La tormenta de hielo (1997)

La tormenta de hieloThe Ice Storm
Dir. Ang Lee | 112 min. | EE.UU.
Intérpretes:
Kevin Kline (Ben Hood)
Joan Allen (Elena Hood)
Sigourney Weaver (Janey Carver)
Tobey Maguire (Paul Hood)
Christina Ricci (Wendy Hood)
Elijah Wood (Mikey Carver)

El taiwanés Ang Lee es un director sin complejos de eso no hay duda. Puede entregarse a una visión y ambientes tan exóticos (como lo pueden ser para nuestros ojos) en la cultura oriental como lanzarse al cine de ambiente victoriano como lo hizo en Sense and Sensibility. Con The Ice Storm va todavía más allá del simple género al cual aplica su oficio de narrador sino que se exige como realizador de ambiciones y personalidad.

The Ice Storm

Estamos aquí en una ciudad de la Norteamérica de comienzos de los años 70, época de convulsión social y política. Las secuelas del frenesí libertario y agresivo de la década anterior a dejado secuelas grandes como las demarcaciones entre las generaciones. Todo este trasfondo esta apenas contextualizado y el director prefiere que sea más bien su historia y sus personajes quienes se encarguen de dárnosla a entender. He aquí que comienza la historia empezada a narrar casi con excepcional inocencia por Paul (Maguire) todo un fan de los comics quien siempre toma el último tren rumbo a casa desde la universidad. Allí siempre está para recibirlo su familia bien encuadrada a un lado como prototipo ideal en vitrina. Sus padres Ben (Kline), Elena (Allen) y su hermana Wendy (Ricci) serán a partir de ese momento los demás conductores de este drama sereno pero internamente muy intenso (a pesar del invierno en el que se ambienta). Mirada o ambiente grave bajo el cual los juegos liberales, las infidelidades, los primeros acercamientos sexuales se desenvolverán como la manera más fácil de comunicarse en esta comunidad. El cariño y las pláticas son tradiciones ya olvidadas, al parecer, en el ritmo cada vez más intenso del transcurrir diario.

La mirada curiosa de Lee se planta a capturar cada detalle que le devele más acerca de la idiosincrasia americana. Este ambiente acomodado es indiferente a todo, como si estuvieran encerrados en burbujas individuales. Así cada quien se lanza a sus propios pasatiempos. Ben va tras su atractiva y veleidosa vecina Janey (Weaver), Wendy disipa su soledad sirviendo de iniciadora sexual de los de hijos de esta atenta amiga de la familia. Incluso Paul buscará alguna estrategia para hacerse de Libbets (Katie Holmes).

Apenas si los vínculos familiares o amicales se han convertido en rutina forzada que solo cumple la función de ocultar la profunda tristeza en que se hayan sumidos, al punto de incluso transgredir los supuesto códigos de moralidad y conservadurismo de la era Nixon.
Ben y Janey no dudan en seguir con su casi mecánico ritual de engaños el cual llevará a punto insoportable la aparente estabilidad de su familia. El intento de solución para Ben es llevar a Helena a una fiesta de swingers. Mientras los chiquillos de la casa hacen de la salida de los padres todo un festín orgiástico no tan obvio pero igual de comparable.
Vanos intentos por hacer de su burbuja social un jardín de niños eterno, la verdad se hará sentir de la manera más terrible. Y solo entonces caerán en cuenta, tras el jalón de orejas, que todo era solo una ilusión, los compromisos que tanto han rehuido les alcanzarán por fin con creces. La familia convertida en especie de fraternidad volverá a colocar a cada uno de sus miembros en su lugar bajo advertencia.

The Ice Storm

Lee con total paciencia oriental nos devela de a pocos y de manera muy lograda todo este contexto apoyándose en la capacidad de su reparto. Kline es un gran actor que no requiere ya demostrar su valía mas que con esta imagen de niño grande escapándose de sus deberes para una última travesura. Weaver hace una Janey espléndida pragmática y descarada. Pero de esta tríada brilla Joan Allen como Elena quien asume el papel más difícil, de esposa aparentemente ignorante y humillada. Los más jóvenes se desenvuelven también con precisión junto a los no menos confundidos padres y aquí sobresale la Ricci con su enigmática presencia tal vez clamando (igual que los demás juguetones) por un poco de atención.

Esta película en resumen es una muestra de un talento que sabe bien donde orientar su narración de manera limpia y sobria incluso. Así concluye el cuento nuevamente encuadrado en la familia tras la tormenta de hielo anunciada por radio (pero no con todas sus consecuencias). La secuencia final es formidable y reposa en la contención y precisión de los gestos impávidos de sus protagonistas tal vez dejándonos con la esperanza de que hayan aprendido la lección.

Jorge Esponda

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2 comentarios

  1. […] En medio de estos cambios se encuentran los protagonistas en la certidumbre de que nunca tendrán su paraíso soñado si no es en las cumbres de Brokeback, el único lugar lo suficientemente elevado como para no respirar el smog de la malsana modernidad aún siendo ellos contradictoriamente una muestra de la misma. La tragedia y la melancolía tiñen así la película pero sin exaltaciones ni clichés. Con toda esa característica mesura que viéramos también en The Ice Storm (esa otra visión de la Norteamérica extraviada de la época) el director nos presenta este romance errático de manera muy lograda, que aunque no llega a la excelencia de ese viaje inicial nos hacen sentir las emociones precisas como toda historia bien contada. […]

  2. […] en el riesgo, con aquella delicia llamada El banquete de bodas (1993). Nos dejó helados con La tormenta de hielo (1997), y no dábamos crédito a lo que veíamos en 2005: ganador en los Oscar de la recatada […]

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