1408 (2007)

1408Dir. Mikael Håfström | 112 min. | EE.UU

Intérpretes: John Cusack (Mike Enslin), Samuel L. Jackson (Olin), Mary Mccormack (Lily Enslin), Kelly Clark (Katie Enslin), Tony Shaloub (Sam Farrell)

Estreno en Perú: 20 de diciembre de 2007

Si hay algo de lo que podemos estar seguros al ver esta película es que la sombra de Stephen King es más poderosa de lo que podríamos haber pensado. Esta adaptación no será de lo mejor o más ingenioso que se haya elaborado con la materia prima brindada por el autor pero no deja de llamar la atención su gusto por crear un clima insidioso a partir de elementos menos llamativos o sofisticados vistos últimamente en otras películas. El director sueco Mikael Håfström (ya decidido a hacer carrera en Hollywood) pareciera querer homenajear por instantes a El resplandor de Stanley Kubrick, pero sabe muy bien lo complicado que es remitirse a la estructura especial, de aparente vacuidad narrativa, de aquella película. Son riesgos que no se permite y 1408 se va articulando en base a sustos programados que irán convirtiendo el trance paranoico del protagonista en la exposición más común y corriente del género.

1408

Si hay algo de lo que podemos estar seguros al ver esta película es que la sombra de Stephen King es más poderosa de lo que podríamos haber pensado. Sus ficciones han transitado por todas y cada una de las variantes posibles del género de los sustos incluso las menos evidentes, aquellas que se desprenden de una fuente imperceptible e irracional. Las posibilidades de la invasión de un mundo de orden metafísico terminaban por contaminar a los personajes de manera tan implacable como la más monstruosa criatura surgida de nuestro mismo plano o dimensión. Esta adaptación no será de lo mejor o más ingenioso que se haya elaborado con la materia prima brindada por el autor, pero no deja de llamar la atención su gusto por crear un clima insidioso a partir de elementos menos llamativos o sofisticados de otros películas últimamente.

La trama es en verdad muy breve y simple si se puede resumir: Mike Enslin (uno de los muchos alter egos de King) es un escritor de libros sobre fenómenos paranormales pero totalmente descreído de esa carne de best sellers. De algún modo se encuentra cínicamente resignado a los juegos y coqueteos del mundo editorial y se dedica a bailar a su ritmo mientras intenta expiar sus intentos pasados por ser un literato en serio entre tantos otro proyectos. Como una especie de limbo para meditar o ceremonia de expiación, se desarrollará la trama casi en su totalidad dentro de la habitación de un hotel tocada por un maleficio y al que con incredulidad Enslin acudirá en pos de otro pequeño reto en su carrera.

14081408 entonces se desenvuelve como la personal batalla del creador y sus demonios manifestados en lo más inocuo (¿que tanto de mortífero o tan siquiera bizarro puede tener el cuarto de un hotel cinco estrellas?). Dimensiones que eran exploradas también en The Shining acaso la más aplaudida adaptación del tortuoso universo de King a la pantalla. Pero aquí ese combate o terapia no admite sugerencia o las incógnitas sin resolverse. Las posibilidades limitadas de 1408 se dejan sentir casi desde el inicio que a pesar de todo acierta en presentarnos al personaje dentro de un ambiente de lo más cotidiano (aunque lo reciban truenos y lluvias como es la costumbre). El director sueco Mikael Håfström (ya decidido a hacer carrera en Hollywood) pareciera querer homenajear por instantes a la cinta de Stanley Kubrick pero sabe muy bien lo complicado que es remitirse a la estructura especial, de aparente vacuidad narrativa, de aquella película. Son riesgos que no se permite y la película se va articulando en base a sustos programados que irán convirtiendo el trance paranoico del protagonista en la exposición más común y corriente del género, especialmente a esas seudo originales fantasías al estilo de Final Destination.

Afortunadamente la trama ya reducida a juego es bastante llevadera a pesar de la falta de ideas que terminan redundando en la sola idea de la desesperación que comienza a atacar al paciente de turno y que a su vez obligan al sobrenatural terapista a asumir métodos mucho más drásticos que solo unos saltos y ruidos (que incluso lo delatan como fan de los insufribles The Carpenters). En buena hora es John Cusack y no cualquier rostro intercambiable el que sostiene la rutina que podría haberse derrumbado más rápido de lo previsto. No deja de transmitirnos esa idea masoquista del propio King dando a conocer sus posibles frustraciones como escritor que estallan en determinado momento, convertido tal vez en víctima de su propio éxito (encerrado voluntariamente en su habitación o maleficio número 1408).

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Pero gran parte de esa lectura se pierde en una suerte de espectáculo en miniatura de las aventuras de Indiana Jones o similares, donde los muros estallan, los espacios se incendian y los fantasmas se personifican tal como el manual del terror nunca escrito pero harto memorizado. Tal vez el argumento hubiese resultado más efectivo con un metraje más reducido y en un formato más cercano a la televisión, apariencia a la que más se aproxima este ejercicio que en idea no deja de ser apasionante (como fabulador a King no se le puede subestimar) a pesar de las consabidas explicaciones que se sueltan a lo largo del film y que giran alrededor del gerente del hotel (Samuel Jackson en papel lejano a sus grandes posibilidades) y el personaje de la esposa (interpretada por la talentosa y desperdiciada Mary McCormack) hasta el endeble desenlace.

Era un empeño difícil el restringir el espectáculo del miedo a estado de cuarentena pero podemos quedarnos con ese sabor malévolo que contamina hasta lo más diáfano. La rebelión de las fuerzas de la racionalidad ante el contacto de lo extraordinario negado hasta con el último suspiro. Trama que más bien hubiera requerido de sutilezas como la brisa escalofriante tras la nuca. Pero fuera del desconcertado rostro del protagonista no encontramos algo más cercano a esas sensaciones.

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