Jarhead
Dir: Sam Mendes | 123 min | EE.UU.

Intérpretes:
Jake Gyllenhaal (Tony “Swoff” Swofford)
Peter Sarsgaard (Allen Troy)
Lucas Black (Chris Kruger)
Jamie Foxx (Sargento Sykes)
Chris Cooper (Teniente coronel Kazinski)

Estreno en Perú:
19 de enero de 2006

Curioso acercamiento al mundo de la milicia (o lo que queda ahora de ella) a cargo del británico Sam Mendes. Esta vez ambientado en la brevísima guerra del Golfo Pérsico de 1991 y la intervención americana en ella, conocida como la operación “Tormenta del desierto”. El soldado Tony Swofford (Gyllenhaal) será nuestro guía en esta incursión por terreno mas bien reflexivo que expositivo de la épica bélica.

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El protagonista es uno más de tantos jóvenes que se desvían hacia el camino de las armas casi sin darse cuenta. Su paso por la primera instrucción (deliberadamente calcada de Full Metal Jacket) le dará a conocer de golpe que mejor se lo hubiera pensado dos veces. Pero el honor de servir a la nación prima ante todo y el sentirse alguien dentro de un grupo le da alicientes para hacer el esfuerzo, idea esta que Mendes maneja desde el saque con una mirada bastante ácida.

La tradición manda entonces que se inicien los juegos de hombría y la camaradería de los que no será para nada ajeno el excéntrico y descreído Swofford con todas sus reflexiones en off. He aquí que pasamos por toda la rutina de conocer a los personajes y sus particulares características: desde el nerd hasta el líder innato, pasando por los “instrumentos de matar andantes” y los sencillamente atorrantes. Mendes no descolla pero por lo menos entretiene.

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Y he aquí que estalla el conflicto en las arenas babilónicas de Saddam Hussein. Es en esta parte que la idea funciona mejor: todos parten con el deseo de victoria y destrucción tan metida dentro que hasta en sueños aparece, pero lo único que encontrarán son los rastros de lo que la leyenda cuenta sobre la guerra. Lo mas aguerrido del asunto serán los entrenamientos, más cercanos a la labor escolar o de boy scouts. El resto del tiempo será aburrirse a la espera de un trabajo, como en una cola de desempleados rascándose la barriga o más abajo.

Estos guerreros no están dentro de las epopeyas de Alejandro Magno, Atila el Huno, Julio César o Napoleón. Los soldados de Jarhead viven en otra época, la de las armas de destrucción masiva y bombardeos a control remoto. Solo les queda ver el show de lejos (escuadrones de aviones pasando o ecos de explosiones) o pasear por ahí ni bien acabó el trabajo sucio (son interesantes los momentos en los pozos petroleros). Terminada la excursión ¿qué más se puede decir? Pues nada, darse la mano y volver con un uniforme lustroso (por falta de uso).

Mendes hace de esta crónica un espectáculo bastante digno pero al que tal vez le faltó algo más de ironía (y no sólo simple chacota) o tal vez menos carga seudo poética (todas las parrafadas del protagonista sobre el recuerdo de la guerra cercanas a la bolsita de American Beauty). Pero se le ve más cuajado como narrador de historias conflictivas como las de Swofford tan inconforme por no haber tenido acción que es como si hubiera regresado sin piernas.

Jorge Esponda

 
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