Angel-A (2005)

angel-a-posterDir. Luc Besson | 90 min. | B/N | Francia

Intérpretes: Jamel Debbouze (André), Rie Rasmussen (Angel-A), Gilbert Melki (Franck), Serge Riaboukine (Pedro), Akim Chir (Le chef des malfrats), Eric Balliet (Garde du corps Franck), Loïc Pora (Le malfrat 2), Venus Boone (La madre de Angela)

Estreno en el Perú: 14 de agosto de 2008

El paréntesis de seis años sin dirigir debe haber atrofiado la habilidad narrativa de Besson, porque Angel–A se ubica entre lo más bajo que le hemos visto, en parte porque recrea una obra maestra de Frank Capra que no soporta relecturas de escasa fuerza expresiva: ¡Qué bello es vivir!, del que ha quedado la anécdota básica, el blanco y negro y algunos detalles, en un guión repetitivo y sin inspiración, que narra las peripecias de André, un hombre acorralado por las deudas a peligrosos acreedores y por su propia inseguridad, repentinamente asistido por un ángel femenino de espigada figura.

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Angel–A (2005) cierra una etapa en la carrera de Luc Besson. El filmmaker francés anunció en su momento que este filme marcaba su despedida del cine de autor para dedicarse de lleno a las tareas de producción y guión, que cobraron mayor importancia en su trabajo desde mediados de los 90, cuando ya estaba consagrado como uno de los directores que sostenía una mirada particular y cierta sofisticación sin perder el contacto con el público y la pertenencia a la industria. Por ejemplo, en ese nuevo rol ha emprendido la saga de El transportador, cuyo tercer episodio está por estrenarse.

Desde principios de los 80, Besson practicó un eficiente cine de acción, con minucioso diseño de producción, look moderno, solventes actuaciones y sólidos personajes solitarios y atormentados ganados a menudo por la violencia, que le permitió un rápido acceso a Hollywood. Su filmografía esencial como realizador consta de diez largos, nueve ficciones y un documental, entre los que destacan Subway (1985), Azul profundo (1988), Nikita (1990), y principalmente El profesional (1994, estrenada en el Perú como El perfecto asesino), su mejor obra. Luego llegaría la debacle con El quinto elemento (1997) y La pasión de Juana de Arco (1999).

El paréntesis de seis años sin dirigir debe haber atrofiado la habilidad narrativa de Besson, porque Angel–A se ubica entre lo más bajo que le hemos visto. En parte porque recrea una obra maestra de Frank Capra que no soporta relecturas de escasa fuerza expresiva: ¡Qué bello es vivir!, en el que James Stewart era el maduro empresario de una pequeña localidad norteamericana que tentaba el suicidio cuando se veía frente a un grave problema económico. Del clásico de 1946 sólo ha quedado la anécdota básica, el blanco y negro y algunos detalles, cuyos aportes a la puesta en escena se disuelven en la letanía de un guión repetitivo y sin inspiración, sobre un hombre acorralado por las deudas a peligrosos acreedores y su propia inseguridad, repentinamente asistido por un ángel femenino de espigada figura.

angel-a-2Besson copia por instantes al filme de Capra. André se presenta a sí mismo en una primera escena congelada, haciendo un breve resumen de su errática existencia y a punto de una paliza (en vez del diálogo en las alturas con el que Clarence conocía a su objetivo a través de una imagen fija). Luego, la enviada se lanza al río segundos antes de que él lo haga, empezando a darle utilidad a su vida (recuerden a Stewart tirándose al agua para rescatar al aparente anciano), y más tarde llegan la confesión de su origen, la incredulidad y el premio de las alas. Pero no es suficiente. La relación entre André y Angela nunca gana complejidad, se mantiene en el plano elemental de creación de problemas por un lado y la solución previsible por el otro, discusión neurótica y falsamente existencial mediante. La dupla que componen el francés de origen marroquí Jamel Debbouze, y la danesa –también cortometrajista– Rie Rasmussen, está condenada a conservar un solo tono prácticamente durante todo el relato, y los personajes secundarios únicamente aparecen para hacer amenazas de muerte o caer en el influjo de la extraña fémina.

De este modo, el mayor peso en esta etapa de Besson lo constituye la increíble veintena de proyectos en los que está involucrado como productor y/o guionista para el periodo 2008–2009, habiendo dirigido además Arthur y los Minimoys, largo de animación y acción real estrenado en 2006.

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1 comentario

  1. Alberto_
    9 de septiembre de 2008 at 12:57 — Responder

    Buena critica, creo que la pelicula tiene sus buenos momentos pero cae en dialogos infantiles muy malos. Ahora creo que si su intencio solo fue retratar a Paris, por lo menos eso lo realizo de manera eficiente, la ciudad se ve muy bella con pantalla blanca y negra.

    Ahora tengo una sola queja, poruqe colocan la critica de una pelicula que ya salio de cartelera, hubiera sido mejor pnerla antes para los que deseaban verla.

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