Enrique Congrains (1932 – 2009): Junto al cielo y en el infierno

enrique-congrainsLa obra del escritor peruano Enrique Congrains fue breve y mucho menos vistosa que la de otros contemporáneos suyos de la llamada Generación del 50, aquella donde se gestó la narrativa interesada en el ambiente urbano, específicamente aquél que se encontraba en plena y caótica expansión. Pero se deja apreciar en ella varios puntos de interés, además de testimonios de una época de cambios que se sigue viviendo hasta ahora. Eso quedó reflejado en sus dos más conocidas obras.

Una fue su colección de relatos cortos “Lima, hora cero”, una sucesión de retratos de tristeza y desengaño protagonizados por integrantes de esa nueva sociedad. Soñadores que andaban en la periferia, tan lejos y tan cerca del mundo que hacía su fantasía, propia o ajena, como le ocurría al protagonista de “El niño de junto al cielo”, ese cuento que sin duda muchos treintañeros recuerdan como lectura colegial imperdible:

¿Eso era Lima. Lima. Lima…? La palabra le sonaba a hueco. Recordó: su tío le había dicho que Lima era una ciudad grande, tan grande que en ella vivían un millón de personas. ¿La bestia con un millón de cabezas? Esteban había soñado hacía unos días. Antes del viaje, en eso: una bestia con un millón de cabezas, y ahora él con cada paso que daba iba internándose dentro de la bestia. (…) Desde hacía meses, cuando se enteró de la decisión de su tío de venir a radicarse a Lima, venía averiguando cosas de la ciudad. Fue así como supo que Lima era muy grande, demasiado grande, tal vez; que había un sitio que se llamaba Callao y que ahí llegaban buques de otros países; que había lugares muy bonitos, tiendas enormes, calles larguísimas… ¡Lima…! Su tío había salido dos meses antes que ellos con el propósito de conseguir casa. Una casa. ¿En qué sitio será? le había preguntado a su madre. Ella tampoco sabía. Los días corrieron y después de muchas semanas llegó la carta que ordenaba partir. ¡Lima…! ¿El cerro del Agustino. Esteban? Pero él no lo llamaba así. Ese lugar tenía otro nombre. La choza que su tío había levantado quedaba en el barrio de Junto al Cielo. Y Esteban era el único que lo sabía.

La segunda obra es por la que lo estamos mencionando en este blog de cine, la que significó su aporte al cine. Si, lo tuvo. Si hay algo que se ha distinguido en la franja más “amplia” de la producción peruana, ha sido el interés que varios de los más destacados realizadores desarrollaron sobre la extraña y cotidiana realidad de la gran ciudad. Aquél lugar donde lo bueno y lo malo se combina en sucesión indistinguible. Algunos retratos fueron más o menos genéricos y otros un poco más naturalistas. Dentro de este estilo sigue destacando el trabajo de Francisco J. Lombardi que hizo una de sus primeras y más conocidas películas, basándose en el que tal vez sea el mejor trabajo de Congrains: “No una, sino muchas muertes”.

Maruja en el infierno era un intento de no pocas pretensiones que resultó en una cinta insólita e irregular. Una suerte de retrato miserabilista que por tramos se desentendía de la tónica realista, para convertirse en una especie de teatro de espectros. En medio de ciertos aires expresionistas, la protagonista (Elena Romero) se convertía en un ángel que protegía y seducía al único caballero que asomaba en su mundo cuasi-medieval (Pablo Serra). Tal vez no sea la opción que quede mejor parada, eso sí, tomamos en cuenta ciertos toques costumbristas que sí estaban con los dos pies en la realidad y picardía criolla (gracias al recordado Julio Vega):

¡Pura técnica compare!

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1 comentario

  1. 12 de julio de 2009 at 17:12 — Responder

    Bueno, en realidad “No una, sino muchas muertes”, fue el último libro de narración, y su primera novela, que Enrique Congrains escribiera para la década del 50. Después de “Lima, hora cero”, vendría “Kikuyo”, y luego, un relato suelto llamado “Domingo en la jaula de esteras”. “No una…” es el libro con el que se despide de la narrativa peruana (hasta volver a aparecer con “Narrador de historias”, en 2007). Descansa en paz, Enrique Congrains.

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