Familia rodante (2004)

Dir. Pablo Trapero | 103 min. | Argentina

Intérpretes:
Liliana Capurro (Marta)
Graciana Chironi (Emilia)
Ruth Dobel (Claudia)
Federico Esquerro (Claudio)
Bernardo Forteza (Oscar)
Laura Glave (Paola)

familia rodante

Todo lo comprendí muchos meses después de verla, y en el lugar menos imaginado. Estábamos en Eslovenia, invitados para un Festival y unos conversatorios: Ana Poliak, Lisandro Alonso, Pablo Trapero y yo. Por supuesto, yo era una especie de mascota, una especie de apéndice al Nuevo Cine Argentino, que era lo que realmente estaba siendo presentado ahí. Y Trapero era la estrella, el líder del grupo. Ana y Lisandro se limitaban a decir una o dos palabras por respuesta, y yo me limitaba a decir “estoy de acuerdo con todo lo que dice Pablo”. Entre ellos había una relación más allá de lo amical, Ana Poliak (que si Caetano y Trapero son considerados los pioneros del Nuevo Cine Argentino, ella debería ser considerada la madrina), había sido la jefa de prácticas de Trapero en la Universidad del Cine y Lisandro Alonso había sido asistente de sonido en Mundo Grúa y El Bonaerense además ha tenido a Trapero como productor de su primera película La Libertad. Por mi parte, era una completa admiración, casi una devoción, por el director de la película que marcó un antes y un después en mi experiencia del cine latinoamericano. Estoy hablando de Mundo Grúa por supuesto.

Acerca de Familia Rodante, bueno, ya la había visto varios meses antes en su estreno en Paris, y la verdad, no tenía muchas ganas de escuchar a Trapero hablar de ella. Me había parecido una película poco interesante, donde no encontraba por ninguna parte a su autor, sus preocupaciones, ni esos geniales estudios de personajes que habían formado su obra anterior. No entendí muy bien qué era lo que Trapero quería comunicar, para qué había hecho la película ni qué era lo que quería decir. Y, por lo menos dentro de mi devoción, una película sin nada que decir no podía ser de Pablo Trapero. Es cierto que por ahí se sentían unos indicios de que lo que la película buscaba transmitir era una cierta sensación hacia la familia: la familia es familia y será familia así los miembros de la misma no se acepten entre ellos. Con una cierta nostalgia, una cierta melancolía. Pero muy débil.

Familia Rodante había tenido un estreno internacional bastante accidentado. Probablemente demasiado accidentado para ser “la nueva película de Pablo Trapero”. Cuando fue presentada al Comité de Selección del Festival de Cannes, se le ofreció la sección paralela Un Certain Regard. Ya habiendo participado en esa sección con El Bonaerense y creyendo merecer estar en la Sección Competitiva (ese año estuvo La Niña Santa en la sección principal) decidieron sacarla e intentar otro festival. El Comité de Selección del Festival de Venecia les ofreció, finalmente, estar en competencia. Sin embargo semanas antes, decidieron ponerla en una sección paralela. Un estreno en sección paralela, en Venecia, definitivamente no le dio a la película el vuelo internacional que esperaba.

El porqué de esta – así como de mi original – decepción, fue lo que finalmente comprendí en Eslovenia durante el conversatorio, cuando Pablo Trapero contó que Familia Rodante había sido el primer guión que escribió en su vida, cuando era muy joven, aún en la universidad, mucho antes de embarcarse en una improvisada película sobre la grúa que veía todos los días frente a su casa. Cuando escribió el guión, también había hecho el tour obligatorio de todo joven-con-guión-bajo-el-brazo. Visitó productoras, mandó a fondos, pero nada, nadie quería producirle su Familia Rodante. Entonces lo archivó y se dedicó a desarrollar nuevos proyectos (ejemplo esto, creo yo, de la vehemencia y humildad de un talentoso) hasta que, muchos años después, ya convertido en estrella internacional y con la posibilidad de levantar fondos a diestra y siniestra, recuperó ese guión y se decidió a filmarlo. Una especie de revancha al destino, al sistema, que no le había dejado hacer esa primera película.

Es increíble cómo escuchar una anécdota así puede cambiar tanto la percepción que uno tenía de una película. En mi caso, no la hizo más interesante como película en sí, por supuesto, pero sí hizo más fascinante el proceso de evolución de un cineasta, el proceso a través del cual un director elige una siguiente obra, un siguiente paso, así no sea necesariamente un paso hacia un riesgo mayor, sino un paso para recuperar algo que se dejó atrás, para asimilarlo, hacerlo suyo y poder seguir avanzando. Para mí, significó que en Familia Rodante ya no tenía por qué encontrar al Trapero que conocía de sus primeras películas, porque el Trapero que concibió esta última no era el Trapero que había hecho las primeras, o en todo caso, había sido un Trapero en formación. Estaba bien (o en todo caso, era perdonable) que no comprendiera muy claramente el por qué de la película. La empecé a ver como una primera película, y como tal, quedaba absuelta de muchas dudas. Probablemente esto sea algo que el circuito internacional no perdone, de ahí su accidentado estreno. Y tal vez también sea sólo de interés para un cinéfilo, o para un devoto de Trapero. Pero es que cualquier película de un director que uno admira, nunca es sólo una película, también es una experiencia de vida, acompañada por muchas cosas más.

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1 comentario

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