Michelangelo Antonioni: el cine como aventura

Michelangelo Antonioni

Con la partida de Antonioni nos deja el último de la triada -con Fellini y Visconti– de grandes maestros que hicieron universal al cine italiano, y quien fue además una de las figuras del llamado “cine de autor” europeo, que a partir de los años 50 innovó el séptimo arte aproximándolo a la modernidad y a nuevas formas de narración cinematográfica. De esos aportes (tiempos muertos, planos largos, ritmo moroso) se sirvió Antonioni en sus filmes para explorar en la soledad humana, la incomunicación y la inestabilidad de los sentimientos. Citamos sus reflexiones a manera de homenaje:

La búsqueda

Creo que si algo tienen en común unos directores de cine con otros es la costumbre de tener un ojo abierto hacia adentro de ellos y otro hacia afuera. En ciertos momentos las dos visiones se aproximan y se superponen como dos imágenes tratadas al fuego. Y este acuerdo entre ojo y cerebro, entre ojo e instinto, entre ojo y conciencia, es lo que hace nacer el impulso de hablar, de hacer ver.

Un director de cine no hace otra cosa que buscarse en sus películas, las cuales son documentos no de un pensamiento hecho, sino de un pensamiento que se hace.

La inspiración

Por muy fascinante que me pueda parecer, no soy capaz de aceptar en seguida una idea. La dejo allí, no pienso en ella, espero. Pasan los meses, los años. Debe permanecer a flote por sí sola en el mar de cosas que se acumulan viviendo; sólo entonces se hace una buena idea.

Las buenas ideas para las películas pueden también no ser las mismas que sirven en la vida. Si así fuese, el modo de vivir de un director de cine coincidiría con su modo de construir un film, y sus experiencias prácticas, con las intelectuales. Por muy autobiográfico que se pueda ser, siempre hay una intervención de nuestra imaginación que traduce y altera la materia. Y no digo nada nuevo.

La mirada

Michelangelo AntonioniYo creo que esos pequeños fallos, esos momentos vacíos, esos abortos de observación son, en conjunto, fructuosos. Cuando ponemos juntos un poco de todos ellos, no se sabe cómo, no se sabe por qué, surge una historia. El argumento de El grito me vino contemplando un muro.

Una historia puede nacer también de esta manera: observando el ambiente que después será el marco. En el cine es, a menudo, un método eficaz, porque permite conseguir más fácilmente una coherencia figurativa.

He aquí una ocupación que nunca me cansa: mirar. Me gustan casi todos los escenarios que veo: paisajes, personajes, situaciones. Por una parte es un peligro, pero por otra es una ventaja, porque consiente una fusión completa entre la vida y el trabajo, entre la realidad (o irrealidad) y el cine.

La imagen

Sabemos que bajo la imagen revelada hay otra más fiel a la realidad, y bajo ésta otra más, y de nuevo otra bajo esta última. Hasta la verdadera imagen de aquella realidad absoluta, misteriosa, que nadie verá jamás. O quizá hasta la descomposición de cualquier imagen, de cualquier realidad. El cine abstracto tendría, por consiguiente, su razón de ser.

Extractos del prólogo a los guiones de La noche, El eclipse y El desierto rojo
Alianza Editorial, Madrid 1970

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1 comentario

  1. 1 de agosto de 2007 at 15:12 — Responder

    el aventuro que sabia que el mar no tenia fin
    un genio. Una pena completa; tres en fila en una semana..
    no ha sido coincidencia

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