Slumdog MillionaireDir. Danny Boyle | 120 min. | Reino Unido – EE.UU.

Intérpretes: Dev Patel (Jamal Malik), Anil Kapoor (Prem Kumar), Saurabh Shukla (Sargento Srinivas), Rajendranath Zutshi (Director), Jeneva Talwar (Vision Mixer), Freida Pinto (Latika), Irrfan Khan (Inspector de policía), Azharuddin Mohammed Ismail (Salim joven), Ayush Mahesh Khedekar (Jamal joven), Sunil Kumar Agrawal (Señor Chi)

Estreno en Perú: 19 de febrero de 2009

Es curioso que con esta fórmula tan primaria y escapista, un buen equipo consiga crear una obra de arte. El director británico Danny Boyle y el guionista Simon Beaufoy lo consiguen con Slumdog Millonaire, una película que tiene demasiados motivos para ser considerada no sólo efectiva y bien lograda, sino propositiva y relevante.

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Bollywood para todos los gustos

En lo personal, entiendo el cine industrial como una modalidad para mantener los altos costos del entretenimiento, que a su vez aplacan las exigencias de “pan en vez de circo”. Para eso se necesita no un circo, sino un Magnífico Circo. Para continuar el negocio, la clave para un cine sostenible es mantener ciertos aspectos que aseguren butacas: romance, acción y suspenso. Pero con estos elementos básicos la ecuación puede dar diversos resultados. Tal es así que el cine de Wilder, Hitchcock, Kubrick, Scott, Eastwood, los hermanos Coen, entre otros, pueden elaborar obras de arte no sólo dentro del sistema industrial, sino de forma independiente, pero con fórmulas que caracterizan a las películas de estudio y de productor.

En países con desigualdades socio económicas tan marcadas, así como también carentes de un respaldo de “universalidad” de su cultura, como Brasil, Hong Kong, Nigeria, El Congo, y sobre todo la India, las industrias cinematográficas poseen una fuerza particular; políticas favorables para la producción y distribución nacional. Pero la relación con la hegemónica industria de Hollywood es inevitable. En la India tenemos a Bollywood, que se caracteriza por una fórmula que desarrolló por lo antes mencionado. Se basa en mostrar las epopeyas personales en busca de la realización amorosa. Las peripecias de los amantes para estar juntos, luchando contra todo tipo de peligros (familia, religión, mafias, etc.) para luego recompensar al espectador, que ha acompañado atentamente a los protagonistas en sus vicisitudes, con finales felices; llenos de música, baile, celebración y loas al amor eterno.

Es curioso que con esta fórmula tan primaria y escapista, un buen equipo consiga crear una obra de arte. El director británico Danny Boyle y el guionista Simon Beaufoy lo consiguen con Slumdog Millonaire, una película que tiene demasiados motivos para ser considerada no sólo efectiva y bien lograda, sino propositiva y relevante. Es también la primera retribución importante de Bollywood a un Hollywood (más allá de Quiero ser como Beckham) cada vez con menos frescura.

Slumdog Millionaire 2Somos parte de una admiración e identificación con Jamal Malik, el “héroe” de la película, tal como lo hacen los millones de hindúes que siguen su ascenso en el programa televisivo ¿Quién quiere ser Millonario?, que es la excusa para narrarnos su historia, pues no sólo aprobamos su conducta leal y bondadosa (aunque con ciertas cuotas de pillaje picaresco, justificado por su paupérrima condición) sino que esperamos ansiosos el resultado de sus hazañas para encontrar a su eterno amor Latika. Sí, nos convertimos en la ama de casa de ojos vidriosos que vive al pendiente de cada episodio de esta lacrimógena historia. La culpa es de Boyle y Beaufoy.

La historia proviene de la adaptación del Libro Q and A de Vikas Swarup, que son 12 relatos inconexos sobre el sub-mundo de Mumbai. A partir de ahí, Beaufoy, responsable del guión de Full Monty (una de las películas favoritas de Boyle, y motivo por el cual este acepta dirigir el proyecto), construye una sólida narración, que a base de flashbacks mostrando el porqué Jamal conoce cada respuesta del famoso programa televisivo.

Al inicio del film uno se encuentra con fétidas situaciones, marcas del cine de Boyle (ese baño fecal es Trainspotting puro), persecuciones policiales y gangster; situaciones que varían de género, según se desarrolla la historia. Son homenaje a Deewaar (1975), Satya (1998), Compañía (2002) y Viernes Negro (2004) películas hindúes de buena acogida, y recogidas por los realizadores británicos como referencias culturales, en las que también participaron algunos miembros del reparto como Saurabh Shukla y Amitabh Bachchan.

Las ideas centrales del film son más que evidentes: la persistencia del bondadoso y siempre inocente Jamal, la redención del maligno Salim, su hermano, la resignación de Latika, la heroína de la historia, cuya belleza es promotora de prisiones de todo tipo, de las que tiene que rescatarla su eterno amante platónico. De todas esas convenciones, la más melodramática es la del cuento de hadas del joven mendigo que se convierte en millonario.

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Pero a pesar de esto, lo que hace que Slumdog Millonaire sea una película diferente dentro de los parámetros de su género y formato, es el tratamiento realista que busca el director. No confunde conmiseración con miserabilísmo. No posee las sobreactuaciones, ni las impertinentes explicaciones musicales (aunque sólo aparece una al final de la película, para homenajear a la cultura que retrata), No impone una visión, ni imparte una lección moral o social; muestra una historia bien contextualizada, con una pobreza y abuso infantil que comprendemos, porque es un mal conocido y repetido con sus respectivos matices en el mundo. Muestra también el drama de sobrevivir, con el riesgo que conlleva cada alternativa en una situación desesperante en la Mumbay emergente, lleno de favelas, mafias, delincuencia, intolerancia religiosa, y una desigualdad socio económica a paso de transeúnte.

Pero sobre todo muestra una historia de amor limpia. A Jamal no le interesa ni el dinero, ni la fama alcanzada por su participación en el programa, sólo le importa Latika, y su amor por ella está basado en una de las recurrencias más desgastadas del cine, y mucho más el hindú: “amarte es mi destino”. Con ello los realizadores han conseguido que nos conmovamos ante la versatilidad de la narrativa, la buena interpretación, nos deleitemos ante la perfecta fotografía (a pesar de grabar en muchas ocasiones en formato digital), y creamos que aún es posible realizar ese sueño loco que tiene la fuerza de la determinación y la predestinación: El amor.