Festival de Lima 2007: El telón de azúcar, según Camila Guzmán

Camila Guzmán UrzúaHa sido uno de los mejores documentales vistos en este Festival que acaba de terminar. Camila Guzmán Urzúa (foto izq.) nos ofrece en El telón de azúcar su testimonio sincero, duro y entrañable de una generación, la suya, que creció en los años dorados de la Revolución Cubana. De lejos, es la mejor película rodada en y sobre la isla que hayamos visto en mucho tiempo. Aquí la directora nos cuenta cómo la hizo:

Quería recuperar el país de mi infancia. En el año 1999 me di cuenta que nadie la había hecho y dije bueno tome la decisión de hacerla. Pasé cinco meses en La Habana escribiendo el primer guión. Fui a filmar en el 2002 con una pequeña beca francesa que me permitió filmar y después regresé a Paris. Allá me gano la vida trabajando para otras películas y seguí durante dos años montando en mi tiempo libre la película en casa, por eso tardé tanto. La película participó en Cine en Construcción, que es un espacio realmente genial que creo cambió el destino de mi película. Y gracias al premio de Televisión Española, y a Manuel Pérez Estremera, invitado en el Festival de Lima a quien quiero mucho, por fin obtuve fondos para terminarla y pagar las deudas y el equipo. Hasta el día de hoy han pasado cinco años.

Para hacerla tuve el respaldo de la Escuela San Antonio de los Baños. Yo no estudie ahí pero les envié el proyecto antes de filmar. Como no tenía producción ni medios, no era un filme de la Escuela pero casi lo era, me pareció más pertinente aproximarme a la Escuela, y no al ICAIC, para empezar. La escuela y su director Julio García Espinosa decidieron acoger el proyecto, acogerme a mí y al equipo, que era una amiga y yo, y con ellos gestionamos todos los permisos de filmación que obtuvimos. El que más necesité fue el de las escuelas que autorizó el ministerio de Educación. Nunca me pidieron nada, mi cámara era chiquita, la percha no la sacamos mucho a veces porque no me gustaba. Prefiero filmar sin que la gente me mire, no por miedo a ser descubierta sino por mandar una cosa más discreta de filmación. Nunca me pararon, nunca me pidieron nada, la verdad filmé lo que quise.

Los que aparecen son todos mis amigos de infancia y adolescencia. De mi primera infancia, con la rubia de ojos azules y la mulata del principio, nos conocemos desde los cuatro años. Para mí son mi familia. Luego están mis primas y algunos de la escuela primaria, de la época de la secundaria y pre universitaria.

Creo que hay una idea muy polarizada de Cuba en prácticamente todas partes del mundo. He tenido la suerte de viajar a unos catorce festivales con la película a países muy diversos, y me sorprende todavía esta idea muy polarizada de un lado o de otro, las cosas no son así, son mucho más complejas. Tengo muchos amigos que me han dicho lo mismo. Cuando uno dice yo soy cubano te bombardean de preguntas inmediatamente. En Europa hay una idea más bien negativa que positiva. Cuando era más joven yo fui muy feliz, me dirán que estoy un poco loca, pero creo también que por eso necesitaba hacer esta película. Cuando me preguntan respondo mira la película, con lo que me ahorro mucho la explicación.

No conozco las cifras de cuánta gente de mi generación se ha ido de Cuba, pero en una ocasión un cubano me dijo que era la primera vez que veía un documental donde se sentía representado, eso ha sido para mí como un bonito regalo. La sociedad cubana no tiene clases sociales marcadas como las tienen aquí. Es difícil de entender pero vienen de barrios muy diferentes aunque las clases son mucho menos distantes allá, de estratos diferentes, o sea unos totalmente intelectuales, y otros que son obreros, como en mi barrio en las afueras de La Habana. Todos los barrios están muy mezclados en la película, pero no pretendo para nada ser la única voz que hay, esta es la mía, la nuestra y pueden haber muchas cosas.

Conozco mucha gente que sí quiere volver y construir, que después de vivir fuera, reconoce los valores que todavía hay en Cuba. Hay un gran deseo de preservarlos, aunque también tengo otros amigos que han construido su vida y su familia afuera y no creo que puedan regresar. Creo que varía mucho.

Cuba es casa, sin duda. Fidel es mucho más complejo, prefiero no resolverlo en una palabra. Hay ciertas cosas que yo hubiese hecho diferentes bueno no todo el mundo puede ser como uno. Hasta hace unos 25 años estaba totalmente convencida y bastante ciega. No me considero una ultra fidelista pero estoy más cerca del amor que del odio.

El corazón de mi película no cambió pero durante la filmación se presentan pequeñas cosas que caen y que uno va siguiendo. Por ejemplo, nunca pensé filmar en la colonia Tarará, hace 20 años que no iba por allá, en mi guión estaban muchos lugares del pasado pero no ese. Cuando la vi, fue uno de los momentos difíciles para filmar, no sabía que estaba haciendo allá en ese momento filmando mi escuela primaria con los niños bailando polca hoy. Tampoco estaba en el guión la entrevista a mi mamá. Finalmente me di cuenta que mi presencia en la película era inevitable, porque no intente escapar alguna vez.

El telón de azúcar

Un amigo de mi edad me contó que su padre y sus amigos, que pertenecían a la vieja generación que hizo la Revolución, decían siempre que en Cuba no había una cortina de hierro sino un telón de azúcar. Me pareció que el tema de la frase era genial y no me la pude despegar.

Nunca fue mi intención hacer un retrato detallado de la realidad, para lo cual hubiera tenido que ver muchas cosas que no están en la película. La idea era rescatar la infancia, lo poco que pasó con mi generación, y por eso no me choque con nada que no quisiera. Seguí el camino que quería hacer y filmé lo que yo sabía que existía y que querían que estuvieran en la película.

Hay muchas cosas que decíamos cuando éramos niños de las que no nos damos cuenta, que eran parte de nuestra realidad y que veías en tu normalidad. Cuando volví a Cuba a filmar me pareció un camino normal. Hace poco me preguntaban si no sentía que me hubieran obligado a decir cosas. Es como cuando haces la primera comunión, no tienes idea de lo estás haciendo, no me hizo daño a mi ni conozco a alguien a quien le hubieran hecho.

Me fui de Cuba porque mi papá (el documentalista Patricio Guzmán) me propuso trabajar. En ese momento no tenia vocación, estaba estudiando ingeniería civil porque tenia que estudiar algo, entonces mi papá nos propuso a mi y a mi hermana si queríamos aprender lo que era el cine, podríamos acompañarlo y ser asistentes de una película. Pedí un año de licencia en la universidad que por problemas tuvo que extenderse un año y medio. Cuando debía volver a finales de 1992, la crisis en Cuba se puso muy fuerte. En ese momento mis amigos me dijeron que no era el momento de volver, y me quede un poco esperando. Nunca tome una decisión conciente de irme, y cuando las cosas empezaron a recuperarse, y yo pensaba en volver, todos mis amigos empezaron a salir. Entonces de alguna manera yo soy un punto aparte.

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3 comentarios

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  3. Liliana Valdés
    8 de noviembre de 2011 at 11:55 — Responder

    felicidades ya yo hoy a mis cincuenta años , no sabia que existiéramos dos personas con el mismo deseo de contar lo que nos ocurrió en cada generación , muchas felicidades , y mañana aquí en paraguay voy a ver tu documental , éxitos

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