El extraño (o El extranjero), debe ser la película que los admiradores de Orson Welles, menos mencionan. Las razones pueden saltar a la vista rápidamente. Se trata de su filme, si se quiere, más clásico, menos acrobático, menos vistoso. Mucho de ello se debe sin duda a que en ese momento (1946), el conflictivo cineasta ya se encontraba atravesando los mil y un accidentes con la industria que se sucedieron luego del milagroso, y artísticamente libre, rodaje de Ciudadano Kane.

Pues lo cierto es que las señas y evidencias de su barroco estilo no fueron un límite para su genio. El extraño es una película formidable (como todas las suyas). Se trata de un filme de suspenso articulado pero atípico y reconociblemente wellesiano, que encierra una intriga más grande que la vida misma, el absoluto vacío y pretensiones de la existencia. Todas las obsesiones del autor resumidas en un argumento perfecto para el momento. Ahí vemos la investigación que emprende Mr. Wilson para dar caza a uno de los líderes de la Alemania nazi, al cual se cree aún vivo y oculto en algunas parte de Estados Unidos. Es ahí donde entra en escena el profesor Rankin, sobre quien apuntan todas las pesquisas, todo un hombre de bien en la pequeña ciudad de Harper.

Ese costado siniestro, oscuro, destila por todos los costados de esta realización hecha con garra y precisión y en la cual podemos destacar al reparto encabezado por los grandes Edward G. Robinson y el propio Welles, además de la bella Loretta Young en papel-representación de la gran opinion pública dividida entre el temor y el deber.