My Fair Lady

My Fair Lady

Las películas de George Cukor se podría decir que fueron las más opulentas y elegantes del Hollywood clásico. Mas por el hecho de contar con grandes presupuestos y conseguir la espectacularidad que los mismos les otorgaban (algo que puede apreciarse también en Cecil B. De Mille), el cine de Cukor tiene una capacidad envolvente y a la vez el trazo fino y preciso de algunos de los grandes nombres que como en su caso giraron entorno a los géneros aparentemente más livianos como la comedia o el musical aunque no siempre. My Fair Lady es quizá la apoteosis de su visión del espectáculo como cual derivado de Broadway a su vez inspirado en una creación de George Bernard Shaw.

El profesor Higgins (Rex Harrison), un autosuficiente intelectual de la alta sociedad inglesa se propone como reto la realización de un experimento: la conversión de una vulgar e ignorante presencia de las tantas que él contempla de lejos en toda una personalidad de la élite. Es así que la elección recae en la dama del titulo, la dulce pero poco afortunada Eliza Doolitle (Audrey Hepburn en su punto), una vendedora de flores a la cual el no menos ingenuo profesor abrirá de par en par sus puertas sin saber que trastocará su vida por completo.

My Fair Lady

Aquí el escenario para la comedia musical esta puesto de manera formidable por el orquestador Cukor. El experimento adquiere mas bien la apariencia de un juego, cual antecedente de la sí en verdad sería pero igual de poética L’enfant sauvage de Truffaut, aquí la dama cual niña inquieta deberá aprender las reglas de urbanidad que son fundamentales especialmente para las mujeres de la época. Pero de este contacto el intercambio es inevitable y aunque el distante y estirado hasta lo risible profesor no lo quiera queriendo se convertirá en otro ratón dentro del laberinto pero sin darse cuenta.

Cukor es un consumado retratista humorístico aun dentro de la irrealidad de las conductas o performance del musical, así todo este paseo por un Londres de fantasía se convierte en una extraordinaria caricatura y una vez que el juego ya no puede dar marcha atrás entrará todo el asunto sentimental, acaso ya no sabrán como empezó todo. Absoluta magia de la que ya no se ve.

Jorge Esponda