructurar y realizar esta hilarante comedia. Al mismo tiempo, es el primer caso en el que el cine puede dar cátedra a la televisión y con tres millones de buenas razones demostrar que se pueden hacer obras de entretenimiento con sentido y un mínimo de contenidos relevantes, así no estemos del todo de acuerdo con éstos. Lo importante es que el cine y la televisión rescaten y pongan en pantalla valores culturales y tensiones existentes en la sociedad, así sea de manera limitada, como en este caso. Esto apoya la formación de un público más identificado y abierto a temas en los que pueden sentirse comprometidos; y, por tanto, abre más posibilidades para el éxito de obras audiovisuales de mayor calado.

En la televisión nacional hay mucho talento involucrado, incluso en lo que algunos denominan “televisión basura”. Ocurre que esos talentos venden su alma al diablo para producir programas de entretenimiento e información (lamentablemente, cada vez más) superficiales, banales y manipulatorios, aunque divertidos. Pero hay algo peor que vender el alma al diablo, y es vendérsela a algunos publicistas y marketeros que buscan justamente extender lo más posible tal banalidad. En esta cinta Alcántara ha demostrado que se puede mantener y elevar la calidad de las obras de entretenimiento comercial con buena dramaturgia, calidad técnica, buen trabajo actoral, revalorar la cultura popular e incluir temas de agenda nacional. Este camino es más riesgoso y exigente, pero es perfectamente factible, como lo demuestran las técnicas de marketing y comunicación eficaces utilizadas en “¡Asu mare!”. En cambio, hay quienes siguen el camino conservador de poner en pantalla franquicias que garantizan público seguro, violan la intimidad de las personas, practican el amarillismo, buscan el escándalo gratuito y promueven abiertamente la ignorancia (haciéndola pasar como humor). Son dos tipos de entretenimiento muy distintos.

Pero el taquillazo de “¡Asu mare!” gatilló una polémica mayor en la comunidad cinematográfica peruana. Con notorio desconocimiento –producto no de un pensamiento liberal sino de un catecismo ideológico– un diario de circulación nacional presentó este éxito como ejemplo de que no era necesario el “proteccionismo” –y específicamente a través de una cuota de pantalla– al cine nacional. Al mismo tiempo, armó una falsa discusión contraponiendo cine comercial con cine artístico, en términos industriales; la cual no era sino una variante aún más superficial de una anterior nota de Alfredo Bullard, que discutí en su momento.

Al respecto, ya Christian Wiener y Ricardo Bedoya han rebatido estas opiniones. Sin embargo, quisiera -para concluir- mencionar puntual y resumidamente algunas ideas sueltas, tratando de no repetir lo ya dicho por esos y otros expertos sobre estos temas:

1. El punto de partida para una industria audiovisual debe partir por el aumento de la producción, con y sin el apoyo estatal, aunque este último es clave, sobre todo al inicio del proceso.
2. Sólo cuando hay una producción relevante y existe un público en ciernes es que la cuota de pantalla se vuelve realmente indispensable para promover la producción nacional, sin afectar negativamente el negocio de los exhibidores ni las preferencias del público.
3. El éxito de “¡Asu mare!” descansa, en parte, en la profesionalización de la producción y este es un ejemplo a seguir no solo por los cineastas sino también por el Estado.
4. Si el Estado da ayudas al cine mediante fondos concursables debe también exigir retornos, ya sea en taquilla y/o en premios internacionales a los cineastas que apoya.
5. Para lo anterior, parte de las ayudas estatales al cine debe consistir en estudios de mercado (como lo hace CONCORTV, por ejemplo, con sus estudios sobre la televisión comercial) así como capacitación personalizada en producción y realización audiovisual.
6. Muchos olvidan que existe la cuota de pantalla en la televisión y que Alcántara es, en cierta medida, producto de tal cuota. En los años 80 había la misma resistencia a la cuota de pantalla ya que muchos no creían que el talento nacional podía competir con los enlatados foráneos. Luego se percataron que sí podían y, además, que podía ser exitoso y rentable.
7. La inversión en la industria cinematográfica debe venir también del sector privado. Es increíble que las empresas televisivas nacionales no inviertan en el cine, teniendo al talento en casa (como lo demuestra Alcántara). Claro que para eso tendrían que saber valorar la calidad, la innovación y la creatividad.
8. La existencia de un cine industrial en un país como el nuestro no tiene que ser necesariamente opuesto al cine independiente. La producción industrial permite formar y desarrollar talentos que pueden enriquecer producciones independientes. Sin producción industrial se debilita el potencial del desarrollo de cualquier tipo de cine, menos aún de una cinematografía nacional.

Asu Mare¡Asu Mare! Dir. Ricardo Maldonado | 90 mins. | Perú | 2013
Guion: Alfonso Santistevan
Producción general: Miguel Valladares y Carlos Alcantara
Dirección de producción: Jorge Constantino y Roxana Rivera
Jefa de proyecto: Joanna Lombardi
Dirección de fotografía: Abel Irribaren
Dirección de arte: Mario Frias
Edición: Eric Williams y Piero Varda
Postproducción de audio: Rosa María Oliart
Empresa productora: Tondero Producciones
Distribuidor: New Century Films
Intérpretes: Tatiana Astengo, Anahí De Cárdenas, Gonzalo Torres, Carlos Carlín, Carlos Alcántara, Gisela Ponce De León, Wendy Ramos, Ana Cecilia Nateri
Estreno en Perú: 11 de abril de 2013.



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  1. […] la crítica de ¡Asu mare! escrita por Juan José Beteta para Cinencuentro desde este enlace.  Para Beteta, el crítico debe brindar información que ayude al usuario a entender el arte a […]

  2. […] principal interés es entretener y hacer reír, lo que consigue en grado relativamente cercano a Asu mare, la anterior película de la productora Tondero. Por tanto, no hay que pedirle más, ya que cumple […]

  3. […] película que la primera. Quiero aclarar que no hemos hecho la película pensando en superar a Asu Mare sino en dar lo mejor de nosotros, en mostrar mejores recursos. “Asu mare” sin duda fue […]



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