Memorias de una geishaMemoirs of a Geisha
Dir. Rob Marshall | 145 min. | EE.UU.

Intérpretes:
Zhang Ziyi (Chiyo/Sayuri)
Ken Watanabe (Director)
Gong Li (Hatsumomo)
Michelle Yeoh (Mameha)
Kôji Yakusho (Nobu)

Estreno en Perú: 13 de abril del 2006

El secreto mundo de las reinas del placer y la comodidad del lejano oriente antes de la occidentalización revelado por una de sus disciplinadas integrantes es el motivo central de esta película que adapta el best seller de Arthur Golden. Proyecto que recae en manos del director de Chicago para revestir de toda gala a esta historia de superación femenina que no resulta ajena tampoco al de muchas versiones del occidente o más allá.

Memorias de una geisha

La bella china Zhang Ziyi interpreta para la ocasión a Chiyo una muchacha japonesa que verá su vida ligada a la práctica de otorgar placer en la conservadora sociedad de su tiempo. No exactamente prostitución o no al menos con el concepto que tenemos ahora. El mundo de las geishas se concibe como el de personajes siempre a la diestra dispuestas a complacer a los caballeros más exigentes y ello remite a labores más allá de lo sexual incluso casi a lo marital pero en versión alternativa (costumbre ancestral no solo en el este). Cualquier voluntad ajena a este destino no les es permitida a las bellas aprendices y a condición de ello podrán sobrevivir e incluso ganar lejos de la necesidad fuera de las casas de bambú.

Mecanismo de ascenso que se convirtió en el único recurso de la mujer a través de los siglos y que la película intenta presentar detalladamente. La bella Chiyo conocerá esta alternativa primero con rechazo y luego asumiéndola como la oportunidad de ser cuando menos un poco dueña de su destino. Pero siempre su condición de mujer habrá de limitar sus deseos como a su rival Hatsumomo (la gran Gong Li en papel de villana a lo ‘Candy’) acaso reflejo de su propia transformación. Como dice su mentora Mameha (Michelle Yeoh) el amar es un lujo que no pueden permitirse en este tránsito y puja no declarada como tal. Toda la historia tratará de teñirse con esa tragedia de amor imposible alrededor de Chiyo convertida en Sayuri y su ilusión por el director (Watanabe que al menos hace el intento de escapar de los papeles caricaturescos).

Memorias de una geishaEl director Marshall es aplicado a la hora de armar su historia desde la ilusión de la protagonista hasta todo el ritual de atenta doncella. He allí que se encuentra el punto fuerte de la película. Contemplamos todo el aprendizaje de la heroína el cual es de vida o muerte para ella y este costado le otorga al espectador algo más llamativo que la línea central más bien convencional. Cada paso, cada movimiento es monitoreado y pulido para terminar por revelar a la creación, la más bella y famosa geisha. El ritmo de la película no suelta el interés del espectador por los detalles y curiosidades de las costumbres niponas que finalmente son las que tratan de venderse como la atracción mayor de la cinta y lo logra.

Pero a pesar de la atención a todos estos detalles la película adolece casi a lo largo del metraje de un elemento fundamental: la convicción. Rob Marshall interesado en los grandes espectáculos hace de su cinta una especie de show gigantesco. He ahí que llegue a la ligereza de la exposición a veces. La intención es válida pero el drama gana y requiere mayor tensión. Salvo los ensayos y la secuencia del espectáculo de Sayuri no hay nada que se acerque a un show de Broadway a lo Chicago. El novelesco drama posee aún así toda una factura técnica como siempre hay que esperarse de una superproducción y algunas secuencias son de una belleza y atención visual interesantes. Me quedo especialmente con aquella de la corriente tiñéndose de rojo ante el relato sobre la época de la Segunda Guerra Mundial. Pero es justamente a partir de la llegada de la guerra y los trueques de dignidad incluso con los vencedores que la película se vuelve reiterativa, a pesar del desenlace que se pretende inquietante.

Al final tenemos la sensación de una película digna, eficaz por tramos pero algo frívola con respecto al universo cruel que retrata. Si de la sociedad machista del Japón ancestral, las ilusiones y vivencias de la mujer en esos tiempos, son superiores por lejos las películas de aquel formidable retratista y narrador lírico que fue Kenji Mizoguchi en especial aquella obra maestra que es La vida de O’haru película que nos presenta a una heroína de antología zarandeada por las circunstancias en plena era de los shogunes. Una película realmente poderosa y conmovedora que deja los afanes de esta otra geisha como un acercamiento hasta artificial incluso.

Jorge Esponda

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