Festival de Lima 2009: Ernesto Sábato, mi padre

Este es un documental (Argentina, 2008) sobre el escritor argentino Ernesto Sábato, realizado por su propio hijo, Mario Sábato. Tiene la ventaja de que el autor del documental es también un cineasta, y que tanto él como su padre y su familia mantuvieron un registro fílmico de gran parte de la vida del autor de El túnel. Es más, incluso Mario Sábato ya había producido anteriormente un primer documental en blanco y negro, algunos fragmentos del cual aparecen en esta cinta. Comprende materiales rodados en 8 mm, fotografías, videos y filmes realizados de 1962 a 2008. La estructura de la obra es fragmentaria y consta de numerosas partes, algunas muy breves y otros con mayor duración; y, en la mayoría de casos, están punteados por fragmentos de piezas de Bach. Desde el punto de vista del contenido, se trata de un documental familiar casero, ampliado hasta llegar a cubrir las etapas básicas de una biografía. El énfasis principal está puesto en su vida familiar y, en particular, en momentos privados registrados por la cámara y antes nunca exhibidos.

El filme no profundiza en los aspectos del quehacer literario del escritor ni tampoco en los políticos (en particular, el Informe de la Comisión Nacional de Detenidos y Desaparecidos, entidad que presidió tras la caída de la dictadura militar); los cuales son tocados sólo de paso y con fines informativos. En el primer caso hay una notable y algo extensa exposición casi al inicio del documental sobre qué es la literatura y qué función cumplen los escritores en una sociedad. En el segundo hay declaraciones más bien formales y laudatorias del ex presidente Raúl Alfonsín y de otra integrante de dicha Comisión. Fuera de esto, hay pocas acotaciones adicionales y dispersas sobre asuntos políticos o literarios. Sin embargo, tiene interés la intrusión en el documental de fragmentos de la adaptación cinematográfica de la extraordinaria novela Sobre héroes y tumbas, además de la presencia del actor que hace el papel protagonista de dicha película; el cual –asumiendo el rol de su personaje– dialoga como tal con el autor de la novela. Estas combinaciones de ficción y realidad son válidas para ilustrar el pensamiento de Sábato sobre esta novela en particular. Por otro lado, El túnel es nombrada creo que una sola vez, lo mismo que Abbadón el Exterminador.

En cuanto al componente familiar-biográfico hay que decir que hay fuertes desniveles en cuanto a información ofrecida; así como en cuanto a material testimonial. Buena parte de documental son declaraciones nostálgicas de Sábato respecto de los lugares donde nació, vivió y estudió. Declaraciones que muchas veces son comentarios resignados sobre cuánto lo emocionaba volver a esos lugares. Y nada más. Casi en el 80% de sus intervenciones el escritor se muestra melancólico, triste y hasta deprimido; y ése es el tono general del documental. De hecho, él mismo afirma que es una persona depresiva. Sin embargo, testimonios de los nietos nos indican que era un tipo sanguíneo, que vociferaba contra los otros choferes mientras manejaba su carro, considerándose un gran conductor. Igualmente, refiriéndose a su severísimo padre, dice que siempre le tuvo mucho miedo; sin embargo, nunca sabemos exactamente por qué, ni el escritor habla mucho más sobre lo que pareció ser una relación personal muy conflictiva. En cuanto a sus tíos, también afirma Sábato que tenían caracteres muy diversos, que eran muy simpáticos, llegando a soltar algunas anécdotas divertidas; pero, nuevamente, tampoco abunda sobre esos aspectos más alegres de su existencia. Quedan, pues, sin abordar, aspectos mayores y menores de su vida; que, sin embargo, se enuncian en la cinta. O quizás que este filme sólo trata de esta parte melancólica del escritor y no de sus rasgos explosivos…

Hay algunos momentos de humor, y además, una serie de datos y testimonios que muestran que tanto Sábato como su familia eran personas muy vitales, llenas de contradicciones emocionales y políticas. Sin embargo, eso sólo aparece como información, porque la mayor parte de los testimonios –como lo indicamos más arriba–tienden más a una mirada nostálgica y melancólica sobre la vida del gran escritor. Las partes más hermosas y simpáticas, curiosamente, no están por el lado del personaje sino de su hijo –vagamente parecido a Robert De Niro–, que aparece ocasionalmente narrando determinadas circunstancias y de algún otro personaje adicional que testimonia sobre el escritor. Hay momentos enternecedores, como por ejemplo la entrevista a los dos obispos que presidieron el matrimonio religioso del protagonista con su compañera de toda la vida, Matilde, ambos ya muy avanzados en años. O los testimonios de sus nietas, donde aparece un Sábato más de carne y hueso, y no ese especie de fantasma que recorre esas viejas locaciones suburbanas –Santos Lugares–, cercanas a Buenos Aires, donde vivió.

Esto nos conduce a otro aporte interesante del documental: las locaciones. Y, centralmente, la casa familiar, las habitaciones donde realizó sus obras, donde –ante sus problemas con la vista– debió abandonar la escritura para dedicarse a la pintura; la habitación donde agonizó suavemente su esposa durante dos años y los alrededores de la casona familiar (que, originalmente, había sido un estudio de cine). La relación entre las diversas filmaciones del escritor en esos ambientes y la presencia del hijo en los mismos como presentador, testigo o comentarista ilustra los mecanismos de la memoria y refuerza el carácter otoñal del documental. Pero lo que le confiere una mayor unidad son los constantes paseos del escritor por las calles aledañas a su casa, por el instituto donde estudió, se doctoró y enseñó física durante años, por el local sindical donde pidió ser velado, por los campos cercanos. Todos esos lugares siguen teniendo su aire antiguo, vetusto, como si el tiempo se hubiera detenido en ellos; lo cual da una sensación nostálgica, pero también de permanencia y eternidad. Este entorno material es quizás la gran constante visual y lo que da cierta unidad al documental, pese a los desniveles.

Las últimas imágenes muestran a un apacible anciano de 98 años, rodeado de sus hijos, nietos y bisnietos; incapaz de apagar las velas de la torta de cumpleaños.

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2 comentarios

  1. 8 de agosto de 2009 at 10:59 — Responder

    Información Bitacoras.com…

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