Flores rotasBroken Flowers
Dir. Jim Jarmusch | 106 min. | EE.UU. – Francia

Intérpretes:
Bill Murray (Don Johnston), Jeffrey Wright (Winston), Julie Delpy (Sherry), Sharon Stone (Laura), Jessica Lange (Carmen), Chloë Sevigny (Asistente de Carmen), Tilda Swinton (Penny), Frances Conroy (Dora)

Estreno en Perú: 20 de julio del 2006

No es que tengamos a un Don Johnston cansado de su vida mujeriega o de algún arrepentimiento pasado, es su presente el cual siembra la intriga sobre el futuro. Porque la existencia repentina de un hijo nos hace reflexionar y trae el pasado, no para acurrucarnos en él, si no para que nos ayude a descifrar lo que vendrá.

Broken Flowers

Lo que para algunos llamó la atención de esta película; el director, para mí fue una cuestión de personajes y actores. Es sencillo entenderlo para quienes se enamoraron de Bill Murray en Lost in Translation y tal vez esa misma emoción termina por cegarnos, a primera instancia, sobre la densidad de este filme. Definitivamente, el Bob de la Coppola no es el mismo Don de Jarmusch.

Entonces, si no es el personaje, ¿qué es? Acá viene el tema central de la película, el contexto alrededor de Don. No es que tengamos a un hombre cansado de su vida mujeriega o de algún arrepentimiento pasado, es el presente de Don lo que siembra la intriga sobre el futuro. Porque la existencia repentina de un hijo nos hace reflexionar y trae el pasado, no para acurrucarnos en él, si no para que nos ayude a descifrar lo que vendrá.

La misteriosa carta y, sobretodo, su tonalidad rosada se vuelve el icono de una interrogante común en las personas, “¿y qué tal si?”. Cómo preparar el presente para un futuro imaginario, “¿y si no fue así?”. Entonces hay que hacer algo, hay que ir tras lo que vendrá y para eso se tiene que mirar atrás.

Broken FlowersWinston aparece como el antípoda de Don, en carácter y en lo que representa su vida. El impulso que exige al inquieto personaje a ir en busca del condicional y volverlo certero. Las respuestas están ahí y las pistas también. La rosada búsqueda del hijo.

Es intrigante ver a este Don como el Don Juan que veía en la sala, antes de ser abandonado. No tiene la mirada ni la labia del típico mujeriego, más aún para tener como última pareja a una carismática Julie Delpy. Entonces se vuelve más curiosa aún la búsqueda conjunta del espectador por ver quien fue una mayor parte de su vida, y la muestra fue significativa. Cada mujer representa algo de la vida de Don y tal vez de su personalidad, desde la coqueta Laura hasta la frívola Dora, pasando por cada familia que pudo ser distinta con Don, otra vez el “¿y qué tal si?”.

Sólo queda volver a esperar el futuro si la búsqueda fue fallida, a pesar de la ansiedad de creer tenerlo cerca. Es el mérito del final. Todo continúa después.

Ana Karina Junes

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