Soy leyenda I Am Legend
Dir. Francis Lawrence | 101 min. | USA.

Intérpretes: Will Smith (Robert Neville), Alice Braga (Anna), Charlie Tahan (Ethan), Salli Richardson (Zoe Neville), Willow Smith (Marley Neville).
Guión: Mark Protosevich y Akiva Goldsman, basado en la novela de Richard Matheson.
Edición: Wayne Wahrman.
Música: James Newton Howard.
Fotografía: Andrew Lesnie.

Estreno en Perú: 3 de enero de 2008

Tras una arriesgada visión sobre el cielo y los infiernos, Francis Lawrence se daba a conocer con la interesante Constantine, en 2005. Sin embargo, su debut en la dirección no produjo ni revueltas ni ovaciones, tampoco acaparó la atención de las masas. Fue más bien una experiencia ligera y sin gusto ni relevancia para la crítica. Muy por el contrario de lo que ha ocurrido con su segunda y reciente película, Soy leyenda (I Am Legend). Todo el mundo expectante, todos entusiasmados; si bien, porque se trataba de una adaptación imposible, maldita, arriesgada, o bien, porque simplemente tuviera la desfachatada pinta de un mero blockbuster. La típica película de muertos vivientes, como dirían por ahí. La película tiene tantos elementos buenos como malos, pero como lo mejor está al comienzo, y no al final, un leve sabor a decepción se hace presente tras su visionado.

Soy leyenda

Cuando aparecieron los tráilers y la publicidad pertinente de Soy leyenda, con Will Smith como Robert Neville, la gente volvió a creer en la historia de Richard Matheson, y en toda la elegante narrativa que encierra. Los ojos se posaron en la trama como nunca antes. Tanto que se olvidaron por ejemplo que la dirigía Francis Lawrence, alguien que, a primera vista, no tenía la experiencia suficiente. Incluso se llegó a obviar un importantísimo detalle del cual me percaté, y era la elección de Will Smith como protagonista.

Will Smith es un excelente actor, y su nominación al Oscar por su gran actuación en En busca de la felicidad (2006) manifestó su calidad interpretativa. Sin embargo, para hacer de Robert Neville debes cumplir con ciertos rasgos que Smith no reunía, como ser un tipo desgraciado o alguien a quien se le notara involuntariamente atormentado, como Charlton Heston en El último hombre… vivo. Smith tiene demasiado carisma, y esto le juega en contra. Las escenas donde debe demostrar el estado psicológico/emocional causado por la impuesta soledad que lo invade, más se aproximan a momentos humorísticos, de risa forzada, que dejan de lado la profunda reflexión sobre su propio aislamiento.

Pese a que la película no cumple con todas las expectativas posibles, cabe destacar que brinda momentos realmente bien filmados, tales como la primera parte de la historia donde se alcanza la mayor tensión cuando Neville se expone a la oscuridad, y el nerviosismo se mantiene a flor de piel sin perder el ritmo. El filme comienza de maravilla, exponiendo los detalles claves de la catástrofe al mismo tiempo que desarrolla el diario vivir del protagonista, con un acertado flashback incluido oportunamente.

Soy leyenda

El director emplea una dirección artística espléndida que se acentúa en la primera mitad del film. Sobre Manhattan se respira el ambiente despoblado y se exterioriza de manera audaz. Los colosales planos generales, la hierba creciente sobre las desoladas calles, y los desconcertados animales huyendo de un lado a otro desnudan, con cierto aire melancólico, a la bulliciosa ciudad estadounidense.

El problema se presenta en la segunda parte de la película, donde se afloja la simetría empleada al inicio, y la trama se deja conducir por la absoluta predictibilidad. En el momento en que Neville pierde las esperanzas se evidencia una ausencia de calidad que al inicio estuvo presente. Aquí aparecen los personajes de Anna (Alice Braga) y Ethan (Charlie Tahan), madre e hijo que se interponen en la vida del protagonista, otorgándole un giro casi espiritual y endeble a la historia.

Soy leyenda reduce bastante su grado de tensión en su segunda parte, cuando la interacción entre los infectados y los protagonistas se vuelve tópicamente imaginable, y cuando los efectos especiales no resultan tan monstruosos, creíbles y espeluznantes como al inicio. Resulta más inquietante la imposibilidad de conocer el origen exacto de los ruidos exteriores, que ver en pantalla a la criatura virtual como si hubiera salido de un videojuego de Playstation 2, detalle que puede ser muy atractivo, pero que uno no espera ver en una superproducción de estas magnitudes.

Soy leyenda

Soy leyenda no es una película mala, pese a sus errores. Sin embargo, lo que molesta en ella es la odiosa propensión a no arriesgar, a no ser más sorpresiva y atrevida. Se conduce por el camino más cómodo y menos original para cumplir con expectativas trazadas y convencionales. Con esto sólo consigue que el espectador pase un buen rato, pero eso es lo que justamente NO queríamos, cuando bien se pudo haber pasado el mejor de los ratos frente a la pantalla.