Red Eye

Cuando se pensaba que Wes Craven ya había usado todas sus ideas en seriales de terror, lo tenemos de vuelta, pero esta vez ya no con una hacha en la mano sino con un bisturí: el thriller. Aquella historia en la cual una persona cualquiera se ve envuelta en una situación de vida o muerte, amenazada por un asesino profesional quien le sugiere que haga ‘exactamente lo que te digo’ sino quiere que ‘alguien cercano a ti muera’.

En Red Eye, la desafortunada víctima es una gerente de hotel en Miami, Lisa Reisert (Rachel McAdams), quien en el último vuelo nocturno de Dallas (conocido como el ‘red eye’ en el argot de aeropuertos) conoce a un, en apariencia, amable pasajero Jackson Rippner (Cillian Murphy), que será el villano de nuestra historia. La otra víctima de la historia, el padre de Lisa (Brian Cox), espera la llegada de su hija sentado junto al teléfono, sin saber que afuera de la casa se encuentra el socio de Jackson, esperando la orden para hacer uso de su enorme cuchillo de caza.

Con un inicio interesante, a partir del flirteo inicial entre esa bellisima criatura que es Rachel McAdams y una pareja a su altura, el irlandés Cillian Murphy (Batman Begins, 28 Days Later…), Craven logra acumular la tensión en los primeros 30 minutos del film, creando el ambiente propicio en un aeropuerto repleto de pasajeros frustrados por un vuelo retrasado, cansados, somnolientos, agresivos. Todos estos detalles se quedan en la memoria esperando que sean relevantes más adelante en el desarrollo de la historia.

Pero es desafortunado el viraje que toma el director -seguramente compartiendo culpa con el primerizo guionista Carl Ellsworth– una vez que el avión aterriza en Miami. Se suceden las persecuciones en autopistas, los celulares que dejan de funcionar en el peor momento y el asesino amenazante que aparece de la nada. Si bien no pierde en ritmo y la historia no se alarga demasiado, el desenlace llega a ser muy poco convincente, en un juego del gato y el ratón que sin quererlo nos remite a “Tom y Jerry”: Una presa que demuestra tener envidiables nervios de acero y un manejo de las armas de fuego solo comparables con las de su padre (Brian Cox, completamente desperdiciado en esta película), escapando de un cazador, un asesino dizque profesional que se tropieza con maletas en los pasillos del avión, y a quien le son lanzadas sillas, zapatos, cajas, sin contar lo peligroso que puede ser un lapicero… Todas estas, escenas que causarán más de una involuntaria risotada en el público. Inexplicable final para una historia que prometia algo más que un mero divertimento.

Laslo Rojas

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