Crítica: “Al filo de la ley”, un juego previsible y sin matices

Al filo de la ley es una película pensada para el gran público limeño pero se podría decir también que es el alimento de una pequeña y voraz criatura en pleno crecimiento llamada industria cinematográfica.

Al-filo-de-la-ley Julian Legaspi, Renato Rossini

El argumento se resume así: al borde de la desesperación, la policía, en su fallido intento (para variar) por capturar al capo de la droga en Lima decide como última instancia recurrir a los servicios de dos ex criminales que están en deuda con la institución. Ahí empieza la historia, el panorama ya se pintó, los personajes están sobre el tablero y el juego empieza.

El diálogo toma las riendas para que el juego fluya, pero las líneas son tan explícitas y muestran tan literalmente las reglas del juego que en vez de dar libertad al desarrollo del mismo y a los jugadores, los termina encasillando y enmarcando sin darles la mínima posibilidad de mostrar matices. Si la línea maestra encargada de la fluidez del juego falla, es difícil asombrarse con lo que esta por venir y si a eso le sumamos la previsibilidad con la que uno de los jugadores se mueve, no nos queda mucho por hacer mas que sentarnos y mirar como es que se resuelven las cosas.

Un punto a favor para la película se lo lleva el diseño de producción, por el manejo de auspiciadores y de empresas privadas nacionales que hicieron posible la realización de la misma en un margen relativamente corto de tiempo, de las cuales varias estarían apostando por primera vez por el cine nacional. También se destaca, aunque con más riesgo en juego, el debut cinematográfico de Milett Figueroa, en cuanto a gancho comercial se refiere.

Si bien la combinación de mujeres, drogas y acción nunca falla, es preciso y necesario detenerse a tocar el primer punto. El papel de la mujer en la película queda totalmente relegado a ser el equivalente a un objeto-servicio a merced de la voluntad del hombre poderoso de turno. En una época de constante y rejuvenecido activismo femenino esta burda utilización de la mujer puede ser la chispa de un gran incendio que se avecina.

En una película de género como Al filo de la ley, los efectos sonoros y visuales son de vital importancia para mantener al público en sintonía y para generar la sensación deseada. Cuando no tienen el tratamiento adecuado, como es el caso de esta película, el sobresalto causado distrae, desconecta y hasta fastidia.

al filo de la ley1

Pero sigamos con la historia. Julián Legaspi y Renato Rossini, la pareja protagónica de la película, se reencuentran después de 20 años. Al parecer nada ha cambiando excepto su aspecto físico, siguen siendo los mismos sólo que ahora cada uno se las ve por su cuenta. En esta etapa de reencuentro en donde alegan haber cambiado y estar viviendo en íntima tranquilidad, de pronto no ponen la mínima resistencia a la propuesta del desesperado capitán de la policía.

Cuando el bueno es bueno y el malo malo, es complicado identificarse con alguno de ellos puesto que la gama de grises entre el blanco y negro es amplia y es en esa gama en la que circulamos todos. Para llegar del blanco al negro o viceversa es necesario atravesar la escala, y es el camino a través de esa escala lo que termina por enriquecer y fortalecer una historia. Lamentablemente no ocurre así en Al filo de la ley.

La historia es previsible, la solución a los nudos dramáticos parece estar ya resuelta desde el momento en que se presentan, debido al uso de una tácita plantilla estructural que conspira con la ausencia de un fondo perceptible en los personajes.

Cada personaje termina encadenado a los diálogos que, de manera casi robótica sueltan por inercia, a excepción quizás de Reynaldo Arenas, el antagonista de la película, quien gracias a la experiencia y a su versatilidad logra, a través del manejo de los tiempos, una representación cercana del “próspero empresario” que a su vez es líder del mayor cartel de droga de Lima. Pero igual cae, lamentablemente, en estereotipos ya vistos y conocidos que no permiten el correcto desarrollo del personaje e incluso de la película misma.

La constante: gente entrando y saliendo, yendo y viniendo, termina por dejar vulnerable y en descubierto lo que no debería revelarse, la mano oculta del director. ¿Qué pasa cuando en una presentación de títeres se ve la mano del titiritero? Exactamente eso pasa en esta película.

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2 comentarios

  1. BORLLY XAVIER
    11 de Julio de 2015 at 19:00 — Responder

    Clichés, estereotipos y 500 huevadas mas! :).

  2. Fabs
    16 de Julio de 2015 at 9:53 — Responder

    interesante ver que los dos ex criminales son blanquiñosos y que además se enfrentan con un criminal que no lo es. Cuando aprenderemos?

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