Zombieland
Dir: Ruben Fleischer | 88 min. | EEUU

Intérpretes: Woody Harrelson (Tallahassee), Jesse Eisenberg (Columbus), Emma Stone (Wichita), Abigail Breslin (Little Rock), Amber Heard (406), Derek Graf (Payaso zombie), Bill Murray

Estreno en Perú: 1 de enero de 2010

Tierra de zombies es la enésima revisión del subgénero de paranoias sobre las invasiones de seres de voracidad descontrolada y carreras en pos del escaso alimento para cuando dan inicio todas estas aventuras. En ese mundo tributario de la estética de la serie B, se escenifica un nuevo periplo westerniano: el héroe solitario comienza descubrir que no se encuentra solo en el mundo, a pesar de que el nuevo sistema o civilización, lo ha empujado más allá de sus confines, como un paria destinado a la extinción.

Tierra de zombies es la enésima revisión del subgénero de paranoias sobre las invasiones de seres de voracidad descontrolada y carreras en pos del escaso alimento para cuando dan inicio todas estas aventuras. En estos tiempos de reciclaje se ha hecho costumbre ver el regreso de estas hordas alienadas con bastante más frecuencia que cuando el veterano George A. Romero aparecía como figura casi solitaria, tratando de explotar al máximo el tipo de historias que lo llevaron a la fama. Pero aquella obra, de donde se extraían metáforas sociopolíticas, poco tiene que ver con la revisión que practican sus innumerables admiradores y en este grupo se incluye esta cinta debut del director Ruben Fleischer, a pesar de quiere ser una mirada autoconsciente a la especialidad, como antes lo fue Scream para el cine de terror y suspenso en general.

De hecho este último aspecto no deja de ser bastante divertido, al menos en la primera parte, cuando el ignoto Columbus (Jesse Eisenberg) nos da a conocer su manual de instrucciones para sobrellevar la guerra con los muertos en vida, que lo han convertido en protagonista de un juego de video y en un émulo nerd de Parker Lewis, todo al mismo tiempo. En ese mundo tributario de la estética de la serie B, se escenifica un nuevo periplo westerniano: el héroe solitario comienza descubrir que no se encuentra solo en el mundo, a pesar de que el nuevo sistema o civilización, lo ha empujado más allá de sus confines, como un paria destinado a la extinción. Pero el director se revela bastante hábil, al menos en este comienzo, como para plantearnos lo visto muchas veces y aún dejarnos intrigados con ocurrencias como esa aparición de Tallahassee (Woody Harrelson) posando a lo Clint Eastwood en los filmes de Leone, o el dúo de hermanas tramposas Wichita y Little Rock. Una círculo de representantes de la diversidad nacional y que parece que cargaran con una responsabilidad comunitaria como los hombres-libro de Fahrenheit 451

Pero a pesar de su acertado sentido del humor, tampoco llega a ser el relato de acción intensa que pretende en la parte final, al menos no con la precisión o irreverencia que tuvo ese otro pastiche titulado Shaun of the Dead. En Tierra de zombies todo está hecho para no sobrepasar un tono amable, a pesar de que hay un considerable despliegue de sangre como en cualquiera de las virulentas extensiones de esta invasión como en 28 Days Later o [REC] (cuya innecesaria secuela también se encuentra en cartelera). Es que a pesar de las buenas ideas se nota el interés por hacer una película a la medida de la industria que la bendijo rápidamente con una buena distribución. Ni los villanos son tan aterradores o numerosos (salvo en el mencionado desenlace), y ni los mismos protagonistas parecen vivir con el temor que ocasionaría un escenario como este en otros sobrevivientes como el Robert Neville de Soy leyenda, por poner un ejemplo reciente, o incluso el mismo Mad Max. Lo que aparentan en cambio es que son estereotipos del “turista estadounidense”, ese que nos muestra a personajes relajados y de cierta arrogancia. Los cuatro camaradas de esta película no parecen sufrir con las contingencias porque se encuentran muy bien preparados por la televisión, las caricaturas, los comics, las películas, y todo lo que implica la atomización postmoderna. El mejor ejemplo de ello es la estadía en la casa de Bill Murray, el momento más desfachatado y risueño de la función.