El ilusionista (2006)

The Illusionist
Dir. Neil Burger | 110 min. | EE.UU. – República Checa

Interpretes: Edward Norton (Eisenheim), Paul Giamatti (Inspector Uhl), Jessica Biel (Sophie), Rufus Sewell (Príncipe Leopold), Eddie Marsan (Josef Fischer)

Estreno en Perú: 4 de enero de 2007

El arte de la ilusión, de hacer posible la entrada de las fantasías a nuestro mundo de concreta realidad se encuentra en la esencia misma del cine. Esta aventura romántica y misteriosa le encuentra su parentesco con el mundo de la magia el cual encandilaba a las audiencias en el preciso momento de su nacimiento. Eisenheim, el ilusionista del título, viene a representar la cabal idea de lo insólito. Sus actos deslumbrantes irrumpen (como las imágenes en movimiento) en la conservadora sociedad del antiguo imperio austro-húngaro para fascinarla (u horrorizarla) con las posibilidades más allá de las barreras de la física, la lógica, lo social y todo aquello que se antepone a la misma realización de los sueños más desbocados. Edward Norton interpreta a este héroe convertido a la causa de una verdadera rebelión en pos de conseguir su verdadera ilusión, grande o pequeña eso no lo sabemos.

Sorprende este film del americano Burger por su astucia, coherencia y lirismo. En primer lugar, nos encontramos ante un homenaje a esos personajes de la literatura del siglo XIX, soñadores en medio de los violentos cambios de la era moderna. La película es un cuento teñido con las galas de los artificios actuales de los que se vale el director para otorgarle una apariencia añeja, que a su vez incide miméticamente tanto en los primeros andares del cine como en la amarillenta apariencia de un edición muy antigua de alguna novela de la época, impresionante trabajo de Dick Pope (usualmente habituado a lo despojado del cine de Mike Leigh). Así es como somos testigos de la aparición del extraño protagonista ofreciendo lo que mejor conoce y sin ningún problema en hacer lucir la perfección del artificio. Todo visto a través de los ojos del inspector Uhl, personaje clave en su faceta de testigo, secreto admirador y posible perseguidor a la vez. Es aquí que se distancia notoriamente de esa otra historia de magos que fuera realizada casi paralelamente por Christopher Nolan en The Prestige.

La opción de Burger es la de la solidez de la tradición clásica, distinta a las pirotecnias narrativas de la otra película. Las únicas pirotecnias que se reserva es la de los inexplicables y relucientes actos con los que el “hechicero” seduce a su audiencia de adentro y afuera de la pantalla (que crece como el naranjo de una de ellas). Convertido en toda una estrella en la reluciente Viena habrá de dar inicio a un acto mayor e intrigante. Es el regreso a su vida del amor perdido (en las facciones de Jessica Biel) que lo llevará al enfrentamiento no tan disimulado con el príncipe Leopold (Rufus Sewell en permanente papel de villano). El director entonces se preocupa por hacer lucir la absoluta diferencia entre ambos. Acaso el pragmático y vulgar heredero sea la voz reaccionaria y más potente del orden establecido negándose a creer en lo que sucede en el escenario (también dentro y afuera), mientras que el ilusionista responde ante ello de la misma manera que siempre utilizó para sobrevivir en el mundo de jerarquías y destinos preestablecidos: con la convicción de lo maravilloso.

Rencores escondidos y desprecios disimulados que no tardarán en darse una mutua mirada de separación (de clases o eras) ante la noble espada Excalibur sirviendo de burla digna de Voltaire. Pero es sólo ante el mayor despojo que el héroe asume su esencia romántica para que la película se convierte en toda la crónica de una extraña revolución. El show de prestidigitación asume una causa mayor que el entretenimiento, nos presenta los rostros de fantasmas que representan a muchos más (en pos de un cambio). La fantasía toma la forma de la provocación más subversiva y en la cual el siempre fiel inspector Uhl se encontrará atrapado tanto como en sus propias contradicciones. El acto final de Eisenheim se limita a hundir todavía más en el misterio su figura e intenciones ya proscritas. El director Burger juega hábilmente entonces con la revelación, con los giros. Ahí donde The Prestige nos entregaba la visión pesadillesca de ellos como entrada, también, a una era de consecuencias a cada presentación y revelación de sus trucos, The Illusionist nunca delata su condición de juego o artificio.

La incertidumbre ante la convicción de su parafernalia nos ha mantenido en constante interrogante hasta el término de este acto elaboradísimo. Y en ello cuentan fundamentalmente Edward Norton y especialmente Paul Giamatti. La película transcurre en tensión creciente a causa de esa interacción entre el artista y su cancerbero que en determinado momento se asumen como miembros de la misma manada incapaz de realizar sus ilusiones sino es a través de los atajos que la maña les da. Habilidades que se juegan bajo el riesgo permanente de ser descubiertas para terminar con las respuestas más obvias y por ello las primeras en descartarse (alusión a otro gran romántico como Edgar Allan Poe). La sonrisa final y el aplauso contenido de Uhl es la reacción espontánea a esta pequeña victoria en la que descubrimos que la ilusión se ha cumplido nuevamente para los vítores de otro público, después de todo el asombroso Eisenheim resultó un hombre de ilusiones más cercanas acá que al más allá.

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9 comentarios

  1. 6 de febrero de 2007 at 1:05 — Responder

    Muy interesante película de Neil Burger (su segundo trabajo como director de largometrajes), que toma de partida, aunque bastante alterado, la narración corta “Eisenheim, el ilusionista”, de Steven Millhauser, ganador del prestigioso premio Pulitzer en 1997 con su novela “Martin Dressler”.
    Burger, al considerarlo más apropiado, ha cambiado la importancia de varios personajes principales, añadiendo el del príncipe heredero y su novia, la Baronesa Sophie Von Teschen. Desconozco, pero espero leerla algún día, cómo será la narración original, pero la película es entretenidísima y mantiene al espectador en vilo en todo momento.
    He leído (como siempre, después de ver la película) alguna crítica que la tacha de previsible y que todo se ve venir. Puede ser cierto…para quien lo haya escrito pero, aunque algo flota en el ambiente, la verdad es que resulta apasionante y misteriosa.
    Burger consigue un clímax de misterio e intriga, de gran fuerza evocadora y ensoñadora. Las situaciones están sabiamente dosificadas y todo, para mi gusto, claro, funciona a la perfección.
    La oscura y algo tenebrosa fotografía, envuelve a los personajes y sucesos en un halo donde el espectador se sumerge sin saber qué verá cuando la niebla del misterio se disipe.
    La ambientación es impecable, habiéndose rodado en las calles de Praga, aprovechando las preciosas edificaciones que allí saben conservar perfectamente.
    Por su parte, los intérpretes lo hacen muy bien, destacando personalmente a Paul Giamatti, pues en realidad es el personaje clave, al ser el narrador de la historia, los ojos de los espectadores. También está, como siempre, impecable Edward Norton, sin duda el mejor actor de su generación.
    En cuanto al, al parecer, tan controvertido final, pues decir que si te funciona, a las mil maravillas, si no, pues creerás que todo ha sido, quizás, una pérdida de tiempo. A mí me ha funcionado perfectamente, haciéndome pasar 105 minutos la mar de bien. ¿Que he caído como un chino, como se solía decir? (ahora no será políticamente correcto). Puede ser, pero nadie me quitará la sensación de haber contemplado, absolutamente obnubilado, una preciosa historia de amor envuelta en una intriga política, todo ello bajo la capa de los sueños, la ilusión, la realidad, y la magia.

  2. 6 de febrero de 2007 at 16:36 — Responder

    Vaya, hiba buscando un cinquecento y me encuentro con esta pagina y con una peliculo muy interesante, por lo menos para mi.
    Pero sigo pensando que la realidad supera a la ficcion.
    Gracias por el blog.

  3. […] cada una de sus apariciones en la pantalla grande. Desde la ochentera Laberinto, hasta la reciente El ilusionista, pasando por aquella memorable escena en Zoolander. Dicho esto, debo subrayar que “Modern […]

  4. […] El ilusionista:Recuerdo que en el cine me quejé con el encargado para que enfocara mejor la cinta en la pantalla, ¡ja!, estaba errado. Era un recurso para hacer ver los efectos de la película aún más impalpables. Parecía una película de los inicios del cine. Buen trabajo tanto de Giamatti como de Norton. […]

  5. […] de su película con el ilusionista Eisenheim, el director Neil Burger parece replantearse las posibilidades de su cine con The Lucky Ones, que […]

  6. […] la cabellera pintada y mucho que demostrar como actriz, la bella protagonista de películas como El ilusionista protagoniza este nueva realización de época inspirada en una pieza teatral de Sir Noel Coward. […]

  7. 18 de abril de 2011 at 20:34 — Responder

    […] quien no tiene en su haber nada especialmente remarcable aparte de la gótica y algo indigesta El ilusionista, de 2006, la más […]

  8. […] quien no tiene en su haber nada especialmente remarcable aparte de la gótica y algo indigesta El ilusionista, de 2006, la más […]

  9. 30 de junio de 2011 at 23:23 — Responder

    […] fantasioso de individualismo exacerbado –de algún modo en la línea de la “magia” de El ilusionista– en un New York pleno de estímulos inquietantes y oportunidades explosivas. Es la historia de […]

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El ilusionista (2006)